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jueves, 18 de mayo de 2017

¡MIS 50 AÑOS!: 13 razones para darles la bienvenida





Recuerdo que cuando era niña, digamos que desde los 7 años hasta mi adolescencia, solía pensar que las personas a partir de los 30 años ya eran “viejas” (sí, una idea infantil o muy absurda). En esos tiempos veía taaaan lejano llegar a esa edad, que me parecía que nunca iba a cumplirlos.

Sin embargo, cuando cumplí los 30, me pareció haberlos alcanzado demasiado rápido…


A los 30 yo ya tenía casi 6 años de casada; una hija de 5; me dedicaba 100% a mi hogar, a mi marido y al cuidado y desarrollo de mi hija y de mi entorno familiar. Éramos una familia “convencional”, con metas, con sueños, y con problemas para salir adelante, sobre todo en el aspecto económico. Vivía en mi “mundo perfecto”, creyendo que esa vida (en la que muchas veces la violencia estuvo presente), era la ideal. Era la vida que yo había visto en mi infancia y que, por lo tanto, era la que debía vivir y salvaguardar a costa de todo. Mi marido y mi hija eran mi única prioridad.


Y fue justo a mis 30 cuando él un día se quedó sin trabajo. Inesperadamente fue despedido, al grado que de la noche a la mañana nos vimos sin ninguna clase de ingresos y con la responsabilidad de subsistir y de sacar adelante las deudas, pero principalmente a nuestra pequeña hija. Sí, fue una época bastante difícil, pues él ya no era ningún jovencito, por lo que tardó mucho tiempo para conseguir un nuevo empleo. 

...Y ante tantos problemas, presiones y pendientes por resolver en aquella época, mis 30's  pasaron inadvertidos. Ni siquiera los noté. No obstante, como suele suceder, pudimos superar esa etapa (como otras más que subsiguieron).  De esta forma, el tiempo pasó, pasó, pasó… 

...  y el próximo domingo 21 de mayo cumpliré 50 años (¡medio siglo de vida!)


¿Cómo se fue el tiempo tan rápido? En retrospectiva, al unir los puntos de mi historia, y analizando todo con la mayor ecuanimidad posible, concluyo que esta ocasión no es motivo para reir, llorar y mucho menos para angustiarme (o tal vez sí haga un poco de todo, siempre y cuando no me estanque en un solo estado de ánimo), lo importante es reconocer que, después de todo,  estoy en el punto exacto  donde debo estar. 

Confieso que nunca había planeado, ni tampoco imaginé, la vida que tendría ni que me encontraría justo en este punto, pues nunca fui de esas personas que “planean” o trazan su vida con objetivos claros y específicos… no, yo siempre me dejé llevar por donde la vida me mostrara un camino. Por ejemplo, cuando terminé la preparatoria, decidí estudiar una carrera universitaria, la cual duró cuatro años, después me titulé y...  prácticamente nunca me dediqué a ella, ¿por qué? porque un día el “amor” se atravesó en mi vida y, casi sin pensarlo, opté por unirme a quien idealicé como “mi compañero de vida”, así que dejé todo lo demás a un lado y prometí, ante todas las leyes terrenales y divinas, que me dedicaría en cuerpo, alma, espíritu y mente a la vida conyugal, la cual, en ese momento, era el sinónimo de mi felicidad.. ¡Qué cursi e ilusa!


Esa decisión que tomé a mis 24 años, me fue llevando a una vida que poco a poco fui descubriendo, al fin y al cabo, nadie sabe qué le espera ni tampoco cómo es la vida junto a alguien; eso se va descubriendo a través de vivir cosas buenas y malas, con experiencias, con alegrías y tristezas, con mentiras y revelaciones, con despedidas, bienvenidas, abandonos, y todo tipo de vivencias que, innegablemente, todas las personas experimentamos en nuestras vidas. 


De la misma forma, a los 43 años y tras una vida conyugal de casi 20 años, un día decidí que ya no quería vivir así, pues me di cuenta que realmente no era feliz.  Abrí  los ojos y fue como si despertara de un largo letargo... fue entonces cuando pude darme cuenta que debía romper cuanto antes con esa relación que lentamente me destruía. 

... ¿Para qué continuar en un matrimonio donde la mayoría del tiempo me encontraba asustada, molesta, o sintiéndome culpable? ¿Para qué quedarme con alguien a quien tenia que  pedirle permiso (o perdón) por cualquier cosa? ¿Por qué estar con una pareja que tomaba el papel de juez y verdugo en lugar de ser un compañero de vida? ¿Por qué no lograba sentirme libre de decidir sobre mi vestimenta o de comer  lo que se me antojara sin tener que solicitar la aprobación del "verdugo"? No, definitivamente esa no era la vida que yo (y creo que nadie) desea. Así que me fui y rompí con esa vida para siempre, dejando las “comodidades”, mis cosas personales, muchos recuerdos, sueños sin cumplir, promesas que nunca se realizaron y sobre todo, dejando gran parte de mi dignidad, la cual fue lo primero que luché por recuperar en cuanto crucé la puerta. 





