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jueves, 3 de julio de 2014

¿LO PERMITÍ POR AMOR O POR ESTUPIDEZ?: 14 anécdotas para reflexionar





Hace unos días conversaba con la hija de una amiga, una joven que ronda los 20 años, sobre la cantidad de estupideces que una llega a aguantar “en nombre del amor”. El tema venía al caso debido a que, actualmente, ella tiene una relación que, según sus palabras, es excepcional y como ninguna otra en el mundo (¿nos suena familiar esa expresión?). Claramente, esta chica se encuentra en ese estado por el que muchas mujeres ya hemos atravesado (y de donde algunas hemos salido con graves heridas), y que comúnmente se le conoce como enamoramiento. Dicha fase suele ser riesgosa, sobre todo para las mujeres, pues casi por regla general acostumbramos enceguecernos, idealizar y confundir ciertos conceptos (como el amor) y, sobre todo, enaltecemos de varias formas al sujeto que nos "conquistó el corazón". Pero lo peor de todo, es que es justamente en esa etapa, cuando muchas mujeres solemos renunciar a nuestra identidad, a los sueños, anhelos, proyectos y hasta a nuestras costumbres, para convertirnos, tristemente,  en la sombra de un sujeto y, para colmo, nos convencemos de que todo lo hacemos en nombre del "amor".

En aquella charla, la chica no dejó de alabar los maravillosos atributos del sujeto en cuestión, o sea, su pareja y, sin rodeos,  simplemente lo calificó como un hombre extraordinario (si por cada mujer enamorada que describe e idealiza así al "amor de su vida", habría una cantidad interminable de hombres extraordinarios, perfectos y admirables en el mundo). Sin embargo, en cierto momento hizo una breve pausa para meditar por unos segundos y, finalmente,  reconoció que su pareja, a veces ("pero solo a veces"), tiene un carácter difícil. Mencionó algo como lo siguiente: 

“En ocasiones él es  frío y distante. Nunca ha sido detallista, no comparte mis gustos en muchas cosas ni tampoco le gusta convivir con mi familia. A veces me grita porque no lo entiendo, pero nada de eso me importa, yo sé que me quiere así como es, y mientras él esté bien, yo también”.  Y remata diciendo: “No me afecta mucho su forma de ser, pues prefiero llevar la relación como a él mejor le parezca y así evitarme problemas. Yo me siento a gusto como estamos, además creo que ninguna relación es perfecta, y el amor es así” 

Habló tan convencida que me dejó helada, y pensé:¡Qué espeluznante puede resultar un amor mal entendido!. Me recordó a mi misma, minimizando, justificando e ignorando  las evidentes señales de alerta.

No entraré en detalles sobre el sujeto al que ella se refería (su pareja), solo diré que  me ha bastado tratarlo “por encimita” un par de veces, para saber que no quisiera algo así para mi hija. Y me pregunto, ¿De verdad esta jovencita, como muchas otras más y que piensan de manera similar, será feliz con alguien que, en pocas palabras, no le hace caso, no la respeta a ella ni a su familia, la aísla  y la manipula a su voluntad? ¿De verdad creen que a ese tipo de relación puede llamársele  amor?

La experiencia y los casos que he atestiguado, me hacen pensar que la hija de mi amiga no se encuentra enamorada, sino mas bien, encaprichada, y tarde o temprano aprenderá que nada de lo que hoy piensa sobre su pareja y sobre la relación que tiene, tiene que ver con el amor.  El amor romántico es un arma de doble filo, que nos puede dejar hechas picadillo, por lo tanto, no hay que subestimar el problema.

.....¿Cuántas mujeres no hemos idealizado las relaciones que hemos tenido, sin importar la edad que tengamos? Y lo pregunto porque conozco a algunas mujeres que, a pesar de su evidente edad madura y de las experiencias que han tenido en el terreno “amoroso”, continúan sin aprender la lección, y se afanan con engancharse con lo primero que se les cruza en el camino, idealizan todo lo que les rodea y son capaces de abandonar su identidad  con tal de no estar "solas", por miedo o por innumerables razones. No quiero decir que debamos negarnos a buscar el amor verdadero, lo lamentable es cuando esa búsqueda se convierte en obsesión, en una necesidad primordial por “enamorarnos” y tener “pareja", que nos orilla a conformarnos con cualquier cosa, a aceptar condiciones y cadenas, o bien,  a someternos a imposiciones y voluntades ajenas, y  siempre decimos que es en nombre del amor, cuando no es así.

