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jueves, 18 de mayo de 2017

¡MIS 50 AÑOS!: 13 razones para darles la bienvenida





Recuerdo que cuando era niña, digamos que desde los 7 años hasta mi adolescencia, solía pensar que las personas a partir de los 30 años ya eran “viejas” (sí, una idea infantil o muy absurda). En esos tiempos veía taaaan lejano llegar a esa edad, que me parecía que nunca iba a cumplirlos.

Sin embargo, cuando cumplí los 30, me pareció haberlos alcanzado demasiado rápido…


A los 30 yo ya tenía casi 6 años de casada; una hija de 5; me dedicaba 100% a mi hogar, a mi marido y al cuidado y desarrollo de mi hija y de mi entorno familiar. Éramos una familia “convencional”, con metas, con sueños, y con problemas para salir adelante, sobre todo en el aspecto económico. Vivía en mi “mundo perfecto”, creyendo que esa vida (en la que muchas veces la violencia estuvo presente), era la ideal. Era la vida que yo había visto en mi infancia y que, por lo tanto, era la que debía vivir y salvaguardar a costa de todo. Mi marido y mi hija eran mi única prioridad.


Y fue justo a mis 30 cuando él un día se quedó sin trabajo. Inesperadamente fue despedido, al grado que de la noche a la mañana nos vimos sin ninguna clase de ingresos y con la responsabilidad de subsistir y de sacar adelante las deudas, pero principalmente a nuestra pequeña hija. Sí, fue una época bastante difícil, pues él ya no era ningún jovencito, por lo que tardó mucho tiempo para conseguir un nuevo empleo. 

...Y ante tantos problemas, presiones y pendientes por resolver en aquella época, mis 30's  pasaron inadvertidos. Ni siquiera los noté. No obstante, como suele suceder, pudimos superar esa etapa (como otras más que subsiguieron).  De esta forma, el tiempo pasó, pasó, pasó… 

...  y el próximo domingo 21 de mayo cumpliré 50 años (¡medio siglo de vida!)


¿Cómo se fue el tiempo tan rápido? En retrospectiva, al unir los puntos de mi historia, y analizando todo con la mayor ecuanimidad posible, concluyo que esta ocasión no es motivo para reir, llorar y mucho menos para angustiarme (o tal vez sí haga un poco de todo, siempre y cuando no me estanque en un solo estado de ánimo), lo importante es reconocer que, después de todo,  estoy en el punto exacto  donde debo estar. 

Confieso que nunca había planeado, ni tampoco imaginé, la vida que tendría ni que me encontraría justo en este punto, pues nunca fui de esas personas que “planean” o trazan su vida con objetivos claros y específicos… no, yo siempre me dejé llevar por donde la vida me mostrara un camino. Por ejemplo, cuando terminé la preparatoria, decidí estudiar una carrera universitaria, la cual duró cuatro años, después me titulé y...  prácticamente nunca me dediqué a ella, ¿por qué? porque un día el “amor” se atravesó en mi vida y, casi sin pensarlo, opté por unirme a quien idealicé como “mi compañero de vida”, así que dejé todo lo demás a un lado y prometí, ante todas las leyes terrenales y divinas, que me dedicaría en cuerpo, alma, espíritu y mente a la vida conyugal, la cual, en ese momento, era el sinónimo de mi felicidad.. ¡Qué cursi e ilusa!


Esa decisión que tomé a mis 24 años, me fue llevando a una vida que poco a poco fui descubriendo, al fin y al cabo, nadie sabe qué le espera ni tampoco cómo es la vida junto a alguien; eso se va descubriendo a través de vivir cosas buenas y malas, con experiencias, con alegrías y tristezas, con mentiras y revelaciones, con despedidas, bienvenidas, abandonos, y todo tipo de vivencias que, innegablemente, todas las personas experimentamos en nuestras vidas. 


De la misma forma, a los 43 años y tras una vida conyugal de casi 20 años, un día decidí que ya no quería vivir así, pues me di cuenta que realmente no era feliz.  Abrí  los ojos y fue como si despertara de un largo letargo... fue entonces cuando pude darme cuenta que debía romper cuanto antes con esa relación que lentamente me destruía. 