Y hoy estoy aquí, a punto de convertirme en una orgullosa "cincuentona"… ¿cómo es que llegué a ellos tan rápido? ¿cómo es que he envejecido sin darme cuenta? ¿qué tantos cambios ha tenido mi vida? ¿soy feliz? ¿espero hacer algo trascendental para mi futuro? ¿quiero cambiar algo? Pero la pregunta más importante para mí es: ¿qué he aprendido en todo este tiempo? Muchas preguntas que, a estas alturas, ya no requieren de gran reflexión. 

Y por eso hoy quiero compartir algunos de mis aprendizajes,  las expectativas que pudiera tener en mi medio siglo de vida y, principalmente, las razones por las que espero con ansias mis 50 años. 

Siendo así...


Quiero dar la más cordial y feliz bienvenida a mis 50 años, porque....


1) ...hoy soy capaz de analizar antes de decidir.

Definitivamente ya no dejo que la vida me lleve sin pensar a ningún lado, pero sí espero que la vida me muestre un poco del camino antes de tomar cualquier decisión. 



2) ...ahora sé quién soy, lo que quiero y, sobre todo,  lo que no quiero.

No puedo afirmar que en estos 50 años he sido completamente feliz, de ninguna manera. Estoy convencida que la vida está llena de emociones y sensaciones, buenas y malas, y mi historia no es la excepción. Desde mi infancia hasta el dia de hoy he experimentado situaciones de todo tipo, incluyendo momentos dolorosos y de sufrimiento; he sentido el rechazo,  los fracasos, las traiciones, el miedo, el abandono, el abuso, la injusticia, entre otras cosas, pero entiendo que todo ha sido necesario para poder conocer también las alegrías, la felicidad, los éxitos, la solidaridad, la lealtad, la fortaleza, la persistencia, y, además,  el invaluable valor de la dignidad.  

Es cierto que hay cosas en la vida que no podemos elegir ni controlar, pero hay otras que sí, y es en esas donde trato de enfocarme.  Todo lo vivido, me ha enseñado que no hay nada más importante que vivir el presente, sin miedo a ser como yo soy, le parezca a quien le parezca. 



3) ...aprendí a quererme y a valorarme a costa de todo

Sin duda alguna,  lo más importante que he aprendido con cada una de las experiencias vividas, es a quererme y a valorarme. No, no ha sido fácil, ya que fortalecer la  autoestima requiere de un trabajo arduo, disciplinado y constante. Es un compromiso con una misma, que una vez comenzado, no puede ser postergado ni minimizado.  

Amarse a una misma no tiene fecha límite, es algo que debemos hacer siempre, en todo momento y a costa de lo que sea. 


4) ...soy capaz de poner límites y si la gente se aleja, entonces....¡que se vaya!

Cuando una aprende a amarse a si misma, en automático, se aprende a poner límites y a no permitir cosas, situaciones o actitudes que, quizás,  antes solían pasarse por alto porque parecían cosas “inofensivos” o "irrelevantes",  o bien, porque cuando no se tiene autoestima,  todo se tolera. Irónicamente,  mucha gente (cercana o no), no acepta que uno cambie y mucho menos que se le pongan límites, y cuando notan un ligero cambio en nuestro comportamiento, creen que una exagera y piensan:  "ya se volvió una delicada", "qué payasa", "Uuuuyyy, qué sensible" o nos tachan  de arrogantes. Ante este cambio, algunos deciden alejarse (no soportan vernos fuertes), o tratan de hacer sentirnos culpables y dicen: - “Está loca, quien sabe qué le pasa”-. 

Es lamentable, pero el alejamiento, la culpa y la indiferencia (hasta de aquellos que creí incondicionales alguna vez), son los costos que he tenido que pagar desde que aprendí a valorarme, a defender mi dignidad y a poner límites.  Este aprendizaje ha sido doloroso, pero ha valido la pena.... 


5) ... a esta edad, ya no duele tanto el desapego

Durante estos 50 años he  vivido momentos realmente difíciles, muchas veces creyendo que determinadas personas se quedarían junto a mi dándome apoyo incondicional, sin embargo la vida se encargó de darme algunas sorpresas desagradables... me mostró que no siempre se debe confiar ciegamente en las personas, pues siempre habrá quienes nos den la espalda. Al principio duele, pero sirve  para aprender a soltar, a dejar ir y a respetar las decisiones de los demás. 

Nadie está obligado a quedarse ni a apoyar a alguien, así que respeto a quienes se alejan, y  acojo con calidez y agradecimiento a quienes permanecen a mi lado, siempre y cuando la aceptación, el respeto y la confianza prevalezcan.  


