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jueves, 18 de mayo de 2017

¡MIS 50 AÑOS!: 13 razones para darles la bienvenida





Recuerdo que cuando era niña, digamos que desde los 7 años hasta mi adolescencia, solía pensar que las personas a partir de los 30 años ya eran “viejas” (sí, una idea infantil o muy absurda). En esos tiempos veía taaaan lejano llegar a esa edad, que me parecía que nunca iba a cumplirlos.

Sin embargo, cuando cumplí los 30, me pareció haberlos alcanzado demasiado rápido…


A los 30 yo ya tenía casi 6 años de casada; una hija de 5; me dedicaba 100% a mi hogar, a mi marido y al cuidado y desarrollo de mi hija y de mi entorno familiar. Éramos una familia “convencional”, con metas, con sueños, y con problemas para salir adelante, sobre todo en el aspecto económico. Vivía en mi “mundo perfecto”, creyendo que esa vida (en la que muchas veces la violencia estuvo presente), era la ideal. Era la vida que yo había visto en mi infancia y que, por lo tanto, era la que debía vivir y salvaguardar a costa de todo. Mi marido y mi hija eran mi única prioridad.


Y fue justo a mis 30 cuando él un día se quedó sin trabajo. Inesperadamente fue despedido, al grado que de la noche a la mañana nos vimos sin ninguna clase de ingresos y con la responsabilidad de subsistir y de sacar adelante las deudas, pero principalmente a nuestra pequeña hija. Sí, fue una época bastante difícil, pues él ya no era ningún jovencito, por lo que tardó mucho tiempo para conseguir un nuevo empleo. 

...Y ante tantos problemas, presiones y pendientes por resolver en aquella época, mis 30's  pasaron inadvertidos. Ni siquiera los noté. No obstante, como suele suceder, pudimos superar esa etapa (como otras más que subsiguieron).  De esta forma, el tiempo pasó, pasó, pasó… 

...  y el próximo domingo 21 de mayo cumpliré 50 años (¡medio siglo de vida!)


¿Cómo se fue el tiempo tan rápido? En retrospectiva, al unir los puntos de mi historia, y analizando todo con la mayor ecuanimidad posible, concluyo que esta ocasión no es motivo para reir, llorar y mucho menos para angustiarme (o tal vez sí haga un poco de todo, siempre y cuando no me estanque en un solo estado de ánimo), lo importante es reconocer que, después de todo,  estoy en el punto exacto  donde debo estar. 

Confieso que nunca había planeado, ni tampoco imaginé, la vida que tendría ni que me encontraría justo en este punto, pues nunca fui de esas personas que “planean” o trazan su vida con objetivos claros y específicos… no, yo siempre me dejé llevar por donde la vida me mostrara un camino. Por ejemplo, cuando terminé la preparatoria, decidí estudiar una carrera universitaria, la cual duró cuatro años, después me titulé y...  prácticamente nunca me dediqué a ella, ¿por qué? porque un día el “amor” se atravesó en mi vida y, casi sin pensarlo, opté por unirme a quien idealicé como “mi compañero de vida”, así que dejé todo lo demás a un lado y prometí, ante todas las leyes terrenales y divinas, que me dedicaría en cuerpo, alma, espíritu y mente a la vida conyugal, la cual, en ese momento, era el sinónimo de mi felicidad.. ¡Qué cursi e ilusa!


Esa decisión que tomé a mis 24 años, me fue llevando a una vida que poco a poco fui descubriendo, al fin y al cabo, nadie sabe qué le espera ni tampoco cómo es la vida junto a alguien; eso se va descubriendo a través de vivir cosas buenas y malas, con experiencias, con alegrías y tristezas, con mentiras y revelaciones, con despedidas, bienvenidas, abandonos, y todo tipo de vivencias que, innegablemente, todas las personas experimentamos en nuestras vidas. 


De la misma forma, a los 43 años y tras una vida conyugal de casi 20 años, un día decidí que ya no quería vivir así, pues me di cuenta que realmente no era feliz.  Abrí  los ojos y fue como si despertara de un largo letargo... fue entonces cuando pude darme cuenta que debía romper cuanto antes con esa relación que lentamente me destruía. 

... ¿Para qué continuar en un matrimonio donde la mayoría del tiempo me encontraba asustada, molesta, o sintiéndome culpable? ¿Para qué quedarme con alguien a quien tenia que  pedirle permiso (o perdón) por cualquier cosa? ¿Por qué estar con una pareja que tomaba el papel de juez y verdugo en lugar de ser un compañero de vida? ¿Por qué no lograba sentirme libre de decidir sobre mi vestimenta o de comer  lo que se me antojara sin tener que solicitar la aprobación del "verdugo"? No, definitivamente esa no era la vida que yo (y creo que nadie) desea. Así que me fui y rompí con esa vida para siempre, dejando las “comodidades”, mis cosas personales, muchos recuerdos, sueños sin cumplir, promesas que nunca se realizaron y sobre todo, dejando gran parte de mi dignidad, la cual fue lo primero que luché por recuperar en cuanto crucé la puerta. 





Y hoy estoy aquí, a punto de convertirme en una orgullosa "cincuentona"… ¿cómo es que llegué a ellos tan rápido? ¿cómo es que he envejecido sin darme cuenta? ¿qué tantos cambios ha tenido mi vida? ¿soy feliz? ¿espero hacer algo trascendental para mi futuro? ¿quiero cambiar algo? Pero la pregunta más importante para mí es: ¿qué he aprendido en todo este tiempo? Muchas preguntas que, a estas alturas, ya no requieren de gran reflexión. 

Y por eso hoy quiero compartir algunos de mis aprendizajes,  las expectativas que pudiera tener en mi medio siglo de vida y, principalmente, las razones por las que espero con ansias mis 50 años. 

Siendo así...


Quiero dar la más cordial y feliz bienvenida a mis 50 años, porque....


1) ...hoy soy capaz de analizar antes de decidir.

Definitivamente ya no dejo que la vida me lleve sin pensar a ningún lado, pero sí espero que la vida me muestre un poco del camino antes de tomar cualquier decisión. 



2) ...ahora sé quién soy, lo que quiero y, sobre todo,  lo que no quiero.

No puedo afirmar que en estos 50 años he sido completamente feliz, de ninguna manera. Estoy convencida que la vida está llena de emociones y sensaciones, buenas y malas, y mi historia no es la excepción. Desde mi infancia hasta el dia de hoy he experimentado situaciones de todo tipo, incluyendo momentos dolorosos y de sufrimiento; he sentido el rechazo,  los fracasos, las traiciones, el miedo, el abandono, el abuso, la injusticia, entre otras cosas, pero entiendo que todo ha sido necesario para poder conocer también las alegrías, la felicidad, los éxitos, la solidaridad, la lealtad, la fortaleza, la persistencia, y, además,  el invaluable valor de la dignidad.  

Es cierto que hay cosas en la vida que no podemos elegir ni controlar, pero hay otras que sí, y es en esas donde trato de enfocarme.  Todo lo vivido, me ha enseñado que no hay nada más importante que vivir el presente, sin miedo a ser como yo soy, le parezca a quien le parezca. 