CONFUNDIMOS AMOR CON OTRAS SENSACIONES
Cuando nos sentimos enamoradas, pareciera que hemos consumido alguna droga que nos idiotiza, la cual nos hace ver personas que no existen,  sentir cosas que, en realidad, confundimos con otras, o bien, hacer cosas que nunca imaginamos. Y no me refiero a esas “locuras” inocentes, creativas, divertidas, originales (o "cursis") que muchas veces solemos hacer cuando estamos enamoradas y que parecen sacadas de películas o libros de corte.romántico a más no poder, como desplazarnos a través de grandes distancias para estar con el amor de nuestra vida, dedicarle un espectacular o una canción, hornear un delicioso y complicado pastel con su nombre (cuando nunca antes habíamos entrado a la cocina), tatuarnos su nombre, gastar todo el sueldo o ahorros en un regalo o en una sorpresa para esa persona especial,  organizar una cena en la cima de una montaña o a orillas de la playa, planear un viaje sorpresa, etc, etc…... 

No, más bien me refiero a las cosas de la vida diaria, cotidianas y frecuentes que hacemos “por amor”. Por ejemplo,  ¿cuántas veces, en nombre del amor, rayamos la línea entre ser comprensivas y tolerantes con la de ser absolutamente complacientes y sumisas?. 


Si vivimos para nuestra pareja sin condiciones, nos apagaremos lentamente hasta quedar reducidas a una sombra, la sombra del otro. Y, paradójicamente, tanta devoción no conseguirá que nuestra pareja nos ame más, sino todo lo contrario, porque solo se puede amar a una persona con identidad propia. Por tanto, todo aquello que implique abandonarnos para complacer a otra persona no es amor, sino cualquier otra cosa como inseguridad, falta de autoestima, dependencia, adicción emocional, sumisión, necesidad, obligación o miedo. Dichos factores se presentan cuando estamos dentro de una relación destructiva.

Si tú, mujer, sientes que las cosas comienzan a escapar de tus manos, y el amor te empuja a comportarte de una manera estúpida y peligrosa, lo mejor es que comiences a buscar ayuda; de lo contrario, vivirás en una inestabilidad constante.

Dicen que nadie experimenta en cabeza ajena, y es cierto,  cada persona tenemos el derecho a probar, a equivocarnos y a vivir nuestras propias experiencias, buenas y malas, aunque a veces, las equivocaciones pueden pagarse muy caro y eso, generalmente lo aprendemos tarde.

No obstante, si estamos informadas y escuchamos las experiencias de otras que han pasado por situaciones similares, podríamos pensar dos veces las cosas antes de hacerlas. Y por eso, en esta ocasión, quiero compartir algunos detalles de mis propias experiencias, ya que además de servirme como un ejercicio de auto-reflexión, también deseo hacer notar que  por ninguna razón (mucho menos en nombre del "amor") deben tolerarse ni permitirse aquellas actitudes o comportamientos que nos denigren. 

Las pregunta son: ¿hasta dónde se debe llegar en “nombre del amor”?, ¿Es válido perder la dignidad, el orgullo, el esfuerzo por superarse y todas las cosas por las que se ha luchado por construir toda la vida a cambio de algunas migajas de amor, de atención o, simplemente, por no estar solas? 

Recordemos que el amor construye, no destruye. El amor está fundamentado en la dignidad y el respeto mutuo. Además, usualmente las mujeres con una sana autoestima y estabilidad emocional son las que llegan a tener relaciones sanas, equitativas y libres. Sin embargo, no lo logra el que es celoso en extremo, ni el que posee en lugar de amar, ni tampoco aquellas que se someten o permiten que vulneren sus derechos. Es importante mencionar que la violencia emocional, psicológica, verbal, económica y sexual dentro de las relaciones de pareja, cada vez se presenta en mujeres de edades tempranas. Hay estudios que revelan que desde los 14 o 16 años ya hay violencia de todo tipo en contra de las jóvenes a manos de sus parejas. 

Por tanto, en este artículo develaré 14 anécdotas sobre las cosas que hice por ¿“amor”? Cabe mencionar que, afortunadamente, no tuve muchas relaciones "amorosas" en mi vida, pero fueron las suficientes para poder convencerme de que las cosas que hice no fueron por amor, sino por idiota, aunque agradezco haberlas sobrevivido, pues aprendí que el amor verdadero es todo lo contrario a lo que a continuación se verá... un amor verdadero es libre, constructivo, muto y respetuoso.