6) ...entiendo que se debe vivir sin esperar nada 

Reconozco que no persigo nada trascendental ni espero dejar mi huella en nadie, solo quiero vivir lo que tenga que vivir, no importa cuánto tiempo, pero quiero hacerlo siendo como soy, disfrutando cada cosa que hago y enfrentando cualquier adversidad con la mayor fuerza, ecuanimidad y valor posibles. 




7) ... aprovecho el presente sin olvidar agradecer al pasado


No cambiaría nada a mi vida; al contrario, adoro la simplicidad, la transparencia, la sencillez y hasta las carencias con las que vivo. Hoy puedo afirmar: Vivo como quiero (y como puedo) vivir. Si quisiera tener lujos, viajes y/o romances, me enfocaría en obtenerlos, pero me perdería de las cosas tan simples que hoy por hoy llenan mi ser, como mi libertad, mi paz, mis ideales, mi tiempo para escribir y para interactuar con otras mujeres, así como del tiempo que ocupo para trabajar en esta causa en la que me inicié hace 7 años, y por mi sueño de crear una gran red de apoyo y de contención a través de nuestra asociación civil, y de otras cosas más que motivan mi existencia. 

Mis errores me han hecho lo que soy ahora, mis fracasos han forjado a la mujer que soy,  así que no, definitivamente no cambio nada de lo que hoy soy y hago....



8) ... amo  y disfruto lo más querido

Algo que deseo seguir fomentando indefinidamente, es el tiempo y las experiencias compartidas con mi hija. Ella es una de las razones principales que alimentan mi dia a dia. Ver cómo se desarrolla y madura cada día en todos sus ámbitos es muy gratificante y maravilloso. Orgullosamente soy testigo de cómo ha crecido y se ha fortalecido tanto como mujer, como trabajadora, como profesional, como persona y como ser humano. No ha sido fácil para ella, pero ha aprendido (como la mayoría de las mujeres), que debe luchar con todas sus fuerzas para conseguir lo que anhela. Que no debe depender ni esperar nada de nadie, porque que al final solo se tiene a ella misma. 

Además, es una luchadora y defensora de la igualdad de género, lo que la hace aún más persistente y resistente. Sé que si sigue por ese camino, más pronto de lo que ella imagina, podrá cumplir alguno de sus tantos sueños....



9) ... aprendí que la "soledad"es una etapa  necesaria para el auto conocimiento...¡y además  la disfruto!

No creo en el amor eterno de pareja (al menos en mi caso). Reconozco que he aprendido a conocerme tanto que ya no soy capaz de encajar en esa idea de lo que es el “amor” -casi siempre mal entendido- como posesión, dependencia, anulación, sometimiento o “eternamente juntos”. 

Hoy lucho por conservar mi libertad, la que tanto trabajo me costó conquistar.


10) ... recuerdo  y agradezco mis raíces


No hay cumpleaños sin agradecimientos. Aunque nunca he dejado de reconocerlo, hoy agradezco muy especialmente a mis padres, porque a pesar de muchas cosas, formaron una familia en la que pude crecer y desarrollarme. 

Hago una mención especial a mi madre, quien como muchas otras madres, dedicó su vida a su hogar, a sus hijas y a darnos el mejor ejemplo que pudo; pero más que nada agradezco su voluntad por levantarme cada vez que caí, por enseñarme que a pesar de todo, la frente siempre debe mantenerse en alto; por mostrarse siempre fuerte y por darme su apoyo cada vez que ella supo que lo necesitaba.  Gracias mamá, por todo lo que me enseñaste.

Pero también, agradezco a todas y cada una de las personas, hombres y mujeres, que se han cruzado por mi camino durante estos 50 años... no importa el tiempo ni las circunstancias por las que hayamos coincidido, simplemente les digo ¡¡GRACIAS!! porque de una u otra forma, formaron parte de una etapa en la que contribuyeron para forjar mi caracter, mi fuerza y en la mujer que soy ahora.


11) ... a estas alturas entiendo que el auto-cuidado cada vez es más importante 

En cuanto a mi salud se refiere, estoy pasando por esa etapa que, aún hoy en día, es considerada por muchas personas (incluyendo mujeres) como algo "siniestro" o "vergonzoso": la menopausia. Y lo digo abiertamente,  desde hace algunos meses comencé con los síntomas que reflejan el cesamiento de aquello que por años me quejé: la regla. Y aunque confieso que esos molestos "cambios hormonales" realmente no los he sentido de forma emocional, solo físicamente, tengo que ser controlada con medicamentos especializados y debo ser revisada periódicamente por mi ginecólogo debido a posibles problemas con mi matriz y con mis glándulas mamarias. 

-"Ya llegaste a esa edad de..."- fue la frase con la que mi médico comenzó a explicarme esta nueva etapa que debo atravesar .  Y sí, sé que este tipo de cosas son naturales, fisiológicas, que se dan con el tiempo  y que cada quien presenta sus propios síntomas y complicaciones, por eso deseo ver esta nueva fase como un paso al cambio y a la evolución,  y no como algo deprimente, porque sea lo que sea, estoy consciente de que soy humana (y que soy mujer) y que nadie tiene la salud ni la vida garantizadas, así que me atengo a lo que venga, mientras tanto como sanamente, hago ejercicio, acudo a mis citas y disfruto el presente.