3) ...aprendí a quererme y a valorarme a costa de todo

Sin duda alguna,  lo más importante que he aprendido con cada una de las experiencias vividas, es a quererme y a valorarme. No, no ha sido fácil, ya que fortalecer la  autoestima requiere de un trabajo arduo, disciplinado y constante. Es un compromiso con una misma, que una vez comenzado, no puede ser postergado ni minimizado.  

Amarse a una misma no tiene fecha límite, es algo que debemos hacer siempre, en todo momento y a costa de lo que sea. 


4) ...soy capaz de poner límites y si la gente se aleja, entonces....¡que se vaya!

Cuando una aprende a amarse a si misma, en automático, se aprende a poner límites y a no permitir cosas, situaciones o actitudes que, quizás,  antes solían pasarse por alto porque parecían cosas “inofensivos” o "irrelevantes",  o bien, porque cuando no se tiene autoestima,  todo se tolera. Irónicamente,  mucha gente (cercana o no), no acepta que uno cambie y mucho menos que se le pongan límites, y cuando notan un ligero cambio en nuestro comportamiento, creen que una exagera y piensan:  "ya se volvió una delicada", "qué payasa", "Uuuuyyy, qué sensible" o nos tachan  de arrogantes. Ante este cambio, algunos deciden alejarse (no soportan vernos fuertes), o tratan de hacer sentirnos culpables y dicen: - “Está loca, quien sabe qué le pasa”-. 

Es lamentable, pero el alejamiento, la culpa y la indiferencia (hasta de aquellos que creí incondicionales alguna vez), son los costos que he tenido que pagar desde que aprendí a valorarme, a defender mi dignidad y a poner límites.  Este aprendizaje ha sido doloroso, pero ha valido la pena.... 


5) ... a esta edad, ya no duele tanto el desapego

Durante estos 50 años he  vivido momentos realmente difíciles, muchas veces creyendo que determinadas personas se quedarían junto a mi dándome apoyo incondicional, sin embargo la vida se encargó de darme algunas sorpresas desagradables... me mostró que no siempre se debe confiar ciegamente en las personas, pues siempre habrá quienes nos den la espalda. Al principio duele, pero sirve  para aprender a soltar, a dejar ir y a respetar las decisiones de los demás. 

Nadie está obligado a quedarse ni a apoyar a alguien, así que respeto a quienes se alejan, y  acojo con calidez y agradecimiento a quienes permanecen a mi lado, siempre y cuando la aceptación, el respeto y la confianza prevalezcan.  


6) ...entiendo que se debe vivir sin esperar nada 

Reconozco que no persigo nada trascendental ni espero dejar mi huella en nadie, solo quiero vivir lo que tenga que vivir, no importa cuánto tiempo, pero quiero hacerlo siendo como soy, disfrutando cada cosa que hago y enfrentando cualquier adversidad con la mayor fuerza, ecuanimidad y valor posibles. 




7) ... aprovecho el presente sin olvidar agradecer al pasado


No cambiaría nada a mi vida; al contrario, adoro la simplicidad, la transparencia, la sencillez y hasta las carencias con las que vivo. Hoy puedo afirmar: Vivo como quiero (y como puedo) vivir. Si quisiera tener lujos, viajes y/o romances, me enfocaría en obtenerlos, pero me perdería de las cosas tan simples que hoy por hoy llenan mi ser, como mi libertad, mi paz, mis ideales, mi tiempo para escribir y para interactuar con otras mujeres, así como del tiempo que ocupo para trabajar en esta causa en la que me inicié hace 7 años, y por mi sueño de crear una gran red de apoyo y de contención a través de nuestra asociación civil, y de otras cosas más que motivan mi existencia. 

Mis errores me han hecho lo que soy ahora, mis fracasos han forjado a la mujer que soy,  así que no, definitivamente no cambio nada de lo que hoy soy y hago....



8) ... amo  y disfruto lo más querido

Algo que deseo seguir fomentando indefinidamente, es el tiempo y las experiencias compartidas con mi hija. Ella es una de las razones principales que alimentan mi dia a dia. Ver cómo se desarrolla y madura cada día en todos sus ámbitos es muy gratificante y maravilloso. Orgullosamente soy testigo de cómo ha crecido y se ha fortalecido tanto como mujer, como trabajadora, como profesional, como persona y como ser humano. No ha sido fácil para ella, pero ha aprendido (como la mayoría de las mujeres), que debe luchar con todas sus fuerzas para conseguir lo que anhela. Que no debe depender ni esperar nada de nadie, porque que al final solo se tiene a ella misma. 

Además, es una luchadora y defensora de la igualdad de género, lo que la hace aún más persistente y resistente. Sé que si sigue por ese camino, más pronto de lo que ella imagina, podrá cumplir alguno de sus tantos sueños....



9) ... aprendí que la "soledad"es una etapa  necesaria para el auto conocimiento...¡y además  la disfruto!

No creo en el amor eterno de pareja (al menos en mi caso). Reconozco que he aprendido a conocerme tanto que ya no soy capaz de encajar en esa idea de lo que es el “amor” -casi siempre mal entendido- como posesión, dependencia, anulación, sometimiento o “eternamente juntos”. 

Hoy lucho por conservar mi libertad, la que tanto trabajo me costó conquistar.


10) ... recuerdo  y agradezco mis raíces


No hay cumpleaños sin agradecimientos. Aunque nunca he dejado de reconocerlo, hoy agradezco muy especialmente a mis padres, porque a pesar de muchas cosas, formaron una familia en la que pude crecer y desarrollarme. 

Hago una mención especial a mi madre, quien como muchas otras madres, dedicó su vida a su hogar, a sus hijas y a darnos el mejor ejemplo que pudo; pero más que nada agradezco su voluntad por levantarme cada vez que caí, por enseñarme que a pesar de todo, la frente siempre debe mantenerse en alto; por mostrarse siempre fuerte y por darme su apoyo cada vez que ella supo que lo necesitaba.  Gracias mamá, por todo lo que me enseñaste.

Pero también, agradezco a todas y cada una de las personas, hombres y mujeres, que se han cruzado por mi camino durante estos 50 años... no importa el tiempo ni las circunstancias por las que hayamos coincidido, simplemente les digo ¡¡GRACIAS!! porque de una u otra forma, formaron parte de una etapa en la que contribuyeron para forjar mi caracter, mi fuerza y en la mujer que soy ahora.


11) ... a estas alturas entiendo que el auto-cuidado cada vez es más importante 

En cuanto a mi salud se refiere, estoy pasando por esa etapa que, aún hoy en día, es considerada por muchas personas (incluyendo mujeres) como algo "siniestro" o "vergonzoso": la menopausia. Y lo digo abiertamente,  desde hace algunos meses comencé con los síntomas que reflejan el cesamiento de aquello que por años me quejé: la regla. Y aunque confieso que esos molestos "cambios hormonales" realmente no los he sentido de forma emocional, solo físicamente, tengo que ser controlada con medicamentos especializados y debo ser revisada periódicamente por mi ginecólogo debido a posibles problemas con mi matriz y con mis glándulas mamarias. 

-"Ya llegaste a esa edad de..."- fue la frase con la que mi médico comenzó a explicarme esta nueva etapa que debo atravesar .  Y sí, sé que este tipo de cosas son naturales, fisiológicas, que se dan con el tiempo  y que cada quien presenta sus propios síntomas y complicaciones, por eso deseo ver esta nueva fase como un paso al cambio y a la evolución,  y no como algo deprimente, porque sea lo que sea, estoy consciente de que soy humana (y que soy mujer) y que nadie tiene la salud ni la vida garantizadas, así que me atengo a lo que venga, mientras tanto como sanamente, hago ejercicio, acudo a mis citas y disfruto el presente.