Recomiendo que analices si esta lista contiene verdaderas aberraciones, y que pienses en otras que tú misma hayas cometido o, tal vez,  estés cometiendo dentro de tu relación de pareja. Lamentablemente, muchas mujeres todavía no se dan cuenta que aman de forma equivocada y están a punto de salir muy lastimadas debido al erróneo concepto de lo que hemos dado en llamar amor.  

IMPORTANTE: 
  • Cada tópico  puede relacionarse con otro u otros más de la lista. 
  • En cada rubro se incluye una anécdota personal, con el fin de ejemplificar y complementar lo que se explica en cada punto.
  • Por último, recordemos que no debemos generalizar: 1) no todos los hombres son iguales y 2) cada situación es diferente, por lo tanto, nos toca a cada una de nosotras reflexionar objetivamente sobre nuestros conceptos e ideas sobre el amor y, sobre todo, hacer una profunda revisión de la relación amorosa que  actualmente tengamos. 
ANECDOTARIO

1. Dejar de Trabajar o de Estudiar. Rechazar un trabajo ó un viaje: 
Muchas mujeres, cuando creen haber encontrado al “amor de su vida”, dejan de lado sus propios sueños por seguir o impulsar sueños ajenos. Dejar atrás una oportunidad como un nuevo trabajo o un viaje, simplemente porque la persona que nos “ama” nos lo pide, con el pretexto de “no alejarse” o de “extrañarse”. Esta es una de las situaciones más egoístas que pueden existir, pero además, debe ponernos en alerta para evitar caer en manipulaciones. Las oportunidades nunca vuelven, mientras que las personas van y vienen. El amor verdadero no es egoísta.

ANÉCDOTA: Cuando conocí al verdugo con el que me casé y con quien duré casi 20 años, yo era una joven que comenzaba a abrirse camino en el mundo profesional y laboral. En ese entonces mi mayor logro había sido conseguir un trabajo en una firma reconocida de contadores, donde de inmediato comencé a realizar viajes de trabajo por el interior del país. Viajar me permitió experimentar muchas cosas nuevas: enfrentar ciertos miedos, conocer gente nueva y lugares que, aun en circunstancias laborales, me hicieron madurar de varias formas, aprendí lo duro que era estar lejos de mi familia, entre otras cosas. Trabajar y viajar me llenaban de satisfacción y de mucha emoción, pues eran mis primeros pasos hacia la superación profesional y personal. Además, fue justamente en ese trabajo, donde conocí a mi verdugo. Sin embargo, cuando la relación comenzó a darse, lo primero que él me “sugirió” fue que dejara los viajes definitivamente. Simplemente, un día dijo:

-“Si en verdad quieres que esta relación funcione, tendrás que dejar de viajar, pues así tendrás más tiempo disponible para que estar conmigo, sino, no veo que esto funcione”.

¡GRAN MANIPULADOR DESDE EL PRINCIPIO! Reconozco que mi primera reacción fue de incredulidad y confusión ante su “sugerencia”, pues algo en mi interior me decía que viajar por motivos de trabajo no era un impedimento para entablar una relación que apenas empezaba. No obstante, la presión se hizo insoportable: .Discusiones, pleitos, la aplicación de la ley del hielo (práctica recurrente de mi verdugo y de la cual era un verdadero experto), entre otro tipo de manipulaciones. Las discusiones por ese tema se convirtieron en un martirio,  hasta que finalmente, accedí… No solo dejé de viajar, sino también renuncié a mi trabajo en aquella firma. 

… Pero no todo quedó ahí, pues al someterme por primera vez a la voluntad caprichosa de mi verdugo, abrí la puerta a una serie de otros caprichos que se volvieron interminables, pues poco a poco fueron apareciendo otros comportamientos donde imperaban siempre sus deseos y sus decisiones, ya no solo me sugería lo que tenía que hacer o no hacer, sino que de pronto,  ya eran exigencias, prohibiciones, controles, invasiones a la privacidad, entre muchas cosas más. 

Proliferan los casos en los que una mujer deja sus estudios o el trabajo por dedicarse a cuidar la relación o el hogar, y ese es un gran error. El estudio es casi la única forma que tiene un ser humano de sobresalir en la sociedad, y aunque los estudios no lo son todo, sí son una parte vital de la superación humana. Por otro lado, el trabajo dignifica a las personas, y a las mujeres nos hace independientes, fuertes y seguras. Nadie nunca debe dejar atrás su formación por ir detrás de nadie. 