12) ... simplemente,  no me importa lo que piensen o digan de mi

Y así como con la edad, se presenta la menopausia, los cambios físicos son más que evidentes. Afortunadamente nunca he querido aparentar lo que no soy, y nunca he sido una mujer que se preocupe por lo que los demás piensen o digan de mi, simplemente me he dedicado a vivir cada una de mis etapas de la forma en que he podido. Reconozco que jamás me cuidé de las estrías (esas que salen con el embarazo), ni me cuidé para prevenir la flacidez. Tampoco  hice (ni hago nada)  por retardar los efectos de las arrugas, ni de la resequedad de la piel o del cabello, así que no me quita el sueño saber cómo me ven los demás. 

Lo único que me importa es cómo me siento yo, cómo me gusta verme para mi, quiero sentirme cómoda, fresca, o dependiendo de mi estado de ánimo... si para los demás me veo bien, mal, ridícula o descuidada, no es algo que me importe. Es a esta edad cuando me he atrevido a hacer más cosas que antes (como cuando aprendí Pole-Fitness o cuando tuve que hablar frente a una cámara  por primera vez), lo cual, finalmente,  ha sido muy gratificante.




13) ... ¡estoy lista para cometer nuevos errores!

La vida no termina aquí, ni en ninguna edad en especial; termina cuando dejamos de existir, de soñar, de aprender, de sentir, de amar. Mientras sigamos en este plano, somos vulnerables a todo, y por lo tanto, algunas veces volveremos a equivocarnos. La diferencia es que ahora los errores, fracasos o fallas,  parecen menos azarosos.

En el transcurso de  mi vida he empezado tantas veces desde cero, que si hoy tuviera que volver a hacerlo, con gusto y entusiasmo me levantaría de mi silla y empezaría a planear la forma de hacerlo. Sí, sigo teniendo miedos, preocupaciones y dudas, pero hoy cuento con la experiencia y la fuerza para enfrentarme a lo que sea (o al menos, esa es mi intención), y por tanto, puedo decir con toda confianza y seguridad: ¡aquí estoy!



Finalmente, solo me resta decir: 





... ¡a festejarlos!



((()))


miércoles, 13 de febrero de 2013

14 de Febrero: Día del Amor... Sin Violencia



En México, como en el mundo, cada año miles de niñas y mujeres son víctimas de violencia de todo tipo. Se estima que 7 de cada 10 mujeres experimentan violencia física o sexual en algún momento de su vida;  por ejemplo,  en México, al año, tomando cifras conservadoras, hay alrededor de 50 mil mujeres agredidas sexualmente. Y pocas, muy pocas veces, suele castigarse a los agresores.  La impunidad exacerba la violencia que se comete contra las mujeres. 

La violencia contra las mujeres es una violación flagrante de los derechos humanos que rompe familias y comunidades, además obstaculiza el desarrollo. Los abusos, la discriminación, la violencia emocional y física, así como los delitos sexuales y los asesinatos contra mujeres son cosa de todos los días en casi todos los estados, destacando entidades como Chihuahua, Nuevo León, Oaxaca y el estado de México, donde se rebasa la cifra de mil mujeres asesinadas por año. 


En el marco del Día de San Valentín, que se celebra el  14 de febrero, deseamos hacer una reflexión y un recordatorio acerca de la  importancia de promover, fomentar y mantener relaciones respetuosas y libres de violencia. 


Para mucha gente, especialmente para los jóvenes, este día donde Cupido, los corazones y las listas de regalos inundan todos los medios y entornos, es necesario enfatizar que el AMOR debe vivirse SIN VIOLENCIA, para lo cual, las mujeres (principalmente las jóvenes)  deben aprender a identificarla, así como las señales de alerta que muchas veces se confunden con signos de amor, preocupación o simples celos, cuando en realidad son las claras características de una relación violenta.  


Por eso, a pesar de que hemos insistido en muchos artículos anteriores sobre la problemática de la violencia contra las mujeres (incluyendo la que se padece en el noviazgo), consideramos que esta ocasión es ideal para resaltar algunos conceptos, así como los riesgos que se corren al vivir en una relación violenta,  pues se trata de un fenómeno que tiene enormes y graves consecuencias, no solo para las víctimas, sino también para sus hijos, su familia, el Estado, la sociedad y todos en general.


VIOLENCIA EN LAS PAREJAS:

La violencia en la pareja no es natural, se desarrolla en algunas relaciones, muchas, demasiadas, pero no en todas. 

Las conductas violentas en las relaciones de pareja, generalmente, no son percibidas como violentas, ni por las víctimas ni por los agresores, porque se tiende a confundir el  maltrato y las ofensas con el amor y el interés por la pareja. 


