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martes, 27 de octubre de 2015

¡NO MÁS ABRAZOS CON VIOLENCIA! : 18 fotografías que revelan posesión y dominación





Muchas veces, un abrazo, una mirada, una actitud, una palabra suelen confundirse con muestras de amor, cuando en realidad son señales de posesión, de dominación, de control, de sometimiento.... Debemos estar muy alertas a cualquier señal, por sutil que sea, pues recordemos que la violencia comienza con signos que pueden pasar desapercibidos o que consideramos normales, pero con el tiempo avanzarán y podrían convertirse en actos realmente peligrosos. Y para muestra comparto parte de mi experiencia.....

Es innegable que aún, en este siglo, persistan los casos de violencia machista. Como sociedad, no hemos podido disminuir y, mucho menos, erradicar ningún tipo de violencia en ninguna de sus manifestaciones. No hemos podido eliminar estereotipos, ideas sexistas ni mitos. Tampoco han desaparecido la discriminación ni la impunidad. Todavía subsiste la idea de la supremacía de lo masculino sobre lo femenino, así como la concepción patriarcal de posesión y control respecto de las mujeres.

Dicen que una imagen vale más que 1000 palabras… y lo confirmo con asombro. 

Hace algunos días decidí poner en orden algunos documentos personales y, junto con ellos, una gran colección de fotografías familiares que se fueron almacenando desde mucho, pero mucho tiempo atrás. 


Son fotografías, básicamente familiares, desde mi adolescencia hasta hace casi 2 o 3 años, pues ahora con los avances tecnológicos, ya no es necesario revelarlas o imprimirlas, simplemente se guardan en memorias USB o de otro tipo, lo cual nos ahorra espacio y tiempo.


Pero como años atrás no existían smartphones ni aplicaciones,  mi archivo personal de fotografías en papel se hizo bastante extenso. 

Debido al número incalculable de fotografías que tenía acumulado y también a la enorme cantidad de recuerdos que cada una de ellas representa en cada etapa, no me atrevía a ordenarlas en cajas destinadas para ello. Simplemente las tenía regadas por todos lados… hasta que me decidí arreglar ese desorden.


Obviamente, muchos de los momentos que se pueden apreciar en muchas de esas imágenes, los tenia presentes, otros no. Al verlas, pude hacer un recorrido mental y emocional de cada etapa, de cada instante, de cada persona... y de mi misma a través del tiempo.


Recordé detalladamente cada etapa:  como hija, de soltera, de casada, de mamá.... todo estaba ahí. Momentos como Navidades, cumpleaños, paseos, eventos escolares de mi hija, vacaciones, fiestas, despedidas, mi boda, etc, etc fueron adueñándose de mi memoria, sin embargo, tal vez debido a la madurez que se adquiere con los golpes, al tiempo que ha transcurrido, o a cualquier otro motivo, las emociones ya no se sienten como antes. Pude ver aquellos recuerdos más objetivamente, desde otra perspectiva, con mayor raciocinio. Ver a ciertas personas que ya no están en mi vida, no me causó ningún dolor, como el caso de mi ex marido. Posiblemente, porque desde que el proceso de mi divorcio terminó (y el que duró cerca de 5 años), decidí cerrar el ciclo emocional con mi pasado, sobre todo el referente a mi matrimonio. 


Desde que me separé de él, opté por no desahacerme de ninguna fotografía, y las guardé todas, incluyendo donde aparece él, principalmente por dos razones: 1) ¿por qué debía tirar algo visual si la realidad indica que él estuvo presente en muchos eventos y momentos? 2) Las conservé por mi hija, tal vez  ella quiera recordarlas en el futuro. 

Durante todos estos años que se mantuvieron guardadas,  mis emociones no se encontraban en óptimas condiciones, debido al  divorcio, a los problemas de subsistencia, a la recuperación del proceso y a todo ese tipo de trances, así que opté por no recurrir a las fotografías. Hasta que de la nada, sentí que ya era el momento indicado de sacarlas, verlas y archivarlas ordenadamente. Mientras realizaba esta tarea,  a veces junto a mi hija, otras yo sola, pude comprobar que ya nada movía mi estabilidad… ¡¡hasta que descubrí con gran asombre algo que, honestamente, nunca antes había percibido!!


Como muchas lectoras y lectores saben, mi ex marido siempre se caracterizó por ser una pareja controladora, manipuladora, narcisista y violenta, lo cual, finalmente me llevó a decidir por terminar con la relación. Siempre dio muestras de su forma de ser, pero nunca me di cuenta que podía revelarlo a través de las imágenes, hasta ese día que lo descubrí. 


Observé, con gran sorpresa,  que en la mayoría de las fotografías donde aparecemos él y yo juntos, se repetía un patrón. La forma en que él me “abraza” o me toma para posar frente a la cámara, refleja  una manera más de manifestar que yo era de su propiedad. 


¿Qué significa? Veamos algo acerca de la importancia del lenguaje corporal


El lenguaje corporal es tan comunicativo y evidente como las palabras. 


El cuerpo tiene su propio lenguaje, es un idioma mudo, pero tan expresivo que comunica mucho mas que las palabras


Expertos dicen que el lenguaje corporal maneja el 65 por ciento de la comunicación, las palabras son el 35 por ciento restante; en la transmisión de un mensaje influyen más el tono y los matices que las palabras, estas pueden llegar a engañar pero los gestos corporales son delatores. La expresión facial es, junto con la mirada, el medio más rico e importante para expresar emociones y estados de ánimo. 





El lenguaje corporal trasmite un mensaje por medio de poses, movimientos o gestos; delata completamente los sentimientos o percepción acerca de la persona con la que está interactuando.


El cuerpo refleja lo que sentimos frente a determinadas situaciones, contextos y personas independientemente de lo que decimos. 