12) ... simplemente,  no me importa lo que piensen o digan de mi

Y así como con la edad, se presenta la menopausia, los cambios físicos son más que evidentes. Afortunadamente nunca he querido aparentar lo que no soy, y nunca he sido una mujer que se preocupe por lo que los demás piensen o digan de mi, simplemente me he dedicado a vivir cada una de mis etapas de la forma en que he podido. Reconozco que jamás me cuidé de las estrías (esas que salen con el embarazo), ni me cuidé para prevenir la flacidez. Tampoco  hice (ni hago nada)  por retardar los efectos de las arrugas, ni de la resequedad de la piel o del cabello, así que no me quita el sueño saber cómo me ven los demás. 

Lo único que me importa es cómo me siento yo, cómo me gusta verme para mi, quiero sentirme cómoda, fresca, o dependiendo de mi estado de ánimo... si para los demás me veo bien, mal, ridícula o descuidada, no es algo que me importe. Es a esta edad cuando me he atrevido a hacer más cosas que antes (como cuando aprendí Pole-Fitness o cuando tuve que hablar frente a una cámara  por primera vez), lo cual, finalmente,  ha sido muy gratificante.




13) ... ¡estoy lista para cometer nuevos errores!

La vida no termina aquí, ni en ninguna edad en especial; termina cuando dejamos de existir, de soñar, de aprender, de sentir, de amar. Mientras sigamos en este plano, somos vulnerables a todo, y por lo tanto, algunas veces volveremos a equivocarnos. La diferencia es que ahora los errores, fracasos o fallas,  parecen menos azarosos.

En el transcurso de  mi vida he empezado tantas veces desde cero, que si hoy tuviera que volver a hacerlo, con gusto y entusiasmo me levantaría de mi silla y empezaría a planear la forma de hacerlo. Sí, sigo teniendo miedos, preocupaciones y dudas, pero hoy cuento con la experiencia y la fuerza para enfrentarme a lo que sea (o al menos, esa es mi intención), y por tanto, puedo decir con toda confianza y seguridad: ¡aquí estoy!



Finalmente, solo me resta decir: 





... ¡a festejarlos!



((()))


jueves, 3 de julio de 2014

¿LO PERMITÍ POR AMOR O POR ESTUPIDEZ?: 14 anécdotas para reflexionar





Hace unos días conversaba con la hija de una amiga, una joven que ronda los 20 años, sobre la cantidad de estupideces que una llega a aguantar “en nombre del amor”. El tema venía al caso debido a que, actualmente, ella tiene una relación que, según sus palabras, es excepcional y como ninguna otra en el mundo (¿nos suena familiar esa expresión?). Claramente, esta chica se encuentra en ese estado por el que muchas mujeres ya hemos atravesado (y de donde algunas hemos salido con graves heridas), y que comúnmente se le conoce como enamoramiento. Dicha fase suele ser riesgosa, sobre todo para las mujeres, pues casi por regla general acostumbramos enceguecernos, idealizar y confundir ciertos conceptos (como el amor) y, sobre todo, enaltecemos de varias formas al sujeto que nos "conquistó el corazón". Pero lo peor de todo, es que es justamente en esa etapa, cuando muchas mujeres solemos renunciar a nuestra identidad, a los sueños, anhelos, proyectos y hasta a nuestras costumbres, para convertirnos, tristemente,  en la sombra de un sujeto y, para colmo, nos convencemos de que todo lo hacemos en nombre del "amor".

En aquella charla, la chica no dejó de alabar los maravillosos atributos del sujeto en cuestión, o sea, su pareja y, sin rodeos,  simplemente lo calificó como un hombre extraordinario (si por cada mujer enamorada que describe e idealiza así al "amor de su vida", habría una cantidad interminable de hombres extraordinarios, perfectos y admirables en el mundo). Sin embargo, en cierto momento hizo una breve pausa para meditar por unos segundos y, finalmente,  reconoció que su pareja, a veces ("pero solo a veces"), tiene un carácter difícil. Mencionó algo como lo siguiente: 

“En ocasiones él es  frío y distante. Nunca ha sido detallista, no comparte mis gustos en muchas cosas ni tampoco le gusta convivir con mi familia. A veces me grita porque no lo entiendo, pero nada de eso me importa, yo sé que me quiere así como es, y mientras él esté bien, yo también”.  Y remata diciendo: “No me afecta mucho su forma de ser, pues prefiero llevar la relación como a él mejor le parezca y así evitarme problemas. Yo me siento a gusto como estamos, además creo que ninguna relación es perfecta, y el amor es así” 

Habló tan convencida que me dejó helada, y pensé:¡Qué espeluznante puede resultar un amor mal entendido!. Me recordó a mi misma, minimizando, justificando e ignorando  las evidentes señales de alerta.

No entraré en detalles sobre el sujeto al que ella se refería (su pareja), solo diré que  me ha bastado tratarlo “por encimita” un par de veces, para saber que no quisiera algo así para mi hija. Y me pregunto, ¿De verdad esta jovencita, como muchas otras más y que piensan de manera similar, será feliz con alguien que, en pocas palabras, no le hace caso, no la respeta a ella ni a su familia, la aísla  y la manipula a su voluntad? ¿De verdad creen que a ese tipo de relación puede llamársele  amor?

La experiencia y los casos que he atestiguado, me hacen pensar que la hija de mi amiga no se encuentra enamorada, sino mas bien, encaprichada, y tarde o temprano aprenderá que nada de lo que hoy piensa sobre su pareja y sobre la relación que tiene, tiene que ver con el amor.  El amor romántico es un arma de doble filo, que nos puede dejar hechas picadillo, por lo tanto, no hay que subestimar el problema.

.....¿Cuántas mujeres no hemos idealizado las relaciones que hemos tenido, sin importar la edad que tengamos? Y lo pregunto porque conozco a algunas mujeres que, a pesar de su evidente edad madura y de las experiencias que han tenido en el terreno “amoroso”, continúan sin aprender la lección, y se afanan con engancharse con lo primero que se les cruza en el camino, idealizan todo lo que les rodea y son capaces de abandonar su identidad  con tal de no estar "solas", por miedo o por innumerables razones. No quiero decir que debamos negarnos a buscar el amor verdadero, lo lamentable es cuando esa búsqueda se convierte en obsesión, en una necesidad primordial por “enamorarnos” y tener “pareja", que nos orilla a conformarnos con cualquier cosa, a aceptar condiciones y cadenas, o bien,  a someternos a imposiciones y voluntades ajenas, y  siempre decimos que es en nombre del amor, cuando no es así.