... ¿Para qué continuar en un matrimonio donde la mayoría del tiempo me encontraba asustada, molesta, o sintiéndome culpable? ¿Para qué quedarme con alguien a quien tenia que  pedirle permiso (o perdón) por cualquier cosa? ¿Por qué estar con una pareja que tomaba el papel de juez y verdugo en lugar de ser un compañero de vida? ¿Por qué no lograba sentirme libre de decidir sobre mi vestimenta o de comer  lo que se me antojara sin tener que solicitar la aprobación del "verdugo"? No, definitivamente esa no era la vida que yo (y creo que nadie) desea. Así que me fui y rompí con esa vida para siempre, dejando las “comodidades”, mis cosas personales, muchos recuerdos, sueños sin cumplir, promesas que nunca se realizaron y sobre todo, dejando gran parte de mi dignidad, la cual fue lo primero que luché por recuperar en cuanto crucé la puerta. 





Y hoy estoy aquí, a punto de convertirme en una orgullosa "cincuentona"… ¿cómo es que llegué a ellos tan rápido? ¿cómo es que he envejecido sin darme cuenta? ¿qué tantos cambios ha tenido mi vida? ¿soy feliz? ¿espero hacer algo trascendental para mi futuro? ¿quiero cambiar algo? Pero la pregunta más importante para mí es: ¿qué he aprendido en todo este tiempo? Muchas preguntas que, a estas alturas, ya no requieren de gran reflexión. 

Y por eso hoy quiero compartir algunos de mis aprendizajes,  las expectativas que pudiera tener en mi medio siglo de vida y, principalmente, las razones por las que espero con ansias mis 50 años. 

Siendo así...


Quiero dar la más cordial y feliz bienvenida a mis 50 años, porque....


1) ...hoy soy capaz de analizar antes de decidir.

Definitivamente ya no dejo que la vida me lleve sin pensar a ningún lado, pero sí espero que la vida me muestre un poco del camino antes de tomar cualquier decisión. 



2) ...ahora sé quién soy, lo que quiero y, sobre todo,  lo que no quiero.

No puedo afirmar que en estos 50 años he sido completamente feliz, de ninguna manera. Estoy convencida que la vida está llena de emociones y sensaciones, buenas y malas, y mi historia no es la excepción. Desde mi infancia hasta el dia de hoy he experimentado situaciones de todo tipo, incluyendo momentos dolorosos y de sufrimiento; he sentido el rechazo,  los fracasos, las traiciones, el miedo, el abandono, el abuso, la injusticia, entre otras cosas, pero entiendo que todo ha sido necesario para poder conocer también las alegrías, la felicidad, los éxitos, la solidaridad, la lealtad, la fortaleza, la persistencia, y, además,  el invaluable valor de la dignidad.  

Es cierto que hay cosas en la vida que no podemos elegir ni controlar, pero hay otras que sí, y es en esas donde trato de enfocarme.  Todo lo vivido, me ha enseñado que no hay nada más importante que vivir el presente, sin miedo a ser como yo soy, le parezca a quien le parezca. 



3) ...aprendí a quererme y a valorarme a costa de todo

Sin duda alguna,  lo más importante que he aprendido con cada una de las experiencias vividas, es a quererme y a valorarme. No, no ha sido fácil, ya que fortalecer la  autoestima requiere de un trabajo arduo, disciplinado y constante. Es un compromiso con una misma, que una vez comenzado, no puede ser postergado ni minimizado.  

Amarse a una misma no tiene fecha límite, es algo que debemos hacer siempre, en todo momento y a costa de lo que sea. 


4) ...soy capaz de poner límites y si la gente se aleja, entonces....¡que se vaya!

Cuando una aprende a amarse a si misma, en automático, se aprende a poner límites y a no permitir cosas, situaciones o actitudes que, quizás,  antes solían pasarse por alto porque parecían cosas “inofensivos” o "irrelevantes",  o bien, porque cuando no se tiene autoestima,  todo se tolera. Irónicamente,  mucha gente (cercana o no), no acepta que uno cambie y mucho menos que se le pongan límites, y cuando notan un ligero cambio en nuestro comportamiento, creen que una exagera y piensan:  "ya se volvió una delicada", "qué payasa", "Uuuuyyy, qué sensible" o nos tachan  de arrogantes. Ante este cambio, algunos deciden alejarse (no soportan vernos fuertes), o tratan de hacer sentirnos culpables y dicen: - “Está loca, quien sabe qué le pasa”-. 