Específicamente,  tratándose de una persona violenta, no existe ninguna diferencia. Un agresor, ya sea golpeador o no, también manifiesta con el cuerpo su forma de ser, ya sea prepotente, si se siente superior, si está a la defensiva, si va a atacar... o si cree que algo o alguien es de su propiedad.


Y para muestra basta un botón (como es costumbre, omito el nombre del susodicho y su rostro, para respetar su privacidad):




Confieso que, la primera impresión que me causaron estas imágenes, fue pensar en una clase de defensa personal, donde se practican esas famosas "llaves" que tienen como finalidad someter a otra persona... algo así como la imagen de la izquierda. ¿No parece que él estuviera practicándola en cada imagen? ¡Qué indignante!

Eres de mi propiedad y te someto

Lejos de ver esto con algo de "humor negro", la realidad es que la forma en que en cada imagen me toma (que por cierto,  pertenecen a diferentes etapas de nuestra vida en común a lo largo de casi 20 años), indica la forma en la que siempre fui tratada: como un objeto de su propiedad, sin valor, sin decisión, sin opción.... Se nota, bajo el criterio del susodicho, que debo mantenerme sometida a su voluntad. Y así fue, mi falta de autoestima, de información y tal vez debido a la  indefensión adquirida a lo largo de los años, me cegaron y me convirtieron en un ser dependiente, anulado (como puede verse en las imágenes). Por cierto, en la última fotografía (último recuadro), la otra persona a quien tiene tomada de la misma forma que a mi, es mi hija. 


Y si no es suficiente con esa muestra, aquí van otras imágenes más que reflejan la idea de posesión y de superioridad que mi ex siempre mantuvo frente a mí:



Debemos reconocer que en esta sociedad, como en muchas más, persiste una cultura imperante en la que muchos hombres creen que la mujer es de su propiedad,  y por eso la humilla, la anula, la golpea, y hace un ejercicio de poder en todo momento, ejerciéndolo de las formas más sutiles y, a veces, manifestándolo de formas muy salvajes o hasta irremediables. 

Muchas veces se dice que un hombre que maltrata  a las mujeres (ya sea a través de la violencia emocional, económica y/o física), es un enfermo o adicto, pero no es así, hay que recordar que la mayoría de los maltratadores no son violentos frente a su par, solo actúan con violencia frente a quienes creen más débiles (sus parejas, principalmente).  Es más, la mayoría de los sujetos maltratadores (como el que aparece en las imágenes anteriores) van por la vida con otra careta, aparentando ser hombres serios, responsables y hasta respetuosos, pero es en la privacidad de los hogares cuando desatan su verdadera identidad abusiva. 


Contrario a lo que a veces pensamos, la violencia no implica sólo golpes o insultos. Tiene formas muy sutiles, que son justo las más peligrosas, ya que es mucho más difícil detectarlas en nuestra propia relación. En efecto, hay formas de violencia que no son brutales, que son naturalizadas, y que paulatinamente van llevando a formas más extremas de agresión. Nadie empieza golpeando o matando. Las primeras manifestaciones de violencia hacia las mujeres suelen ser el control, la manipulación, las bromas hirientes, las prohibiciones disfrazadas de amor o preocupación, el aislamiento, volver dependiente emocional y económicamente a la mujer, las humillaciones y, como hemos visto, las manifestaciones de “eres de mi propiedad” a través del lenguaje corporal. 



¿Te suena familiar?


"Me cela porque me quiere"; "no me deja salir con mis amigas porque tiene miedo de que me pase algo"; "no quiere que trabaje porque quiere darme todo" “Me empujó porque estábamos jugando” o “Me dice gorda de cariño”. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a alguna amiga (o a nosotras mismas) decir que su novio la cela hasta el cansancio, con el argumento de “yo confío en ti, pero no en tus amigos”?. O que el marido le sugiere cómo vestir, quiénes deben ser sus amigas, se inmiscuye en sus asuntos profesionales o, entre broma y broma, le dice cosas que no le gustan, como que es una inútil,  fea o algo tonta. A veces, con el pretexto de estar jugando, él la empuja o la trata con indiferencia cuando no hace algo para complacerlo. Los pequeños actos de dominación son tan cotidianos que parecen normales. Empiezan con una sencilla falta de respeto, con apodos ofensivos, empujones “en broma”, chantaje, manipulación, celos, control, con una burla, con una mentira, con manipulación, o un abrazo que indique “eres de mi propiedad y por tanto te trato como yo quiero”.



Todas las conductas descritas anteriormente van minando la autoestima de las mujeres, quienes, generalmente las mujeres vemos esas conductas como algo muy normal y hasta las justificamos, pero en realidad NO tienen justificación alguna, al contrario, cada uno de esos comportamientos solo denotan una falta absoluta de respeto hacia nosotras.  Lamentablemente muchas veces tocamos la realidad cuando se llega a los golpes, y es cuando puede comprobarse que la violencia NO es un juego,  por el contrario, es una evidencia de que la relación estaba repleta de violencia. Y no debemos llegar a eso.





Como vemos, la violencia tiene más de un rostro y se presenta en diferentes etapas de la relación. Por tanto, no debemos permitir en la práctica, en la realidad cotidiana, los comportamientos y las mentalidades que muchos hombres demuestran, como que las mujeres somos de su propiedad.


¡¡Peligro!!


Como hemos dicho, la mayoría de las veces, las mujeres que viven inmersas en una relación violenta (con golpes o sin ellos) no se reconocen como víctimas, aunque a veces pueden reconocer su miedo, su sufrimiento o su malestar. Pero no se atreven a aceptar que padecen violencia y agresión ejercida por la persona que aman.  Mientras más tempo se pase en una relación violenta, será más difícil aceptarlo, reconocerlo y actuar ante esto.


Lo alarmante de la violencia en la pareja es que tiende a crecer y a intensificarse. Si la mujer no reacciona, estos actos se transforman progresivamente en verdaderas conductas perversas que tienen graves consecuencias para la salud psicológica y física de las víctimas.