CONFUNDIMOS AMOR CON OTRAS SENSACIONES
Cuando nos sentimos enamoradas, pareciera que hemos consumido alguna droga que nos idiotiza, la cual nos hace ver personas que no existen,  sentir cosas que, en realidad, confundimos con otras, o bien, hacer cosas que nunca imaginamos. Y no me refiero a esas “locuras” inocentes, creativas, divertidas, originales (o "cursis") que muchas veces solemos hacer cuando estamos enamoradas y que parecen sacadas de películas o libros de corte.romántico a más no poder, como desplazarnos a través de grandes distancias para estar con el amor de nuestra vida, dedicarle un espectacular o una canción, hornear un delicioso y complicado pastel con su nombre (cuando nunca antes habíamos entrado a la cocina), tatuarnos su nombre, gastar todo el sueldo o ahorros en un regalo o en una sorpresa para esa persona especial,  organizar una cena en la cima de una montaña o a orillas de la playa, planear un viaje sorpresa, etc, etc…... 

No, más bien me refiero a las cosas de la vida diaria, cotidianas y frecuentes que hacemos “por amor”. Por ejemplo,  ¿cuántas veces, en nombre del amor, rayamos la línea entre ser comprensivas y tolerantes con la de ser absolutamente complacientes y sumisas?. 


Si vivimos para nuestra pareja sin condiciones, nos apagaremos lentamente hasta quedar reducidas a una sombra, la sombra del otro. Y, paradójicamente, tanta devoción no conseguirá que nuestra pareja nos ame más, sino todo lo contrario, porque solo se puede amar a una persona con identidad propia. Por tanto, todo aquello que implique abandonarnos para complacer a otra persona no es amor, sino cualquier otra cosa como inseguridad, falta de autoestima, dependencia, adicción emocional, sumisión, necesidad, obligación o miedo. Dichos factores se presentan cuando estamos dentro de una relación destructiva.

Si tú, mujer, sientes que las cosas comienzan a escapar de tus manos, y el amor te empuja a comportarte de una manera estúpida y peligrosa, lo mejor es que comiences a buscar ayuda; de lo contrario, vivirás en una inestabilidad constante.

Dicen que nadie experimenta en cabeza ajena, y es cierto,  cada persona tenemos el derecho a probar, a equivocarnos y a vivir nuestras propias experiencias, buenas y malas, aunque a veces, las equivocaciones pueden pagarse muy caro y eso, generalmente lo aprendemos tarde.

No obstante, si estamos informadas y escuchamos las experiencias de otras que han pasado por situaciones similares, podríamos pensar dos veces las cosas antes de hacerlas. Y por eso, en esta ocasión, quiero compartir algunos detalles de mis propias experiencias, ya que además de servirme como un ejercicio de auto-reflexión, también deseo hacer notar que  por ninguna razón (mucho menos en nombre del "amor") deben tolerarse ni permitirse aquellas actitudes o comportamientos que nos denigren. 

Las pregunta son: ¿hasta dónde se debe llegar en “nombre del amor”?, ¿Es válido perder la dignidad, el orgullo, el esfuerzo por superarse y todas las cosas por las que se ha luchado por construir toda la vida a cambio de algunas migajas de amor, de atención o, simplemente, por no estar solas? 

Recordemos que el amor construye, no destruye. El amor está fundamentado en la dignidad y el respeto mutuo. Además, usualmente las mujeres con una sana autoestima y estabilidad emocional son las que llegan a tener relaciones sanas, equitativas y libres. Sin embargo, no lo logra el que es celoso en extremo, ni el que posee en lugar de amar, ni tampoco aquellas que se someten o permiten que vulneren sus derechos. Es importante mencionar que la violencia emocional, psicológica, verbal, económica y sexual dentro de las relaciones de pareja, cada vez se presenta en mujeres de edades tempranas. Hay estudios que revelan que desde los 14 o 16 años ya hay violencia de todo tipo en contra de las jóvenes a manos de sus parejas. 

Por tanto, en este artículo develaré 14 anécdotas sobre las cosas que hice por ¿“amor”? Cabe mencionar que, afortunadamente, no tuve muchas relaciones "amorosas" en mi vida, pero fueron las suficientes para poder convencerme de que las cosas que hice no fueron por amor, sino por idiota, aunque agradezco haberlas sobrevivido, pues aprendí que el amor verdadero es todo lo contrario a lo que a continuación se verá... un amor verdadero es libre, constructivo, muto y respetuoso.

Recomiendo que analices si esta lista contiene verdaderas aberraciones, y que pienses en otras que tú misma hayas cometido o, tal vez,  estés cometiendo dentro de tu relación de pareja. Lamentablemente, muchas mujeres todavía no se dan cuenta que aman de forma equivocada y están a punto de salir muy lastimadas debido al erróneo concepto de lo que hemos dado en llamar amor.  

IMPORTANTE: 
  • Cada tópico  puede relacionarse con otro u otros más de la lista. 
  • En cada rubro se incluye una anécdota personal, con el fin de ejemplificar y complementar lo que se explica en cada punto.
  • Por último, recordemos que no debemos generalizar: 1) no todos los hombres son iguales y 2) cada situación es diferente, por lo tanto, nos toca a cada una de nosotras reflexionar objetivamente sobre nuestros conceptos e ideas sobre el amor y, sobre todo, hacer una profunda revisión de la relación amorosa que  actualmente tengamos. 
ANECDOTARIO

1. Dejar de Trabajar o de Estudiar. Rechazar un trabajo ó un viaje: 
Muchas mujeres, cuando creen haber encontrado al “amor de su vida”, dejan de lado sus propios sueños por seguir o impulsar sueños ajenos. Dejar atrás una oportunidad como un nuevo trabajo o un viaje, simplemente porque la persona que nos “ama” nos lo pide, con el pretexto de “no alejarse” o de “extrañarse”. Esta es una de las situaciones más egoístas que pueden existir, pero además, debe ponernos en alerta para evitar caer en manipulaciones. Las oportunidades nunca vuelven, mientras que las personas van y vienen. El amor verdadero no es egoísta.

ANÉCDOTA: Cuando conocí al verdugo con el que me casé y con quien duré casi 20 años, yo era una joven que comenzaba a abrirse camino en el mundo profesional y laboral. En ese entonces mi mayor logro había sido conseguir un trabajo en una firma reconocida de contadores, donde de inmediato comencé a realizar viajes de trabajo por el interior del país. Viajar me permitió experimentar muchas cosas nuevas: enfrentar ciertos miedos, conocer gente nueva y lugares que, aun en circunstancias laborales, me hicieron madurar de varias formas, aprendí lo duro que era estar lejos de mi familia, entre otras cosas. Trabajar y viajar me llenaban de satisfacción y de mucha emoción, pues eran mis primeros pasos hacia la superación profesional y personal. Además, fue justamente en ese trabajo, donde conocí a mi verdugo. Sin embargo, cuando la relación comenzó a darse, lo primero que él me “sugirió” fue que dejara los viajes definitivamente. Simplemente, un día dijo:

-“Si en verdad quieres que esta relación funcione, tendrás que dejar de viajar, pues así tendrás más tiempo disponible para que estar conmigo, sino, no veo que esto funcione”.

¡GRAN MANIPULADOR DESDE EL PRINCIPIO! Reconozco que mi primera reacción fue de incredulidad y confusión ante su “sugerencia”, pues algo en mi interior me decía que viajar por motivos de trabajo no era un impedimento para entablar una relación que apenas empezaba. No obstante, la presión se hizo insoportable: .Discusiones, pleitos, la aplicación de la ley del hielo (práctica recurrente de mi verdugo y de la cual era un verdadero experto), entre otro tipo de manipulaciones. Las discusiones por ese tema se convirtieron en un martirio,  hasta que finalmente, accedí… No solo dejé de viajar, sino también renuncié a mi trabajo en aquella firma. 