En el noviazgo se pasa de la mera simpatía o del simple gustarse, a una nueva relación de mayor conocimiento y que a su vez debe estar inspirada por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza. 


La violencia disfrazada de amor es difícil de detectar (pero posible). Los signos de maltrato durante el noviazgo son desconocidos para gran parte de las mujeres, quienes los confunden con muestras de afecto de sus parejas, ya que sienten que es "el amor de su vida" , y en realidad están ocultando conductas controladoras . 


¿Por qué sucede?, ¿Por qué algunas mujeres se vinculan con hombres que todo resuelven a golpes o que utilizan la palabra para herir?  ¿Por qué en ellos la sexualidad parece ser para lastimar y ejercer el poder y no para expresar cariño? 

Las causas son muchas y hay que saber reconocer las señales, ya que desde los primeros encuentros amistosos con miras a una relación, revelamos parte de nuestra personalidad. Si desde el noviazgo hay violencia, es mejor dejar la relación: los borrachos y los golpeadores se ponen peores con el tiempo. 


Las mujeres, por entrenamiento cultural, mostramos nuestro lado más frágil cuando nos sentimos seguras y hablamos de nuestros miedos, de nuestro deseo de sentirnos protegidas, de nuestros fracasos, nuestros anhelos, entre otras cosas. Por el contrario, los hombres en general son de menos palabras que nosotras, (aunque no siempre), así que escuchan,  conocen nuestro lado flaco y,  la mayoría  de la veces, no se  muestran como en realidad son.  


Por ejemplo, podría suceder que cuando conocemos a alguien, él cuenta cómo siendo un hombre maravilloso, buena onda y comprensivo, ha sido traicionado por una mala mujer, pero él solo espera encontrar a alguien que en verdad lo ame y lo entienda.  


ATENCIÓN: Los hombres que desde novios son quejosos de otras mujeres, esperan lograr que, en un arranque de amor y abnegación, les juremos que nosotras no los vamos a dejar nunca, que los amaremos por encima de nosotras mismas y, sobre todo, que seremos leales… y fieles hasta la muerte. 


Al poco tiempo viene la prueba de fuego. Él preguntará: "¿Me quieres?", seguida de: "¿Cuánto?" Estas preguntas no garantizan que él también nos diga el amor que siente por nosotras, algunos podrán ser sinceros, otros mentirán y algunos más nunca lo reconocerán. Una vez que contestemos las preguntas hechas por el "enamorado" (a las cuales con toda seguridad responderemos de forma afirmativa)  procederá  la famosa solicitud de la llamada “"prueba de amor"”, es decir, tener relaciones sexuales porque él así lo quiere y lo  “necesita. (OJO: Si usa la fuerza física o te chantajea de alguna forma para lograr su objetivo, entonces se trata de una violación y debe denunciarse.)


Para convencerte, intentará usar  diferentes estrategias: dirá que es una señal del gran amor que ambos se tienen, que solo contigo desea tener intimidad, que nadie lo había hecho sentir lo que tú le inspiras.... y usará  todo tipo de ganchos en los que,  muchas,  hemos caido.  De esta forma, debemos elegir entre una reunión agradable, ir al cine o simplemente hablar.... o acceder al "apapacho",  porque el señor está querendón. Por supuesto, todo esto esconde la idea “machista de "es cuando yo quiero"”. 


En ocasiones, si la mujer no accede a la petición de su pareja de tener intimidad, lo que sigue puede ser la violencia, verbal o física, cimentándose así los futuros acuerdos de la pareja, donde se aceptan constantemente las prioridades de él, y pocas veces o nunca,  las de ella. Y así nace una relación DISPAREJA y, sobre todo,  violenta. 


Cabe mencionar que cuando en una relación hay violencia y ellos hablan del tema con otros hombres, los acontecimientos son vistos desde una luz favorable a los puntos de vista de los que dicen: "“perdí la paciencia", ” pero no mencionan los golpes. Un hombre violento reafirma su conducta, pues al no relatar los hechos,  su amigo  no lo sabe  y por lo tanto no puede decirle que está mal lo que hace, por lo que el agresor sigue pensando que la culpa de todo es de la mujer con quien vive o de su mamá, sus hermanas o sus hijas, en fin, de “otras mujeres, pero ”nunca  será culpa de él mismo. 


Muchos hombres suelen expresar:  “"Yo por las buenas soy muy bueno y si no me provocan no pasa nada”" o "Si ella se porta bien, me atiende y me cumple, entonces yo estoy tranquilo". Un sujeto violento nunca admite su incapacidad de control, cree que eso no le corresponde a él, sino que traslada esa responsabilidad a las mujeres, quienes no deben hacerlo enojar. 