DEL ABRAZO A LOS GOLPES


Una de las características de los golpeadores es que no controlan sus impulsos con la pareja y en muchas ocasiones tampoco con los hij@s.  Si has notado algunas señales de violencia dentro de tu relación, pero no ha llegado a los golpes... ¡¡TEN CUIDADO!!  Aléjate de inmediato. 


Algunas actitudes que muestran los agresores previo a la agresión física son (NOTA: No es una regla, son indicadores, lo ideal es que no esperes a que las cosas lleguen a un nivel de riesgo):  


· Contacto visual sostenido y ceño fruncido.
· Rostro colorado.
· Vena del cuello marcada.
· Respiración superficial.
· Hipermovilidad, manoteo, señalarnos con el dedo en gesto de retaliación.
· Contacto físico, distancia cerrada (se acerca más hacia nosotras).
· Gritos, incapacidad de armar oraciones coherentes y presencia de monosílabos.
· Amenazas o promesas de hacer daño


Alguna o la suma de estas señales indican que estamos frente a una persona que está a punto de atacar y por lo tanto es altamente peligrosa.  ALÉJATE CUANTO ANTES. 


Si llegas a estar frente a alguien que manifiesta estas señales recuerda:


· Mantente fuera del alcance del agresor. No sólo porque nos permite anticipar un ataque, sino que será nuestra medida para verificar qué tan dispuesto está a agredir (si avanza repetidamente hacia nosotros cerrando la distancia es mala señal).


· No te mantengas cerca de ventanas o de lugares con mayor riesgo (evita estar cerca de cuchillos, utensilios filosos, armas, etc) 


·  Huye en cuanto puedas.


COLOFÓN:

Hoy me encuentro lejos de ese sujeto. Tardé 20 años en darme cuenta que vivía dentro de un circulo de violencia psicoemocional y económica que casi destruyen por completo mi autoestima y mi dignidad. 

Sí, estuve ciega...  ciega por amor en un principio, por no valorarme a mi misma, por confusión, por ignorante, por miedo, por depender de él para comer un pan y hasta para saber qué talla de pantalones debía usar, por temor a creer que no podía subsistir por mi misma, por el que dirán y por mil pretextos más… pero estas fotografías me han servido para recordar que nunca más debo regalar mi dignidad a nadie, no estoy dispuesta a cometer otra vez los mismo errores. 

Tal vez las experiencias que he compartido, no solo hoy, sino en muchos otros artículos publicados en mis blogs, puedan servir  a muchas otras mujeres, jóvenes o no. Y por eso les recuerdo... 


MUJERES:


NADA NI NADIE DEBE TENER EL PODER SOBRE NOSOTRAS. 

No  entreguemos a nadie nuestra identidad ni nuestra  dignidad. 

Mantengámonos siempre alertas a las señales, aún ante las más sutiles.  

Nunca olvidemos que, sin excepción,  merecemos ser tratadas como lo que somos: mujeres dignas, valerosas y dueñas de nosotras mismas. 
Nunca permitamos ser tratadas como un objeto de la propiedad de nadie. 

La violencia NO  es un problema de la mujer, sino de la sociedad en general.

((()))


FUENTES:



jueves, 13 de agosto de 2015

Voy a divorciarme... ¡Necesito orientación!







¿Estás a punto del divorcio? ¿No sabes qué hacer? ¿Tienes idea de los trámites? ¿Sabes cuáles derechos tienes? ¿Tu pareja te amenaza con quedarse con los hijos o con dejarte en la calle? ¿Sientes que no tienes ninguna opción mas que ceder a lo que tu marido te exija? ¿Sabes qué tipo de divorcio es el que puedes llegar a tramitar, según las circunstancias en las que te encuentres? ¿Cuánto se tardará el proceso?.... En fin, estas y otras interrogantes son las que solemos hacernos cuando estamos a punto de atravesar por una separación.


¡Que no te sorprendan!  Presentamos nuestro nuevo material digital en formato PDF que podrá resolver estas y muchas otras dudas más.

¿Por qué difundir este material?

A continuación compartiremos parte de la introducción de este material, donde explicamos las razones de este breviario: 