… Pero no todo quedó ahí, pues al someterme por primera vez a la voluntad caprichosa de mi verdugo, abrí la puerta a una serie de otros caprichos que se volvieron interminables, pues poco a poco fueron apareciendo otros comportamientos donde imperaban siempre sus deseos y sus decisiones, ya no solo me sugería lo que tenía que hacer o no hacer, sino que de pronto,  ya eran exigencias, prohibiciones, controles, invasiones a la privacidad, entre muchas cosas más. 

Proliferan los casos en los que una mujer deja sus estudios o el trabajo por dedicarse a cuidar la relación o el hogar, y ese es un gran error. El estudio es casi la única forma que tiene un ser humano de sobresalir en la sociedad, y aunque los estudios no lo son todo, sí son una parte vital de la superación humana. Por otro lado, el trabajo dignifica a las personas, y a las mujeres nos hace independientes, fuertes y seguras. Nadie nunca debe dejar atrás su formación por ir detrás de nadie. 

2. Ceder sin negociar. Las prohibiciones: 
Cuando se está en una relación se comienzan a tomar decisiones tomando en cuenta a la pareja, ya que las acciones de uno afectan al otro. Tomar estas decisiones requiere que cada uno ponga de su parte y no que todas las cargas recaigan en una sola persona, pero lastimosamente lo que mayormente ocurre es lo contrario. 

ANÉCDOTA: Recuerdo que durante mi matrimonio, el verdugo  pasó gran parte de su tiempo y de su vida, controlándome hasta por lo  que comía, pues temía que yo engordara, así que invertía gran cantidad de su tiempo en indicarme qué debía comer, la cantidad que debía consumir y hasta las horas en que debía alimentarme. Cuando salíamos a comprar la despensa, resultaba que sólo él sabía lo que necesitábamos, así que si yo ponía algo en el carrito, él tenía que revisar y aprobar la mercancía. Siempre dijo:

-“Yo sé más que tú lo que necesitas hacer en la vida, porque tú no sabes lo que quieres, mucho menos lo que es mejor para los dos, así que tratándose de esta relación, solo tienes que hacerme caso“

Y, vergonzosamente, así lo asumí desde el inicio de la relación, luego pasaron 20 largos años, en los cuales, él se dedicó a controlar, exigir, sugerir, opinar y, sobre todo, a decidir por él, por mí…por los dos.

Pareciera que hay novios o esposos que vienen integrados con una lista de “cosas que podemos y que no podemos hacer”. ¿Cómo distinguirlos? Por lo regular, les encanta usar imperativos: “NO QUIERO que seas amiga de este tipo”, “Si vas a salir, TIENES QUE avisarme a dónde vas” , “NO DEBERÍAS vestirte de esa manera”. O también usan argumentos como: “Tú eres mía nada más”, “Me preocupa lo que te pase”, “Eres tontita” o “Tú haces lo que yo digo”, y que son algunas de las agresiones típicas con las que comienza la violencia. Este tipo de  especímenes  buscan tenerte controlada porque en el fondo piensan que no querrás permanecer a su lado por voluntad propia, pero así no funciona la vida y, especialmente, las relaciones sanas. La gente que se ama, se comunica dando opiniones, no órdenes.

Las relaciones no son un colegio, no hay un código de conducta ni un sistema de premio y castigo. Existen reglas tácitas en toda relación, cosas que uno sabe y que intuye, pero que también se van aprendiendo con el tiempo y con la convivencia.  Pero nadie, debe decirnos qué hacer o cómo ser. 

3. Llorar: 
Aunque algunos tontos románticos digan que llorar por amor es la acción más sublime, en realidad, el amor verdadero no duele ni causa sufrimiento, mucho menos, lágrimas de dolor generado por personas que no saben amar.

ANÉCDOTA: Si en determinada época hubiera escuchado aquella frase que dice: “Si lloras más de lo que ríes, definitivamente no es amor, es otra cosa. Aléjate”, hoy no estaría escribiendo estas lamentables anécdotas (bueno, de algo tenía que servir no haberme alejado en su momento). Pero haciendo un recuento, puedo asegurar que derramé lágrimas de dolor por cualquier cosa, menos por “amor”. Pude llorar infinidad de veces por idiota, por culpa, por miedo, por aquellas falsas alegrías que me causaban las “reconciliaciones” (y que en realidad solo eran parte de un ciclo de violencia), y por muchas otras cosas más, pero en realidad nunca por “amor”. Y en este sentido, también debo reconocer que aprendí a no llorar, a soportar en silencio muchas cosas que, por salud emocional, debí gritar.

Pero el hubiera no existe, y es precisamente lo que pretendo transmitir a otras mujeres, sobre todo, a las jóvenes, a las que apenas comienzan a dar sus primeros pasos dentro de las relaciones de pareja. Sépanse que el amor no es fácil de reconocer, pero una cosa es segura, si lloramos por alguien que nos hace sufrir, entonces NO es amor, es porque permitimos que abusen de nuestros sentimientos. 

4. Sacrificarse: 
Cuando nos vinculamos en una relación, las mujeres solemos recurrir a la abnegación que, según el diccionario, es el sacrificio o renuncia voluntaria de una persona a pasiones, deseos o intereses en favor del prójimo. ¿No es así? A las mujeres  nos enseñan a sacrificar muchas cosas de vital importancia, por “amor” y por el ser amado. 

ANÉCDOTA: Cada vez que yo intentaba realizar un sueño, por sencillo que fuera, siempre fui relegada por otras prioridades. Así que no me quedaba más remedio que “sacrificar” mi sueño para darle lugar a otras cosas que, según el verdugo, “sí tenían importancia”. Cuando quise estudiar otra carrera, tuve que abandonarla porque “era mejor ocupar el dinero y mi tiempo en otras cosas”; cuando quise dedicarme a realizar trabajos manuales como la técnica de vitrales o el decoupage, también tuve que abandonarlos por las mismas razones; y lo mismo sucedió cuando propuse abrir un negocio de adornos con flores secas (técnica que aprendí a través de libros que compré a escondidas del verdugo y en cursos gratuitos online), y a pesar de que  los gastos eran mínimos,  la respuesta siempre fue un rotundo NO. Siempre había otras prioridades, y nunca fueron las mías. Fue así que, poco a poco, abandoné cada una de mis ideas, de mis sueños, de mis anhelos….

Sacrificar no es sinónimo de amar, es resignarse a una forma de vida llena de desinterés y sin motivaciones. Quien de verdad ama, impulsa a su pareja para que cumpla sus sueños, o al menos, la motiva a intentarlos, pero NO mutila ni coarta sus ilusiones ni sus ganas de emprender algún proyecto. En la medida de sus posibilidades, la apoya y la ayuda a conseguirlos. Así que no pienses que el sacrificio forma parte del amor, esa idea es un mito que promueve el amor egoísta

5. Tolerar Sin límites: 
Este comportamiento es, tal vez, el que realizamos las mujeres de forma más recurrente y natural en nombre del “amor”. 

ANÉCDOTA: Indiferencias, silencios impuestos, caras, malos modos, comportamientos volubles, desprecios, burlas, bromas hirientes y hasta tener que cumplir en la intimidad cuando YO no tenía ganas, son cosas que toleré, cosas a las que no puse límites y que, por tanto, fueron tornándose más complicadas y muchas veces más difíciles de soportar con el paso de los años. 