Es lamentable, pero el alejamiento, la culpa y la indiferencia (hasta de aquellos que creí incondicionales alguna vez), son los costos que he tenido que pagar desde que aprendí a valorarme, a defender mi dignidad y a poner límites.  Este aprendizaje ha sido doloroso, pero ha valido la pena.... 


5) ... a esta edad, ya no duele tanto el desapego

Durante estos 50 años he  vivido momentos realmente difíciles, muchas veces creyendo que determinadas personas se quedarían junto a mi dándome apoyo incondicional, sin embargo la vida se encargó de darme algunas sorpresas desagradables... me mostró que no siempre se debe confiar ciegamente en las personas, pues siempre habrá quienes nos den la espalda. Al principio duele, pero sirve  para aprender a soltar, a dejar ir y a respetar las decisiones de los demás. 

Nadie está obligado a quedarse ni a apoyar a alguien, así que respeto a quienes se alejan, y  acojo con calidez y agradecimiento a quienes permanecen a mi lado, siempre y cuando la aceptación, el respeto y la confianza prevalezcan.  


6) ...entiendo que se debe vivir sin esperar nada 

Reconozco que no persigo nada trascendental ni espero dejar mi huella en nadie, solo quiero vivir lo que tenga que vivir, no importa cuánto tiempo, pero quiero hacerlo siendo como soy, disfrutando cada cosa que hago y enfrentando cualquier adversidad con la mayor fuerza, ecuanimidad y valor posibles. 




7) ... aprovecho el presente sin olvidar agradecer al pasado


No cambiaría nada a mi vida; al contrario, adoro la simplicidad, la transparencia, la sencillez y hasta las carencias con las que vivo. Hoy puedo afirmar: Vivo como quiero (y como puedo) vivir. Si quisiera tener lujos, viajes y/o romances, me enfocaría en obtenerlos, pero me perdería de las cosas tan simples que hoy por hoy llenan mi ser, como mi libertad, mi paz, mis ideales, mi tiempo para escribir y para interactuar con otras mujeres, así como del tiempo que ocupo para trabajar en esta causa en la que me inicié hace 7 años, y por mi sueño de crear una gran red de apoyo y de contención a través de nuestra asociación civil, y de otras cosas más que motivan mi existencia. 

Mis errores me han hecho lo que soy ahora, mis fracasos han forjado a la mujer que soy,  así que no, definitivamente no cambio nada de lo que hoy soy y hago....



8) ... amo  y disfruto lo más querido

Algo que deseo seguir fomentando indefinidamente, es el tiempo y las experiencias compartidas con mi hija. Ella es una de las razones principales que alimentan mi dia a dia. Ver cómo se desarrolla y madura cada día en todos sus ámbitos es muy gratificante y maravilloso. Orgullosamente soy testigo de cómo ha crecido y se ha fortalecido tanto como mujer, como trabajadora, como profesional, como persona y como ser humano. No ha sido fácil para ella, pero ha aprendido (como la mayoría de las mujeres), que debe luchar con todas sus fuerzas para conseguir lo que anhela. Que no debe depender ni esperar nada de nadie, porque que al final solo se tiene a ella misma. 

Además, es una luchadora y defensora de la igualdad de género, lo que la hace aún más persistente y resistente. Sé que si sigue por ese camino, más pronto de lo que ella imagina, podrá cumplir alguno de sus tantos sueños....



9) ... aprendí que la "soledad"es una etapa  necesaria para el auto conocimiento...¡y además  la disfruto!

No creo en el amor eterno de pareja (al menos en mi caso). Reconozco que he aprendido a conocerme tanto que ya no soy capaz de encajar en esa idea de lo que es el “amor” -casi siempre mal entendido- como posesión, dependencia, anulación, sometimiento o “eternamente juntos”. 

Hoy lucho por conservar mi libertad, la que tanto trabajo me costó conquistar.


10) ... recuerdo  y agradezco mis raíces


No hay cumpleaños sin agradecimientos. Aunque nunca he dejado de reconocerlo, hoy agradezco muy especialmente a mis padres, porque a pesar de muchas cosas, formaron una familia en la que pude crecer y desarrollarme. 