Si un matrimonio suele ser  difícil, el divorcio es aún más complicado y desgastante.  
Después de casi 20 años de matrimonio, en el que siempre estuvieron presentes la violencia emocional y económica,  un buen día pensé que había llegado la hora de vivir en paz, por lo que analicé la posibilidad de poder divorciarme. No mentiré, en el fondo sabía que no sería fácil, pero jamás imaginé todo lo que tendría que pasar para poder recomenzar una nueva vida. No pensé en  las etapas por las que atravesaría, ni tampoco la forma en que debía planear y prepararme para enfrentar el pre-divorcio, el divorcio y el post-divorcio.  
Cada una de esas etapas representa un reto que hay que vencer (ahora lo sé), y no solo me refiero al aspecto emocional, sino también al familiar, legal y económico. Digamos que la forma en que preparemos la primera fase, nos dará una aproximación de lo que enfrentaremos en la siguiente etapa, y del mismo modo, según como afrontemos y resolvamos los obstáculos de la segunda fase, será la manera en la que lleguemos a la parte final. En otras palabras, nada es exacto, no podemos hablar de recetas, pero en general, el resultado del divorcio será la suma de las decisiones que tomemos antes y durante el proceso de divorcio, del nivel de información con el que contemos, de la actitud que asumamos, del apoyo legal que tengamos, así como de otros factores más. 
Por lo tanto, si no estamos preparadas y organizadas desde el inicio (a pesar del estado emocional en el que nos encontremos), el final del proceso será peor de lo que podamos imaginar. En mi caso, mi ignorancia sobre este tema era enorme, pero una vez tomada la decisión de romper el vínculo matrimonial, solo me quedó aprender en el camino. No tenía idea de cuál debía ser el primer paso: ¿hablar con mi marido como personas civilizadas? ¿Llegar a un acuerdo? Eso me parecía imposible, pues durante el matrimonio nunca hubo acuerdos. Un sujeto machista como él no entendía de razones ni de diálogos civilizados, siempre decía que “todo estaba bien” o, por supuesto, que la culpable de todo era yo.  Siempre había sido él quien decidía y dominaba en la relación, entonces…  ¿qué podía hacer?, ¿A quién recurrir?, ¿a un Abogado? ¿Cuánto me cobraría por asesorarme?, ¿cómo le pagaría si yo no tenía ningún ingreso? ¿Acaso yo tenía algo qué exigir en el divorcio? 
En aquel entonces, ignoraba los derechos que yo tenía y, en dado caso, ni siquiera sabía de qué forma podía exigirlos. En pocas palabras, no estaba consciente de lo que me correspondería después de casi 20 años de matrimonio,  en los cuales,   me dediqué de lleno a construir, cuidar, atender y fortalecer el hogar y mi familia.   Cabe mencionar que cuando nos casamos, ambos veníamos de familias de clase media, no teníamos bienes propios, ni herencias, ni ninguna cosa material de valor. Prácticamente comenzamos de cero, así que al casarnos por el civil, fue muy fácil decidir que el matrimonio sería bajo el régimen de sociedad conyugal, pues no teníamos absolutamente nada (y la “nada”  es muy fácil de compartir y repartir).  Sin embargo, con el tiempo fuimos forjando, con muchos sacrificios de ambos, un pequeño patrimonio que, siendo justos, a ambos nos costó construirlo. Por lo tanto, en el divorcio, se vuelve una cuestión de dignidad y justicia repartir esos bienes adquiridos durante el matrimonio de forma equitativa, sin mayores problemas… sin embargo,  en mi caso, como en muchos más, no resulta  así, por lo que hay que emprender una batalla para que los derechos que se violan, sean resarcidos. Pero para lograrlo, primero hay que saber qué y cuáles son los derechos que tenemos.  
El día que yo le comuniqué a mi (ex) marido que deseaba divorciarme,  su primera reacción fue observarme de arriba abajo, con esa mirada tan suya, tan despectiva, en la que las palabras sobran pero que indican: ¿acaso estás loca? No dijo nada más. Días después, cuando volví a insistir, su actitud fue más relajada (imagino que ya había ensayado su reacción después del primer aviso), y de inmediato respondió que lo dejara pensar unos días, que él luego me daría su respuesta…. ¿qué tenía que pensar? Yo quería divorciarme y eso era más que suficiente, no obstante, en aquel entonces  tampoco sabía que mi sola petición era suficiente para tramitarlo. Así que debido a mi ignorancia y a mi incapacidad de hacer valer mis deseos,  tuve que esperar por varios días su respuesta. Fueron días interminables y casi letales. 
La convivencia se hizo muy difícil, los pleitos eran cada vez más fuertes, él se había vuelto más agresivo, había menos tolerancia, más rechazo, más frustración…. Pero después de muchos altibajos (que no detallaré), finalmente, accedió a darme el divorcio…  bajo sus condiciones.  
Ahora bien, ¿cuál debía ser el paso siguiente? Llena de miedo por la incertidumbre, no tenía la menor idea de cómo empezar. Mi inexperiencia en este tipo de  casos, así como una enorme ignorancia sobre mis derechos, mi sentimiento de culpa por no haber sido capaz de “salvar” el matrimonio (y por haber sido  yo quien pidió el divorcio), así como esa sensación de fracaso al sentir que yo era la que había fallado (¡qué gran estupidez!),  me impidieron ver lo verdaderamente importante: El futuro que se avecinaba y cómo debía enfrentarlo.  
Ante mi actitud, mi (ex) marido, una vez más, tomó las riendas del asunto… Tontamente, me dejé  influenciar por él. Me convenció de que la única opción para divorciarnos era por medio de SU abogado (un sujeto que desde el inicio dio muestras de parcialidad hacia quien le pagaría sus honorarios, así que de entrada, yo estaba en desventaja). Ese abogado se encargó de elaborar el “convenio” (un “acuerdo” muy ventajoso para la otra parte y donde yo, prácticamente, recibiría limosnas). 
En dicho documento, jamás se mencionaban términos como pensión, repartición equitativa de bienes, inventario de bienes, derechos, régimen de visitas, ni ningún otro término legal y usual en estos casos,  ni tampoco se establecían reglas o formas para cumplir dicho “acuerdo”. Lo cual, viniendo de un abogado, resultaba extraño no incluirlos.  Solo se imponían, “discretamente” las condiciones que mi (ex) marido exigía para acceder al divorcio. Por ejemplo, en el caso de nuestra hija… Ella estaba a punto de cumplir la mayoría de edad, por lo que supuse que no habría problema en intentar llevar una relación sana en donde ella pudiera sentir el amor y el apoyo tanto de su padre como el mío, a pesar de la separación. Sin embargo, ese fue mi primer error. Jamás imaginé que él, su padre,  la pondría en la difícil disyuntiva de elegir: “O tu madre y te vas a la calle con ella sin ningún apoyo de mi parte, o yo,  y te atienes a mis condiciones”.  Cabe aclarar que, al final, ella  tomó la primera opción, por lo que él la alejó de su vida para siempre.  
De la misma forma, yo había pensado (ilusamente) que no habría problema con la repartición de bienes, pues sabía con seguridad que nos habíamos casado bajo el régimen de sociedad conyugal, así que supuse que al estar bajo ese contrato realizado de común acuerdo 20 años atrás,  no existiría  ningún problema a la hora de repartir los bienes…. Pero me equivoqué otra vez.  
Bajo esas condiciones, solo  tenía que firmar el “convenio”, así como también plasmar mi firma en un par de hojas en blanco, salir del hogar conyugal sin absolutamente nada y lo demás solo era cuestión de tiempo. Así lo hice….¡¡FATAL ERROR!!  
Mi (ex) marido, quien  siempre se llenó la boca diciendo que la casa (y todo lo que había en ella) le pertenecían solo a él (Violencia Económica), pretendió quedarse absolutamente con todo, despojándome de mi parte. Era de esperarse que su eterna actitud prepotente, lo llevara a ignorar  el régimen matrimonial por el cual nos habíamos unido legalmente. Así que ¿Cómo podía esperar que  se comportara como un hombre considerado,  agradecido y moralmente justo,  que  reconociera que ambos fuimos quienes logramos construir la familia y los bienes?  Solo quedaba un camino: informarme y  luchar por mis derechos.  
Toda la cadena de errores que cometí en un inicio, las malas decisiones, los miedos y, sobre todo, la  falta de información,  estuvieron a punto de perjudicar irremediablemente mi futuro. Afortunadamente,  pude desistirme a tiempo y comenzar de nuevo otro proceso, uno donde ya pude presentarme más preparada y en el que pude contar con el apoyo de un verdadero abogado, un profesional ético y honesto que me hizo entender que yo tenía derechos y que podía exigirlos, aunque el proceso fuera tardado y tedioso.  
El  juicio de mi divorcio duró 5 años, contando los obstáculos y las argucias legales que la contraparte se dedicó a interponer durante todo el proceso. En esos 5 años tuve que aprender a ser tolerante, paciente, ecuánime, pero además, tuve que aprender términos legales, algo de leyes y códigos, entendí sobre tiempos legales, y aprendí a  prepararme para audiencias interminables, y sobre todo, logré conocer mis derechos y exigirlos.  
Cabe mencionar que así como esta servidora tuvo que pasar un proceso de divorcio sumamente complicado y amargo,  no he sido la única. La tendencia por anular el vínculo matrimonial va en aumento.   En México, la cifra de divorcios toca máximos históricos en las estadísticas del INEGI. Por cada 100 enlaces matrimoniales se registran 32.4 divorcios, según estadísticas de 2011, las más recientes en la materia. Las separaciones crecen en el país mientras que los matrimonios disminuyen.  De las parejas que se divorciaron en 2011, el 25.7% estuvieron casadas cinco años o menos, 16.6% permanecieron unidas entre seis y nueve años, y más de la mitad, 57.7%, proviene de un matrimonio con una duración legal de 10 años o más. El censo nacional de 2014 reveló que se registraron poco más de 583 mil matrimonios, incluyendo uniones de personas del mismo sexo; mientras que divorcios en el mismo año llegó a la cifra de  108 mil, la cifra más alta registrada desde que el INEGI publica estadísticas en este rubro.  
La tendencia de divorcios en México ha ido creciendo en los últimos 25 años. Sin embargo, un divorcio no es sinónimo de fracaso, muchas veces es lo contrario, es la oportunidad de conocerte a ti misma y tus capacidades para salir de cualquier adversidad.  Es innegable que para las parejas que lo viven, puede tratarse de un proceso muy difícil. Además, cuando se toma la decisión de disolver el vínculo matrimonial, muchas dudas llegan. Es por eso que intentaremos guiaremos con respecto a todo lo que debes saber en torno a este proceso legal.  
Este breviario tiene como objetivo orientar a las mujeres  para que  puedan lograr un divorcio sin tantos errores, pues muchas veces desconocemos los conceptos y trámites más fundamentales que, en dado momento,  pueden acarrearnos muchos dolores de cabeza. Cada caso es distinto, con características diversas, por lo tanto, no pretendemos que esta guía aparezca como una referencia legal, ni tampoco queremos brindar consejos ni sustituir,  bajo ningún punto de vista,  la asesoría profesional de un abogado.  