El hombre violento, por lo general, muestra al mundo  la cara de un hombre  responsable, reservado y que responde con buen humor a una broma de algún compañero de la oficina, pero al llegar a su casa, descarga su furia, su frustración y su inseguridad en golpes y ofensas a la mujer con la que vive, aquella que por ser su pareja,  debe aguantarle todo, según su criterio. 


Se ha comprobado que los hombres violentos tratan de vincularse con mujeres que son educadas en un sistema tradicional, en aquellas que piensan que deben conservar la relación (sea como sea) por el bien de los hijos, que deben ver por el bienestar de la familia, que los hijos no deben crecer sin un padre, que sin el marido ellas no podrán salir adelante con sus hijos y en todas esas creencias y  mitos que solo ayudan a someterlas aún más, tanto a ellas como a sus hijos,  en un infierno. O bien, se vinculan con mujeres que son débiles,  propensas a la codependencia o que padecen del Síndrome de Wendy (lo veremos en un post  próximamente) .


Cuando el maltrato es muy notorio y la mujer que sufre no aguanta la relación algunas veces se decide por abandonarlo, y es entonces cuando  él puede fingir un arrepentimiento exagerado, con amenazas de suicidio, o de quitarle los hijos, la acusa de adulterio o más; sospecha que alguien la está aconsejando, porque ella por sí misma no tomaría una decisión tan loca como abandonarlo a ÉL; alega que sí,  que a veces tiene esos “malos ratos, pero es ” de tanto que la quiere. 


Esta farsa es representada de manera tan convincente que ambos pueden acabar por creer que es verdad , así que ella lo perdona y "olvida" (CICLO DE VIOLENCIA).



Si ella lo perdona y decide quedarse, el señor no quiere hablar más de separación, ni de lo que orilló a la mujer a querer abandonarlo, y mucho menos, quiere saber de arreglos para el cambio, lo que deja a la mujer sin desahogar su dolor y enojo. 

Después de eso, él  pretende  que todo siga igual.  Así inicia la reconciliación, “la nueva luna de miel”. Él se compromete a que “si ella se porta bien”, él se portará a la altura, pero en esas condiciones ¿qué es portarse bien? Puede ser tener relaciones sexuales cuándo y cómo él diga,  que ella no le pida dinero y que haya comida de la que a él le gusta, aún si no se ha aparecido en 15 días. Como quién dice: “No te fijes cómo vengo, da gracias que ya llegué”. 


Como vemos, es necesario ver las señales de alerta desde el principio. Sin embargo, muchas mujeres no sabemos poner un alto en los inicios de una relación violenta y el resultado es que, años después, la mujer asustada, humillada y doliente no encuentra eco en sus demandas de mayor diálogo y afecto, y teme lo que pueda ocurrir si habla. 


Algunos hombres pueden darse cuenta de lo que significa una relación así, y posiblemente desean cambiar,  pero no saben cómo, y las cosas se van deteriorando.  Pero otros hombres nunca se dan cuenta de qué pasa y buscan la manera de herir en lo más profundo a la mujer y los hijos con los que viven. Pueden insultar mientras golpean, golpear sin hablar, amenazar sin motivo, abusar sexualmente de la compañera o de sus propias hijas o hijos, dejarlos sin dinero o robarle a ella lo que gana. 


¿Por qué alguien aguanta esa situación? ...Es una pregunta difícil de contestar y, sin embargo, sucede. 


Puede ser que existan mujeres a las que les guste tener un compañero que parece saber siempre lo que hace, pues eso les da seguridad; otras no pueden dejar a un hombre que dice quererlas tanto, que vive pendiente de ellas, que no las deja respirar de tan celoso que es. Pero también hay quien vive aterrada por la furia con que es golpeada, teme por su vida y no encuentra, entre amigos y familiares, a alguien que pueda darle protección y ayuda. 


RELACIONES CON RESPETO

El amor significa cosas diferentes para cada quien, pero un aspecto es constante, la necesidad de lograr una vida segura y libre de violencia. El amor debe constituirse y desarrollarse en un marco de respeto e igualdad; las relaciones respetuosas deben ser equitativas y libres de violencia física, sexual, emocional y económica.


Una relación equitativa y amorosa permite repartir el peso de los problemas entre dos, así como se duplican las alegrías.  La responsabilidad de mantener la relación es de ambos, donde el  amor y el respeto nos otorguen tranquilidad, compañía y ayuda en el camino de la vida y, además, nos permitan acrecentar  los momentos de felicidad. 

No es fácil desarrollar una relación de respeto y equidad, y no porque no deseemos hacerlo, sino porque nuestra sociedad carga en las mujeres una serie de obligaciones emocionalmente desgastantes.  Las obligaciones masculinas valorizadas son otras, que tienen que ver con la agresividad y la falta de expresión de las emociones.  


La educación tradicional, sexista por definición, así como el machismo arraigado,  son factores que  dificultan la construcción de relaciones sanas, respetuosas,  libres y equitativas. 