Hago una mención especial a mi madre, quien como muchas otras madres, dedicó su vida a su hogar, a sus hijas y a darnos el mejor ejemplo que pudo; pero más que nada agradezco su voluntad por levantarme cada vez que caí, por enseñarme que a pesar de todo, la frente siempre debe mantenerse en alto; por mostrarse siempre fuerte y por darme su apoyo cada vez que ella supo que lo necesitaba.  Gracias mamá, por todo lo que me enseñaste.

Pero también, agradezco a todas y cada una de las personas, hombres y mujeres, que se han cruzado por mi camino durante estos 50 años... no importa el tiempo ni las circunstancias por las que hayamos coincidido, simplemente les digo ¡¡GRACIAS!! porque de una u otra forma, formaron parte de una etapa en la que contribuyeron para forjar mi caracter, mi fuerza y en la mujer que soy ahora.


11) ... a estas alturas entiendo que el auto-cuidado cada vez es más importante 

En cuanto a mi salud se refiere, estoy pasando por esa etapa que, aún hoy en día, es considerada por muchas personas (incluyendo mujeres) como algo "siniestro" o "vergonzoso": la menopausia. Y lo digo abiertamente,  desde hace algunos meses comencé con los síntomas que reflejan el cesamiento de aquello que por años me quejé: la regla. Y aunque confieso que esos molestos "cambios hormonales" realmente no los he sentido de forma emocional, solo físicamente, tengo que ser controlada con medicamentos especializados y debo ser revisada periódicamente por mi ginecólogo debido a posibles problemas con mi matriz y con mis glándulas mamarias. 

-"Ya llegaste a esa edad de..."- fue la frase con la que mi médico comenzó a explicarme esta nueva etapa que debo atravesar .  Y sí, sé que este tipo de cosas son naturales, fisiológicas, que se dan con el tiempo  y que cada quien presenta sus propios síntomas y complicaciones, por eso deseo ver esta nueva fase como un paso al cambio y a la evolución,  y no como algo deprimente, porque sea lo que sea, estoy consciente de que soy humana (y que soy mujer) y que nadie tiene la salud ni la vida garantizadas, así que me atengo a lo que venga, mientras tanto como sanamente, hago ejercicio, acudo a mis citas y disfruto el presente.



12) ... simplemente,  no me importa lo que piensen o digan de mi

Y así como con la edad, se presenta la menopausia, los cambios físicos son más que evidentes. Afortunadamente nunca he querido aparentar lo que no soy, y nunca he sido una mujer que se preocupe por lo que los demás piensen o digan de mi, simplemente me he dedicado a vivir cada una de mis etapas de la forma en que he podido. Reconozco que jamás me cuidé de las estrías (esas que salen con el embarazo), ni me cuidé para prevenir la flacidez. Tampoco  hice (ni hago nada)  por retardar los efectos de las arrugas, ni de la resequedad de la piel o del cabello, así que no me quita el sueño saber cómo me ven los demás. 

Lo único que me importa es cómo me siento yo, cómo me gusta verme para mi, quiero sentirme cómoda, fresca, o dependiendo de mi estado de ánimo... si para los demás me veo bien, mal, ridícula o descuidada, no es algo que me importe. Es a esta edad cuando me he atrevido a hacer más cosas que antes (como cuando aprendí Pole-Fitness o cuando tuve que hablar frente a una cámara  por primera vez), lo cual, finalmente,  ha sido muy gratificante.




13) ... ¡estoy lista para cometer nuevos errores!

La vida no termina aquí, ni en ninguna edad en especial; termina cuando dejamos de existir, de soñar, de aprender, de sentir, de amar. Mientras sigamos en este plano, somos vulnerables a todo, y por lo tanto, algunas veces volveremos a equivocarnos. La diferencia es que ahora los errores, fracasos o fallas,  parecen menos azarosos.

En el transcurso de  mi vida he empezado tantas veces desde cero, que si hoy tuviera que volver a hacerlo, con gusto y entusiasmo me levantaría de mi silla y empezaría a planear la forma de hacerlo. Sí, sigo teniendo miedos, preocupaciones y dudas, pero hoy cuento con la experiencia y la fuerza para enfrentarme a lo que sea (o al menos, esa es mi intención), y por tanto, puedo decir con toda confianza y seguridad: ¡aquí estoy!



Finalmente, solo me resta decir: 





... ¡a festejarlos!



((()))


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