Es una herramienta que contiene la información que toda mujer necesita saber, independientemente de que atraviese por un divorcio o no, ya que siempre es importante mantenerse documentada y actualizada. Además, nunca sabemos cuándo o quién podrá requerir este tipo de información.

El material se compone de 18 secciones, en la que cada una incluye  temáticas relevantes acerca del proceso de divorcio, desde la etapa inicial (cómo prepararnos),  y pasando por una serie de tópicos que, generalmente,  debemos resolver durante el proceso.  Por ejemplo:

* Recomendaciones para tomarlo con calma
* ¿Cómo protegernos?
* Los hijos, el aspecto emocional  y legal
* Los bienes, ¿cómo se repartirán?
* Cómo contar con un Abogado  honesto
* Tipos de divorcio en México (requisitos, procedimientos, tiempos)
*  La pensión
* Divorcio Express (aplicable en el D.F)
* Los juicios orales
* ¿Cómo actuar cuando la relación ha sido violenta?
*¿Dónde realizar el trámite?

.... Entre otros temas más que te servirán de apoyo y orientación.




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MUJER:


Nuestro objetivo es familiarizar a las mujeres con los trámites involucrados en un divorcio, los pasos que, generalmente, se siguen en este tipo de  procesos, así como ofrecer una breve sinopsis de los conceptos y términos que se escuchan durante el juicio de divorcio, con la idea de que pueda facilitar  la comunicación con el abogado que intervenga como representante legal. 

Esperamos que este documento sirva de guía a las mujeres, para que dirijan  sus acciones en beneficio de su estabilidad este emocional, económica y la de sus hijos., obteniendo un resultado justo durante  y, al final,  del proceso de divorcio.








jueves, 29 de enero de 2015

¡INJUSTIFICABLE! Ningún tipo de violencia es "peccata minuta"



Por: Sara Natalia C. Díez.