Es claro que existen gran cantidad de conductas que le toleramos a determinada gente, y a otras no. Por ejemplo, ¿Cuántas veces hemos reclamado ciertas actitudes prepotentes de alguna persona que se le ocurre levantarnos la voz en la calle, o porque alguien se nos cerró en el coche? Sin embargo, la cantidad de veces que nuestro “amado” nos levanta la voz es probablemente incontable e, increíblemente,  nos quedamos como si nada. Luego sigue un grito, un insulto, un engaño y muchas cosas más que si TOLERAMOS SIN LÍMITE, entonces todo irá empeorando sin límite también. 

Poner límites dentro de una relación puede parecer difícil, pero no es imposible, al contrario, es imprescindible que lo hagamos y que aprendamos a decir NO cada vez que lo consideremos necesario.

6. Someternos a la voluntad del otro: 
Permitimos que nos controle, que nos manipule, que nos prohíba, que invada nuestro espacio y nuestra intimidad. Él puede alegar que es por preocupación o porque sabe lo que nosotras necesitamos… pero ¿quién más que nosotras sabemos lo que necesitamos o lo que queremos?, y si no es así, pues entonces podremos equivocarnos libremente, pero sin dejar de hacer, de pensar o de elegir libremente lo que nosotras queramos o anhelemos. 

ANÉCDOTA: El verdugo se caracterizaba por ser un perfecto controlador, pero además, era muy avaro. Siempre impuso reglas para todo, incluso para comprarme una o dos piezas de ropa (lo que ocurría cada año), y eran las siguientes:

Él me acompañaría al centro comercial para escoger, por ejemplo, un pantalón. Para poder adquirirlo, en primer lugar, no debía salir de determinado presupuesto que él fijaba y, además, debía probármelo y mostrárselo para que él diera su visto bueno.   Si mi talla era 5, entonces debía comprar los pantalones en talla 9, para que no me quedaran “pegados”, pues yo ya era una señora casada, y no tenía porque andar provocando situaciones indeseables. (?)

Las condiciones anteriores, entre otras más que iban apareciendo, debían llevarse a cabo al pie de la letra, según su voluntad, porque en caso contrario, entonces me olvidaba del pantalón nuevo. Y así lo hice siempre, me sometí a su voluntad hasta para mis cosas personales….debieron haber visto mi ridícula apariencia cuando salía a la calle con los pantalones dos tallas más grande de lo que realmente usaba.

NADIE tiene el derecho de decidir por nosotras y, nosotras, no debemos someternos a las decisiones ni a la voluntad de NADIE….ESO, DEFINITIVAMENTE,  NO ES AMOR.

7. Dejar de lado familia y amigos: 
Tal vez a veces pienses que desde que empezaste a salir con tu pareja, ya no mantienes contacto cercano con tus amigos o con tu familia. Si es así, posiblemente se deba a que tu pareja te ha metido en la cabeza ideas como que ellos no son tan confiables como pensabas y que si hay alguien que quiere tu bienestar es ÉL y ÉL cree realmente que ellos no te hacen bien, que no son una buena influencia para ti…así que lo mejor es que ya no les hables tanto.

ANÉCDOTA: Si algo tienen en común las relaciones que tuve a lo largo de mi vida, es el hecho de haber alejado de mi entorno a ciertas personas que, de una u otra manera, eran importantes para mí, desde viejas amistades hasta personas que fueron apareciendo en el camino. Cada relación que tuve, desde la adolescencia, estuvo marcada por una característica: debía alejarme de la gente más cercana, querida o importante para mí. Accedí a alejarme de personas que sí valían la pena, con tal de complacer a quienes no valían nada. Sí, permití que otras personas eligieran mis amistades y hasta mis momentos de esparcimiento, con el pretexto de que ya no necesitaba a nadie más, que solo debía ocuparme de “mi nueva vida” (eso realmente significaba que YO debía estar disponible solo para el sujeto en cuestión) 

Si esa situación te suena conocida, lamento informarte que ese hombre que dice preocuparse por ti, es un gran maestro de la manipulación: te convence de que la gente que te rodea no quiere lo mejor para ti para que así lo tengas a él como único apoyo y sustento. 

Muchas mujeres hemos creído que estar enamoradas significa que la vida debe girar en torno a otra persona, así nos entregamos en cuerpo y alma hasta invisibilizarnos. Permitimos que nos manipulen y nos alejamos de aquellos que realmente nos quieren, para dedicar todo nuestro tiempo a una persona que, en realidad, no nos ama y quien nunca valorará todos los sacrificios que hayamos hecho. La familia y los amigos son las personas más valiosas que existen en la vida de cualquier persona, son los únicos que siempre nos brindarán su apoyo incondicional en cualquier circunstancia, nos prestarán su hombro para llorar, su casa para refugiarnos cuando sea necesario y nos darán aliento para seguir adelante. En cambio, muchas veces preferimos dedicarnos a vanagloriar a un perfecto desconocido. Si en estos momentos tú prefieres estar con tu pareja, olvidando a tus seres queridos, te sugiero que hagas un alto en el camino y replantees el tipo de relación que mantienes con él. 

El aislamiento es la típica estrategia de los abusadores, su finalidad es quitar la posible red de apoyo a la que la victima pueda recurrir en ciertos momentos, y de esta manera convertirla en dependiente emocional de él. Que se te quede bien grabado en la cabeza que alguien que te ama, buscará incluirse en tu mundo, no sacarte de él.

8. Arrastrarse, perder la dignidad y el orgullo:
No olvidemos que la dignidad es uno de los tesoros más preciados que tiene el ser humano, principalmente, las mujeres, y perderla por alguien que no vale la pena, es la mejor forma de demostrarle al mundo la falta de inteligencia. 

ANÉCDOTA: En otros artículos he  narrado brevemente las imperdonables veces que me humillé en nombre del amor. Lo confieso, muchas veces, tuve que hincarme ante mi verdugo para implorar un perdón, para disculparme por haber cometido alguna "falla" o por no haber cumplido las órdenes o indicaciones que él imponía. 

Tristemente, en estos espacios, he sabido por correos, mensajes y por boca de muchas mujeres, que hay muchísimos casos desafortunados, en donde las mujeres se arrastran hasta tal punto que pierden toda la dignidad con tal de permanecer con alguien, al final terminan devastadas por haber entregado todo a costa de nada.  PERDER LA DIGNIDAD tampoco tiene que ver con el amor.

9. Permitir coqueteos con otras mujeres (y hasta infidelidades): 
Debe quedar muy claro que el hombre que esté contigo, debe respetarte y darte tu lugar, por muuuy encantador que sea para otras mujeres. Su verdadero encanto consiste en el respeto y el amor que te demuestre.