En este orden de ideas, ser mujer es una especie de castigo divino, en el que tenemos una serie de obligaciones que no nos harán felices, pero que se supone sí harán felices a los que amamos, y con ello nos sentiremos buenas y santas, merecedoras de la adoración de los hijos y el esposo, que nos pondrán en un altar. 


Bajo esta  ideología, entendemos que no debemos buscar el agradecimiento, tan sólo la satisfacción moral de sabernos “buenas y valiosas”; que nuestra recompensa es en el otro mundo o en “la felicidad de tener una familia "modelo". ” Eso es una fantasía; al contrario, las mujeres que se sacrifican y son abnegadas pierden toda posibilidad de pedir para si mismas respeto. Los mismos hijos por los que soportó una vida terrible, un cautiverio, difícilmente le guardarán respeto, la tratarán como una menor de edad y, seguramente, repetirán la violencia que aprendieron de su padre con su compañera. 


Por otro lado, sus hijas correrán con la misma "suerte" que ella, pues será muy probable que en un futuro cercano se unan con hombres que les den la misma vida de encierro,  aislamiento y abusos que  su madre tuvo y de quien aprendieron su "abnegado" ejemplo. 


Por eso hay que cuidar el inicio de la relación. Debemos poner límites, por ejemplo, en el caso de las mujeres que trabajan fuera de casa, deben dejar claro desde el inicio que es algo que les gusta hacer, y que desean seguir haciendo, pues nunca, ninguna mujer,  debemos perder nuestro espacio ni nuestros sueños. 


Ganar dinero es bueno para nuestra salud mental, aunque a veces estemos cansadas y nuestro trabajo no sea una maravilla.  Además, al trabajar, evitaremos ser dependientes económicas de la pareja, aunque eso no  exima de sus obligaciones y responsabilidades a la pareja.  Al trabajar ambos, se debe  hablar sobre qué se va a hacer con el dinero que cada quién gana y cómo se va a repartir, o bien, acordar la forma en que los gastos serán compartidos  (una vez tú pagas la renta, la otra el gas y viceversa). Es una buena opción para  evitar problemas futuros (aunque no es garantía,  pero más vale hablarlo que dejarlo al tiempo). 


Si a él le cuesta trabajo que ella tenga independencia, entonces es una señal que la mujer debe evaluar detenidamente. 


Del mismo modo, dialogar sobre el trabajo de la casa a profundidad, sobre quién es responsable de hacer qué, y de qué quehaceres  compartir,  es indispensable para mantener una igualdad en el hogar. 


Debemos dejar claro que estamos dispuestas a apoyar y a acompañar a la pareja en las situaciones y problemas que se presenten y que se nos apoye y se nos acompañe también, pero eso no significa que la mujer abandone sus actividades y oportunidades de desarrollo.... ¡!NO¡¡. 


En una relación  hay que dejar muy claro, que los espacios de decisiones de nuestra vida son nuestros, y si pedimos la opinión de nuestro compañero, es porque queremos oír a alguien interesado en nuestro bienestar, pero eso no quiere decir que vamos a seguir sus ”indicaciones ”al pie de la letra. 


Si el compañero cree que nuestras expectativas deben centrarse en atender las necesidades que él tenga, debemos rápidamente despejar esa incógnita, decirle que no queremos renunciar a nuestras ambiciones, a nuestro sueldo, a nuestros sueños. 


Cuando se trata de llegar a un acuerdo, y uno es el que ofende y el otro es el que aguanta” o donde él tiende a enojarse y se muestra agresivo, aunque sea verbalmente, o bien,  los enfrentamientos se vuelven bruscos  y frecuentes, ya no se puede hablar porque el otro insulta  y nosotras siempre tenemos la culpa, es hora de decidir que nuestra relación va camino a -o ya está en- la violencia física, social, verbal, psicológica o económica. 

Hay que recordar que nadie tiene derecho a hacernos sentir mal, a golpearnos e insultarnos y menos en nombre del amor. 

Si hemos detectado que vivimos en una relación violenta,  debemos dejarlo; nosotras no tenemos que aceptar malos tratos...ni siquiera de palabra, ni de ninguna clase.  Puede que la violencia que vivimos con nuestra pareja nunca llegue a los golpes, cuando alguien que queremos, con quien convivimos, no nos toma en cuenta en nuestros sentimientos, emociones o deseos, nos minimiza, nos controla, nos aisla o nos insulta, nos deja cicatrices muy dolorosas que, difícilmente, podremos curar. 



Mientras el diálogo respetuoso sea posible, la relación puede ser considerada como sana para llegar a acuerdos. Entre los dos, con apoyo mutuo, respeto y comprensión, se puede lograr el desarrollo de la pareja y de la familia.   


Es fundamental que reconozcamos el maltrato desde los primeros síntomas o indicios de control, y actuemos para salir del círculo de violencia que, posiblemente,  comienza a rodearnos. 