Dicen que a los padres no se les debe juzgar, aunque creo que el término adecuado para lo que hoy haré no es juzgar ni reprochar, más bien es reconocer, de la manera más asertiva, objetiva y respetuosa posible, la forma de ser y actuar que un padre tiene hacia una hija, en este caso. Es imposible no hacerlo, sobre todo cuando un padre demuestra una total ausencia emocional, y peor aún, cuando ante los demás, aparenta una imagen falsa de padre responsable y ejemplar… 

Obviamente, me dirijo a mi padre, a quien dejé de ver hace casi tres años debido a hechos y comportamientos que afectaron mi autoestima, por lo que opté por lo más sano: alejarme de él. Y aunque aún trabajo en fortalecerme, reconozco que todavía me falta superar algunas cosas, pero creo que con perseverancia y con el paso del tiempo, podré lograrlo. 

No obstante, mientras yo me dedico a construir una nueva vida, hace unos días mi padre aprovechó una reunión, donde yo no tenía nada que ver, para hablar sobre mi (o mejor dicho, para desacreditarme),  y donde intencionalmente vuelve a agredirme tanto emocional como verbalmente. ¿Por qué lo hace? Considero que su único fin es justificar las formas violentas que empleó para imponer "reglas" durante el tiempo que viví con él, y de esta forma intenta eximirse de su responsabilidad al haberme tratado de forma despectiva,  humillante y desinteresada, alardeando que solo cumplía con su papel de “padre” recto, íntegro y justo, y llamando a las humillaciones, insultos, bromas hirientes, desprecios, silencios impuestos, ente otros tipos de violencia, como "peccata minuta"....
La idea principal de este post es compartir mi experiencia y evitar, en la medida de lo posible, que otras mujeres (esposas, novias, hijas, etc) permanezcan inmersas en ciclos de violencia porque les hagan creer que la violencia sutil, verbal, emocional y económica no deja marcas y por lo tanto son cosas irrelevantes. No es así, pero además quiero dejar en claro que se puede romper el ciclo y, a pesar de los problemas que aparezcan, podemos aprender a vivir dignamente y sin violencia.
Y es precisamente a él, a mi padre,  a quien le pido que recuerde y reflexione sobre lo siguiente: 

Mientras viví contigo cuando tú y mi madre se separaron, nunca dejaste de llamarme "gorda", de rebajarme a cero, y haciéndome sentir un estorbo, una inútil y alguien invisible. Déjame decirte que, en efecto, soy "gorda" y  "chaparra", pero dichos términos usados de forma sistemática, despectiva y humillante, se convierten en insultos, y eso es lo que tú hacías. No niego que heredé la baja estatura por la genética del lado materno... eso es indiscutible. Pero la "gordura",  como la llamas,  y que tantas veces me echaste en cara, irónicamente es una herencia del lado paterno. Así es papá, tu familia (por si no te has fijado) es quien padece ese tipo de característica física. Y no es por insultarlos, es una explicación que te estoy dando, solo es cuestión de  que recuerdes a cada miembro de tu familia. Es más, tú mismo nunca has tenido una complexión delgada, y ahora, imagino que por tu edad, por genética o por lo que sea, has aumentado de peso de forma descomunal. 

Ahora bien, mi "gordura", además, se debe a dos padecimientos que tengo (y ni siquiera lo sabes, gracias a tu desinterés por mi). 

Pero dejemos eso, ahora me gustaría que pensaras un poco: ¿Qué padre, en lugar de preguntarse la razón o motivo del por qué su hija se va la casa, lo primero que hace es acudir al ministerio público para levantar una denuncia (no por preocupación) sino para dejar asentado un probable "abandono de hogar"? No sé quien te asesore, pero en mi caso (tu hija) no aplica el abandono de hogar, más bien fue un acto de salvación. 

Ahora bien,   ¿te has preocupado, al menos alguna vez en estos tres años que no nos vemos,  si  acaso he comido, me he enfermado o si he necesitado un colchón, una cobija, o alguna de las cosas básicas que dejé en "tu casa”? Yo nunca he sido ratera, pero si me hubiera llevado mis libros de texto o mi ropa interior, no hubiera sido robo, pero aún así, tú sabes que ni siquiera eso me llevé, y jamás te has tomado la molestia para decir: "Pongámonos de acuerdo para entregarte las pocas cosas que dejaste" o, "Te las mando con alguien" o....algo similar.

Y esto viene al caso con la siguiente pregunta: ¿Qué padre que se jacte de ser “bueno” ante los demás prohíbe la entrada a su propia hija a la casa que fue el hogar familiar? 

¿Qué padre no entrega las cosas más elementales (y que no le pertenecen a él) como documentos, ropa, muebles y demás, a su hija, sabiendo que los requiere para hacer trámites o simplemente para que sigan formando parte de su historia personal?  A mi no me urge entrar a "tu casa" (como la llamas), ni tampoco visitarte, pero ya que no me permites el acceso a la casa, te pido por este medio, una vez más que, por favor, entregues todas esas cosas que realmente no te pertenecen y que yo necesito o que simplemente quiero guardar como recuerdos, pues son herencias de mi familia materna.

En fin, sería interminable continuar, no obstante, los cuestionamientos anteriores, solo son un ejemplo de tu comportamiento como "padre excelente" (según tu visión). Sin embargo, en realidad, cada uno de ellos forman parte de un conjunto de agresiones denominadas Violencia Verbal, Emocional, Económica y Patrimonial, pero es muy cómodo aparentar que no lo sabías o, peor aún, que no tiene ninguna importancia comportarse así.   Pero te aconsejo que te lo aprendas bien: Ningún tipo de violencia, por más sutil que sea, se considera  PECCATA MINUTA. 