ANÉCDOTA: Honestamente, nunca experimenté de forma abierta una infidelidad por parte de una pareja, o al menos, nunca me di cuenta; no obstante,  ahora que lo pienso, tal vez hubo señales, pero seguramente mi subconsciente prefirió ignorarlas. Pero si alguna vez hubiera tenido que vivir una dolorosa experiencia donde reinaran la traición, el engaño, la burla y el abandono eventual, posiblemente lo hubiera enfrentado para defender la dignidad que me quedaba y, creo,  nunca lo hubiera perdonado. Sin embargo, no puedo asegurarlo, porque las cosas no se presentaron de esa forma. Aclaremos que la decisión de perdonar o no una infidelidad es personal, pero lo que realmente se cuestiona aquí es el hecho de quien provoca la atención de otras mujeres de manera descarada. Porque una cosa es ser simpático y encantador, y otra que nuestra pareja coquetee y flirtee abiertamente con otras mujeres. Y eso sí lo viví (por eso no dudo que alguna vez el verdugo haya aprovechado cualquier oportunidad para cometer una infidelidad). 

A pesar de que el verdugo dista muuuucho de ser un Adonis (hay que reconocer  que nunca fue un tipo guapo, ni siquiera atractivo, tampoco simpático y mucho menos encantador), muchas veces lo sorprendí sonriendo y mirando lascivamente a las mujeres jóvenes que se le cruzaban por el camino. Tomaba actitudes ridículas, como de “modelo de 4ª. generación", y así iba por la calle,  observando directamente a cada mujer que se le atravesara, o bien, también lo hacía a través del retrovisor del auto. Muchas veces lo sorprendí guiñando el ojo derecho, porque el izquierdo se le iba, a través de aquellos gruesos lentes que utilizaba para su miopía. Nunca le importó que yo, o nuestra hija, estuviéramos presentes mientras él coqueteaba abiertamente. Sí, hubo reclamos y pleitos por esa razón, pero su cobarde argumento siempre fue:

“ Lo que pasa es que eres muy celosa, ¿qué quieres que haga, si son ellas las que me ven y me sonríen?, ni modo que yo me quede como si nada”

No, no eran celos, solo pedía un poco de respeto y que, de haber sido un verdadero hombre, no hubiera tenido que pedírselo. 

Y así como el verdugo se justificaba (y me culpaba de sus acciones),  hay infinidad de absurdos pretextos que algunos sujetos utilizan para excusar su comportamiento, como por ejemplo: “¿Pero acaso no confías en mi?”, o “Así soy, es parte de mi personalidad”, o “Te imaginas cosas”, entre otras cosas. En cualquier caso, todos los argumentos tienden a justificar y naturalizar ese molesto comportamiento. Y lo peor es que una empiezas a creer que tiene razón, que él no tiene la culpa de ser tan encantador, que lo más seguro es que  exageramos y que, en efecto,  ser celosas puede hacernos ver como  mujeres desquiciadas e inseguras. Pero no es así. Este tipo de sujetos, entran al campo de la manipulación, porque su coqueteo no es solo un gusto por la atención de otras mujeres, sino también un arma para torturarnos y generar drama. 


Hay que recalcar que aguantar coqueteos o infidelidades nada tiene que ver con el amor. El amor no se comparte, y mucho menos a costa de la dignidad. Las personas con baja autoestima pueden llegar a permitir este tipo de situaciones, pero nadie merece pasar por esto.

Nadie, apréndelo bien, nadie nunca será tu verdadero amor si al estar contigo necesita estar al mismo tiempo con alguien más. Eso no lo mereces.

Pensemos ¿qué tal cuando es al revés? Cuando ellos tienen la menor sospecha de que las mujeres estamos coqueteando (muchas veces solo lo imaginan), de inmediato nos tachan de zorras, fáciles, provocadoras…. ¿No es lo mismo, verdad? 

10. Aceptar migajas de amor: 
Este punto tiene que ver con los anteriores, pues al permitir los controles, las humillaciones, el aislamiento, la indiferencia y todo lo demás que ya hemos tocado, es porque hemos estado dispuestas a recibir migajas de amor o, en otras palabras, nos esforzamos por permanecer en relaciones que no valen la pena porque no nos aportan nada positivo en nuestras vidas, y lo importante es aprender a detectarlo a tiempo, y no cuando hayan pasado años de entrega sin que valiera la pena. 

ANÉCDOTA: ¿Saben cuándo escuché algún Te quiero,  Te necesito o, al menos, un: ¡Qué bien te ves hoy!?... NUNCA. Las veces que yo necesitaba escuchar alguna linda palabra, tenía que preguntar: ¿Me quieres?, ¿Crees que me queda bien este vestido o mejor lo cambio? A mis preguntas, siempre obtuve monosílabos o el clásico: Si ya lo sabes, para qué preguntas. Es obvio que te quiero porque aquí sigo, no lo crees?

No, eso solo fueron migajas con las que tuve que conformarme.  

Sin atenciones, detalles, demostraciones cariñosas ni palabras que nos motiven a seguir en una relación, ¿para qué estar con alguien?. No se vale afirmar “Es frío, pero sé que me quiere” o “Yo sé que va a cambiar y me va a demostrar lo mucho que me ama” Tampoco significa que queramos halagos y empalagos todo el tiempo, pero hay que destacar que ni la frialdad ni la indiferencia son parte de un verdadero amor. Si tu pareja no te demuestra con hechos, acciones, palabras y actitudes el respeto, el amor, la pasión y la confianza que te tiene, entonces mejor aléjate de él, solo pierdes el tiempo.

11. Permitir las escenitas de celos:
Los celos no son muestras de amor, todo lo contrario, son claras demostraciones de inseguridad por parte del celoso, de desconfianza, y sobre todo, son tácticas para controlar y someter a la pareja.

ANÉCDOTA: Al respecto, puedo contar una experiencia que viví con un novio que tuve en la adolescencia y que, por cierto, va de la mano con un tema denominado SEGUNDAS PARTES NO TIENEN NADA NUEVO QUE APORTAR, el cual será tratado en un próximo post, pero por lo pronto me enfocaré al tema de los celos. Hace casi 28 años, cuando era una adolescente, tuve un novio, el primero, quien padecía de varios males (reconozco que en aquel entonces no pude percatarme de ellos), pero hoy sé que se denominan celotipia y agresividad. Imagino que durante algún tiempo dio señales de su comportamiento y de sus  celos enfermizos, pero siendo joven e inexperta, no les di la importancia que en realidad  tienen. Un día, me encontró platicando con un compañero en la explanada de la preparatoria a la que yo asistía, y en la que siempre había decenas de estudiantes caminando o descansando de las clases. El compañero y yo acabábamos de encontrarnos por casualidad y solo habíamos cruzado un par de palabras, cuando de pronto, sin percatarme de la presencia de quien fuera mi novio,  sentí un fuerte empujón que casi me estrella contra una pared cercana. Confundida por el golpe, giré la cabeza hacia el lugar donde había estado parada segundos antes, y pude ver al sujeto agresor (mi novio) pateando con todas sus fuerzas a mi compañero de escuela. Los estudiantes que se encontraban por esa área, se acercaron para ver lo que sucedía…gritaban que se detuviera, pero el agresor continuó golpeando y pateando al pobre muchacho que se encontraba tirado en el suelo. Paró hasta que un par de profesores se lo llevaron para reportarlo con el Director del Plantel, mientras el otro chico era llevado a la Enfermería. 

Debo decir que me sorprendió mucho la reacción de quien fuera mi novio, quien nunca dejó de culparme por provocar lo que él había hecho.  Esta experiencia pasó inadvertida durante mucho tiempo en mi vida, hasta que muchos años después volví a encontrarme con ese sujeto (sí, con el novio agresor), pero como dije antes, ese capítulo de mi vida lo contaré en otra ocasión

Por lo pronto, sépanse que si llegan a caer en las garras del “amor”, tengan mucho cuidado en no caer en las garras de la estupidez, porque una cosa es amar y otra muy diferente es permitir abusos y malos tratos.