TIPOS DE VIOLENCIA


EMOCIONAL: Celos, posesividad, amenazas de muerte, chantajes, expresiones que nos hacen sentir culpables, inferiores o inseguros, que no valemos, que estamos locos; son formas de violencia emocional. Este tipo de violencia es muy peligrosa porque es muy común que sea INVISIBLE ya que cuando se experimenta pensamos que es “normal”; a veces hasta la apreciamos, sobre todo en sus primeras fases. Un ejemplo típico es cuando el varón pide  repetidamente a la novia que no vaya a una reunión con sus amigas con el pretexto de que quiere pasar más tiempo con ella; otro es celar a la pareja o exigirle “pruebas de amor”. 


FÍSICA: Patadas, empujones, pellizcos, jalón de pelos, golpes, cualquier tipo de contacto físico no deseado; este tipo de violencia puede llevar al HOMICIDIO. 


SEXUAL: Presionar para ver fotografías o videos pornográficos, obligar a que use o a que no use un método anticonceptivo, burlarse de la respuesta sexual de la pareja, obligar a alguien a ser tocado, acariciado o a tener relaciones sexuales cuando no quiere. 

ECONÓMICA: Cuando el dinero es la forma que se utiliza para chantajear, esconder el dinero del gasto, no ser sinceros con las cuentas que manejamos, quitar el dinero, obligar a la pareja a pedir dinero o hacer algo incómodo para que lo consiga. 



INSTITUCIONAL: Cuando una institución que fue creada para brindar un beneficio social se niega a prestar sus servicios a una persona debido a su género, su nivel socioeconómico, su origen, su religión, a su preferencia sexual, o algún otro pretexto. También se considera violencia institucional cuando  una autoridad revictimiza a la víctima de alguna agresión al no querer atenderla, presionarla para que no haga la denuncia, convencerla para que regrese con su marido o culparla por lo que le sucedió.

¿QUÉ PUEDO HACER?

Si estás comenzando una relación y él no ha dado muestras de control o agresividad, y por el contrario, se muestra abierto al diálogo y tú has sabido poner límites, entonces puede que esa  relación no sea dañina....pero nunca te confíes, nunca dejes de mantente alerta.

Si estás en una relación donde has detectado varias señales de alerta, por favor...aléjate de inmediato del agresor!!!. 


Si tu pareja llega a atacarte física o sexualmente, intenta proteger tu cuerpo y las partes más vulnerables como la cabeza y el abdomen....Grita, pide ayuda.  

Y lo más importante, por favor, denuncialo y pide ayuda. Acude a un centro de salud, a un hospital, a un médico, a una agencia del MP y, de ser posible,  acompáñate por una persona de tu confianza.  Los expertos recomiendan no lavarse ni quitarse la ropa con la que fuiste atacada, pues posiblemente existan rastros del agresor.

Siempre trata de ponerte a salvo de la violencia, aunque lo ideal sería que NUNCA permitas llegar a esos extremos de violencia.  

¿CÓMO PUEDO PREVENIR QUE ME SUCEDA?
Lamentablemente, todas las mujeres estamos expuestas a sufrir algún tipo de agresión. Las pocas estadísticas que existen destacan el gran número de mujeres que han padecido la violencia por parte de sus parejas o ex parejas.

Sin embargo, puedes tomar algunas medidas de prevención:

Quiérete, valórate y disfrútate plenamente a tí misma. No te conformes con el primero que te hable bonito. Debemos aprender a ser selectivas, a analizar los comportamientos de los varones que nos "enamoren" y a no tenerle miedo a la soledad.

Aprende a detectar las señales de alerta desde el principio. La prevención es una medida imprescindible, para lo cual, debes informarte, pedir orientación profesional si es que tienes dudas;  nunca te aisles de tu familia ni de tus amistades, tampoco renuncies a tus sueños ni anheles ser el estereotipo de la "abnegada y enamorada mujercita".....Eres una mujer, fuerte, valiente e independiente, no cambies nada por nadie.

Pon límites y basa tus relaciones en el respeto y la equidad. Conoce tus derechos y averigua los lugares de ayuda que existen para casos de violencia....nunca sabrás cuándo necesitarlos, ya sea para tí o para alguna otra mujer cercana a tí.


MUJER:

Recuerda que el verdadero AMOR se vive y se disfruta SIN VIOLENCIA

https://www.facebook.com/crisalidaperenne10

Salir de una relación destructiva y dependiente no es fácil pero tampoco es imposible; tal vez implique enfrentarse a fuertes problemas económicos y emocionales, pero cada vez hay más grupos de apoyo; búscalos.  

Nunca olvides que:

Quien de verdad nos ama,  nos hará reír,  jadear de placer, nos comprenderá y nos ayudará en los momentos que lo necesitemos casi sin pedirlo.....es decir, nos mostrará su amor de formas sanas y nos complementará, sin exigencias ni controles,  pero NUNCA, por ningún motivo,  nos hará llorar y,  mucho menos, nos dañará de forma alguna. 



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FUENTES: 


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