Pero vayamos a la reunión donde, indebidamente, hablaste de mi (y donde yo estaba ausente). Mencionaste que si el tiempo permite que nos volvamos a encontrar, tal vez me perdonarías y además condicionas para que, en ese caso, fuera  “sin compromisos ni responsabilidades”. ¡¡Ay papá!!, como si en caso de verte, lo primero que  yo hiciera fuera pedirte perdón, dinero, ayuda o algo material. Créeme que he pasado por muchas carencias y problemas, y tú no has figurado en mi lista de opciones para pedir ayuda. Estoy consciente que ni en las peores circunstancias correría a pedirte auxilio. Me queda claro que un amor sincero, sobre todo entre padre e hija,  no condiciona, simplemente se demuestra (y no con cosas materiales), y dolorosamente sé que tú no eres así, por lo tanto, no te preocupes, si algún día nos encontramos (como ya ha sucedido), sigámonos de frente para no comprometerte, ni siquiera, a un saludo.  

También dijiste, que tú no eres de los que "buscan y ruegan a nadie"...  Por si no te has dado cuenta,  yo he continuado con mi vida, y hasta ahora no he esperado que me busques y me preguntes “¿Cómo has estado, necesitas algo?” o al menos que digas: “Me alegra que estés saliendo adelante sin mi apoyo”, o “Hija, estaré ahí cuando necesites una palabra de aliento”…no papá, me acostumbré a NO escuchar eso de tí cuando viví contigo, ¿cómo crees que esperaría oírlo ahora?  Pero déjame decirte que, tal vez, heredé eso de ti, pues yo tampoco busco ni ruego a quien no quiere formar parte de mi vida.  Hoy no te busco, solo dejo en claro ciertas cosas por mi misma, no por tí. 

En fin, creo tener un derecho de réplica y ahora es cuando deseo ejercerlo frente a tí, aunque sea por este medio. Ante todo te aclaro que esto lo hago con todo el respeto, primero a mi misma, y después a tí por ser mi padre. Tal vez tu orgullo te impida ver este video, pero por lo menos me servirá de catarsis.






Papá, no te juzgo, tal vez la vida misma lo hará algún día, no lo sé…mi única intención fue dejar en claro  algunas cosas que parece que olvidaste o, peor aún, las que no has olvidado las calificas como irrelevantes llamándolas “peccata minuta”, pero para mí, como para mucha gente,  las ausencias,  las palabras usadas con el fin de lastimar, las descalificaciones y  vejaciones, son sumamente dolorosas y humillantes, por lo que no son ni serán  “peccata minuta”. 

Chicas, mujeres y amigas de este espacio: Lamentablemente, sé que existen cientos,  o miles de hombres,  que piensan igual que el hombre que me engendró;  sujetos tan inconscientes que piensan que ejercer cualquier tipo de violencia contra una mujer, ya sea la esposa, la novia, la hermana, la amiga,  la empleada, la mujer que pasa por la calle o, como en mi caso, la hija, son cosa de "peccata minuta". Y no es así. Todo tipo de violencia contra la mujer, venga de quien venga, es un asunto de gran relevancia y, por ende, de urgente atención. Debemos educar desde la niñez, a hombres y mujeres, para que no crezcan pensando que las agresiones son cosa de PECCATA MINUTA.

Como dije en el video, deseo que mi padre sea feliz, aunque en el fondo sé que no será así por más que se esfuerce en aparentar lo contrario, pues nadie, por muy inconsciente y egoísta que sea,  puede tener una vida tranquila, feliz y plena cuando ha causado tanto daño.... ¡Es ley de vida!.

... Sin embargo papá, a pesar de todo, si alguna vez llegas a necesitar algo de mí, créeme, estaré junto a tí  hasta donde tu orgullo me lo permita, por el simple hecho de ser mi padre.

 Sara Natalia C. Díez.

martes, 20 de enero de 2015

BRILLANTE, GUERRERA Y PRECURSORA: 10 preguntas a Sylvia Sánchez Alcántara




Esta breve serie de preguntas, es un complemento al artículo publicado en el blog MUJER SIN CADENAS, titulado:  RETOS FEMENINOS, el libro que te sacudirá y te hará reflexionar , y donde se realiza una semblanza de Sylvia, asi como una reseña del libro que esta extraordinaria mujer sacó hace apenas algunos meses bajo el título "RETOS FEMENINOS... ¿si lo sabemos, por qué lo hacemos?". 

Para nuestros sitios, es un honor conocer la opinión de una mujer que siempre ha trabajado y luchado en pro de los derechos de las mujeres y que  además se ha esforzado por crear espacios para que nosotras podamos expresarnos y compartir todo tipo de experiencias y conocimientos, así como para interactuar con otras mujeres. 

A continuación presentamos esta breve entrevista en la que amablemente Sylvia accedió a responder y donde podemos apreciar el trabajo, la experiencia, los conocimientos y  la empatía que la caracterizan.   


1. ¿Desde cuándo ideaste realizar este proyecto? 
Llevaba 4 años definiendo cómo lo iba a estructurar. En un inicio había invitado a 4 amigas muy reconocidas para que escribieran también su historia, pero por tener hijos no se animaron. El título inicial era Retos Femeninos "El amor casi me mata". Jamás me desanimé y al ver todos los comentarios que escribían en mis blogs en Retos Femeninos, comprendí que el libro debía dar voz a mujeres que normalmente no tienen la oportunidad de ser escuchadas, así que supe que ese era el camino. Yo lo iba a editar pero la vida me puso al lado del Director General de Santillana que ya conocía el impacto de nuestro esfuerzo y se interesó en publicarlo. Hace unos meses Random House Mondodori, una de las editoriales más grandes e importantes del mundo compró Santillana, así que el impacto será mayor.

2. ¿Desde el comienzo tenías claro cómo sería el resultado de esta obra al terminarla? 
Cuando empecé a enviar un resumen de mis reflexiones y a pedirle a las miles de mujeres que son parte de Retos Femeninos que si se identificaban con alguna me enviaran su historia y la respuesta fue impresionante, confirmé la necesidad de desahoga que muchas mujeres necesitan y el impacto positivo que mis reflexiones tenían.