12. Dejar todo atrás:
Muchas mujeres olvidan que son seres que han trabajado por lo que tienen, que han luchado cada día de sus vidas por llegar a ser lo que son, como para, de un día para otro, dejar todo por estar con alguien que, muchas veces, no vale la pena. 


ANÉCDOTA: Dejar atrás todo lo que se es y lo que se tiene por una persona es tal vez una de las cosas más descabelladas que se puedan hacer. Y en este punto, retomo el caso que vimos en el tópico 1, cuando abandoné mi trabajo, los viajes o el del punto 7, al permitir aislarme de mis amistades. ¿Acaso vale la pena abandonar todo por lo que se ha luchado, los ideales, las amistades o los proyectos que uno va construyendo a lo largo de la vida, solo por estar con alguien que no nos valora?

Valora lo que tienes y, sobre todo, valora lo que eres, nadie nunca valdrá tanto como para que dejes atrás tu vida por vivir una vida ajena.  Dejar todo atrás por alguien, nunca valdrá la pena. 

13. Que te haga sentir menos:
Humillar y denigrar es la especialidad de cualquier tipo inseguro que se haya creado una imagen de superioridad, que sea narcisista, pero principalmente, son las actitudes típicas de todos aquellos con comportamiento machista. Hay formas de hacer sentir menos a alguien, desde comportamientos muy sutiles hasta formas muy extremas encaminadas a anular la identidad de la víctima, muchas veces, con consecuencias fatales.


ANÉCDOTA: Cosas y actitudes que se vuelven cotidianas como la indiferencia, la omisión de algunas obligaciones, las inexplicables ausencias, las frases usadas para minimizar, los sarcasmos y las palabras o expresiones con la intención de molestar y sobajar. Y lo ejemplificaré con lo siguiente: Muchas veces, mi opinión acerca de las cosas del hogar o de la hija eran anuladas de forma tajante (delante de quien fuera) con frases como: “Tú no sabes, chaparrona” (sí, así solía llamarme debido a mi baja estatura, por lo que la agresión era doble, pues me anulaba y me ofendía en una misma frase). Recuerdo una vez cuando apenas teníamos 6 meses de casados y nos encontrábamos en casa de su madre (siempre se le ocurría lucirse con su familia), y esa vez no fue la excepción. Frente a todos, ordenó: ¡Plánchame esta camisa!. A pesar de que eso era parte de los quehaceres que yo hacía, no me gustó la forma en que lo exigió (al menos, un por favor). Así que no me moví. Su madre, al ver la actitud prepotente de su hijito y al notar que me quedé impávida, le dijo que se pusiera otra y, al ver su insistencia, se propuso para plancharla ella. De inmediato, él la paró en seco y dijo: ¡NO… que la planche ella, ese es su trabajo y ni siquiera lo hace muy bien, así que déjala que aprenda!” No tuve más remedio que levantarme delante de todos los presentes, dirigirme a una mesa y planchar la camisa. Pero no fue suficiente, tenía que lucirse aún más, así que cuando se la entregué,  la botó 1, 2 y hasta 3 veces, pues según él, no quedaba bien. Gritó lo que quiso y, finalmente, se la puso pero de forma inconforme y haciéndome sentir la mujer más inútil del planeta, pero también, la más humillada en ese momento. 

Mujer, seas como seas, cualquiera que sea tu físico, tu forma de ser, de pensar, tu oficio, tu nacionalidad, tu edad, tus ideas, tus gustos y todo lo que te haga ser tú misma, debes recordar que NADIE tiene el derecho de hacerte sentir menos, porque, simplemente, no lo eres. Nunca agaches la cabeza por nadie, ni permitas que te denigren por cosas que hayas hecho o dicho, nadie es perfecto, mucho menos, aquel que dedica su tiempo en humillarte y en sobajarte. Piensa: ¿por qué dedica tanto tiempo en hacerte sentir inferior?  Porque no lo eres, el inferior es él, lleno de inseguridades y miedos de los cuales cree alejarse cada vez que te humilla y porque solo así puede sentir que vale algo…. 

Aléjate de quien no te valora, porque solo estás perdiendo tu tiempo y tu energía en alguien que no vale nada. Aprende a quererte y valorarte a ti misma, para que no necesites el visto bueno de nadie. 

14. Que te dé donde más te duele:
El amor te hace vulnerable, te abre, te hace sentir en confianza y eso a su vez te lleva a compartir aquello que te duele, que te marcó, tus miedos y debilidades. Lo compartes porque sientes que esa persona va a cuidar de esa información. Pero muchas veces no es así.

ANÉCDOTA: Cuando recién conocí a mi verdugo, tuve la idea de que era la persona ideal y en quien podría confiar mis más íntimos secretos, darle toda la confianza y abrirme sin tapujos, pensé en ser transparente y no tener secretos con él, así que lo llené de información sobre mí… no le costó trabajo descubrir mis debilidades ni mis lados vulnerables, pues yo misma me abrí de forma absoluta… ¡ERROR FATAL! Cada vez que había una discusión, o intentaba chantajearme para conseguir algo, siempre sacaba a relucir mis errores, mis secretos y mis debilidades

Hay sujetos en los que no se debe confiar, pues en el momento más inoportuno pueden sacar frases como: “bueno, tal vez si no fueras tan complicada, tu ex no te hubiera dejado” o “Tanto te quejas de tu madre y eres igual a ella”.

Alguien que juega con tus debilidades para manipularte y que las usa a su favor, es una persona que no está en una relación sino en una competencia. Las personas que te quieren nunca te hacen daño deliberadamente, están ahí para cuidar de ti, para protegerte, no para lanzarte a los leones.


MUJER:


El amor no está compuesto por nada de lo anterior y cualquiera que busque convencerte que sí, está apelando a que seas lo suficientemente estúpida como para no darte cuenta. Está en ti, entonces, probarle lo contrario.Cuando el amor es verdadero, no es válido hacer sacrificios, ni tampoco tenemos la obligación de dar muestras de “amor” cuando sean a costa de nuestros principios, valores, gustos, necesidades ni nada que implique un esfuerzo supremo. 

El extraordinario escritor y terapeuta,  Walter Riso, afirma que el amor tiene límites. Tu dignidad, tu integridad, tus principios, tu realización y tu felicidad deben estar por encima de cualquier relación. Si alguno de estos puntos se ve afectado, es imprescindible  actuar de acuerdo a la siguiente expresión: "Te amo, pero te dejo porque no le vienes bien a mi vida".  No es fácil dejar a quien amas, pero si sabes amar con independencia y sabes amarte a ti misma, sabrás poner por encima del amor tu vida, tu felicidad, tu autorrealización, y tendrás la valentía para dar ese gran paso.

Tenemos que liberarnos de las creencias absurdas sobre el amor que limitan nuestro crecimiento personal. Cosas como que ‘amar implica renunciar a la propia identidad’. Debemos crear un vínculo de amor saludable y sin ataduras a través del cual cada quien pueda darle impulso al desarrollo de su libre personalidad, a pesar y por encima del amor.



FUENTES:


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