3. ¿Cómo fue la reacción del público femenino al saber que podía aportar alguna de sus experiencias personales y que, finalmente, se verían plasmadas en un libro? 
La mayoría agradecía la oportunidad de desahogarse y de ser escuchadas. Desgraciadamente sólo se publican algunas de las historias que recibí, ya que la editorial no podía incluirlas todas en el libro.

4. Es innegable que esta obra es una gran aportación y una herramienta indispensable para que otras mujeres puedan identificarse y, en su caso, se decidan a alzar la voz, ¿qué les dirías para que tomaran esa iniciativa de una vez por todas? 
Este libro es una herramienta de crecimiento para entender por qué hacemos lo que sabemos que no deberíamos hacer. Compartir una pequeña parte de mi vida, para demostrar que cuando con valentía decides no permitir que te lastimen, asumes tu responsabilidad y tomas el fracaso para crecer, en vez de ser una víctima más, te puede llevar a la meta que te trazaste. Espero inspirar a muchas mujeres para que jamás se traicionen ni permitan que corten sus alas y les impidan volar tan alto como lo deseen. Todas tenemos el derecho y la obligación de ser felices.

5. Imagino que el libro ha tenido una gran respuesta, principalmente del público femenino, por lo que muchas otras mujeres se animarán a contar sus propias experiencias, así que te pregunto: ¿Habría la posibilidad de realizar una segunda parte para que se incluyan las historias de otras mujeres que se han identificado con algún caso y que deseen atreverse a contar sus experiencias? 
He agradecido a todas las mujeres que se atrevieron a escribir su historia y me gustaría invitar a quienes quieran compartir la suya, que la publiquen en su blog de www.retosfemeninos.com y nosotras nos encargaremos de que muchas personas las lean. Compartir experiencias nos hace sentir acompañadas y nos ilumina.

6. Dirías que esta compilación de historias refleja de alguna manera la situación, en general, de las mujeres mexicanas en cuanto al tema de violencia e inequidad? 
Es una pequeña muestra de una situación tristemente real. Hay muchos hombres que en vez de ser una pareja, quieren ser el amo y dueño de "SU" mujer. Lo más triste es que según los estudios la mayoría de las mexicanas ha padecido o padecen violencia en su relación. Hay muchas mujeres que permiten la violencia en su vida por falta de autoestima y a cambio de apoyo económico. Queremos que las mujeres dejen de ser víctimas y desarrollen su potencial. Se preparen para ser autosuficientes. Necesitamos hacer cambios radicales en la educación de las nuevas generaciones para terminar con las abnegadas y los machos. También es muy importante que las jóvenes entiendan que la decisión más importante en la vida de un ser humano es a quién le abre la puerta de su corazón, ya que si se equivoca, puede conocer el infierno y quemarse en él y esa es uno de los objetivos de este libro.

7. Desde tu perspectiva, y siendo una mujer emprendedora, profesional, creativa, polifacética, poseedora de una enorme empatía y ardua luchadora social, sobre todo en lo que se refiere al tema de las mujeres, ¿Qué crees que hace falta para que las mujeres de este país logremos un verdadero cambio que nos permita alcanzar el nivel de equidad, justicia y paz que merecemos, tanto en ámbitos públicos como en privados? 
Todos los cambios que nos urgen sólo nosotras podemos hacerlos desde la sociedad civil. Cuando una mujer entiende que la decisión de qué SÍ y qué NO permite en su vida, empieza a cambiar y al cambiar cambia su vida, Cambias tú y cambia todo. El poder llegar cada día a más mujeres con Retos Femeninos, nos permite tener más fuerza para lograr cambios en nuestra sociedad y sus leyes. Ya contamos con casos de éxito.

8. ¿Qué factores consideras fundamentales para crear una cultura de prevención y evitar en la medida de lo posible la violencia contra las mujeres dentro de una relación de pareja? 
Definitivamente la comunicación y la educación. Retos Femeninos es mi proyecto de comunicación para demostrar que la comunicación educa y detona cambios importantes. Las mujeres despiertas y conscientes, que entienden que tienen el poder de decidir, es más difícil que se equivoquen. 

9. En tu opinión, ¿las mujeres cómo podemos crear y fomentar una autoestima sana y positiva? 
A través de este tipo de esfuerzos que permiten compartir conocimiento y experiencias. Cuando ven que no son la única, tienen la oportunidad de salir adelante sintiendo el acompañamiento que muchas veces se requiere para vencer sus miedos. Hemos recibido muchos mensajes de cómo mujeres entendieron que sí podían y que a veces el sufrir un tiempo por tomar decisiones radicales, les ha permitido tener la oportunidad de hoy estar motivadas y en procesos de crecimiento.

10. Por último mi querida Sylvia, ¿de qué manera pueden contribuir los hombres en la construcción de relaciones sanas con su pareja y, por tanto, influir positivamente en la educación de sus hijos e hijas con el fin de prevenir la violencia intrafamiliar? 
Si no educamos hombres machos y abusivos y desde pequeños los educamos para respetar a las mujeres y a participar en forma natural en el hogar. Si evitamos que los niños vivan la violencia y abuso de sus padres a sus madres, ya que el ejemplo educa. Si las mujeres no permiten que abusen de ellas y las maltraten, escojan a la pareja compatible con su educación y valores e involucren a sus parejas en la educación cotidiana de los hijos.

MUJERES:
La lucha por alcanzar la equidad y una vida sin violencia, continúa.. Necesitamos que todas y todos participemos, pues necesitamos, principalmente,  educar y construir nuevas formas de convivencia entre géneros. 

Mujeres, tengamos presente esta frase que Sylvia nos deja: 

"Cuando una mujer entiende que la decisión de qué SÍ y qué NO permite en su vida, empieza a cambiar,  y al cambiar cambia su vida...  Cambias tú y cambia todo".


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