2. Ceder sin negociar. Las prohibiciones: 
Cuando se está en una relación se comienzan a tomar decisiones tomando en cuenta a la pareja, ya que las acciones de uno afectan al otro. Tomar estas decisiones requiere que cada uno ponga de su parte y no que todas las cargas recaigan en una sola persona, pero lastimosamente lo que mayormente ocurre es lo contrario. 

ANÉCDOTA: Recuerdo que durante mi matrimonio, el verdugo  pasó gran parte de su tiempo y de su vida, controlándome hasta por lo  que comía, pues temía que yo engordara, así que invertía gran cantidad de su tiempo en indicarme qué debía comer, la cantidad que debía consumir y hasta las horas en que debía alimentarme. Cuando salíamos a comprar la despensa, resultaba que sólo él sabía lo que necesitábamos, así que si yo ponía algo en el carrito, él tenía que revisar y aprobar la mercancía. Siempre dijo:

-“Yo sé más que tú lo que necesitas hacer en la vida, porque tú no sabes lo que quieres, mucho menos lo que es mejor para los dos, así que tratándose de esta relación, solo tienes que hacerme caso“

Y, vergonzosamente, así lo asumí desde el inicio de la relación, luego pasaron 20 largos años, en los cuales, él se dedicó a controlar, exigir, sugerir, opinar y, sobre todo, a decidir por él, por mí…por los dos.

Pareciera que hay novios o esposos que vienen integrados con una lista de “cosas que podemos y que no podemos hacer”. ¿Cómo distinguirlos? Por lo regular, les encanta usar imperativos: “NO QUIERO que seas amiga de este tipo”, “Si vas a salir, TIENES QUE avisarme a dónde vas” , “NO DEBERÍAS vestirte de esa manera”. O también usan argumentos como: “Tú eres mía nada más”, “Me preocupa lo que te pase”, “Eres tontita” o “Tú haces lo que yo digo”, y que son algunas de las agresiones típicas con las que comienza la violencia. Este tipo de  especímenes  buscan tenerte controlada porque en el fondo piensan que no querrás permanecer a su lado por voluntad propia, pero así no funciona la vida y, especialmente, las relaciones sanas. La gente que se ama, se comunica dando opiniones, no órdenes.

Las relaciones no son un colegio, no hay un código de conducta ni un sistema de premio y castigo. Existen reglas tácitas en toda relación, cosas que uno sabe y que intuye, pero que también se van aprendiendo con el tiempo y con la convivencia.  Pero nadie, debe decirnos qué hacer o cómo ser. 

3. Llorar: 
Aunque algunos tontos románticos digan que llorar por amor es la acción más sublime, en realidad, el amor verdadero no duele ni causa sufrimiento, mucho menos, lágrimas de dolor generado por personas que no saben amar.

ANÉCDOTA: Si en determinada época hubiera escuchado aquella frase que dice: “Si lloras más de lo que ríes, definitivamente no es amor, es otra cosa. Aléjate”, hoy no estaría escribiendo estas lamentables anécdotas (bueno, de algo tenía que servir no haberme alejado en su momento). Pero haciendo un recuento, puedo asegurar que derramé lágrimas de dolor por cualquier cosa, menos por “amor”. Pude llorar infinidad de veces por idiota, por culpa, por miedo, por aquellas falsas alegrías que me causaban las “reconciliaciones” (y que en realidad solo eran parte de un ciclo de violencia), y por muchas otras cosas más, pero en realidad nunca por “amor”. Y en este sentido, también debo reconocer que aprendí a no llorar, a soportar en silencio muchas cosas que, por salud emocional, debí gritar.

Pero el hubiera no existe, y es precisamente lo que pretendo transmitir a otras mujeres, sobre todo, a las jóvenes, a las que apenas comienzan a dar sus primeros pasos dentro de las relaciones de pareja. Sépanse que el amor no es fácil de reconocer, pero una cosa es segura, si lloramos por alguien que nos hace sufrir, entonces NO es amor, es porque permitimos que abusen de nuestros sentimientos. 

4. Sacrificarse: 
Cuando nos vinculamos en una relación, las mujeres solemos recurrir a la abnegación que, según el diccionario, es el sacrificio o renuncia voluntaria de una persona a pasiones, deseos o intereses en favor del prójimo. ¿No es así? A las mujeres  nos enseñan a sacrificar muchas cosas de vital importancia, por “amor” y por el ser amado. 

ANÉCDOTA: Cada vez que yo intentaba realizar un sueño, por sencillo que fuera, siempre fui relegada por otras prioridades. Así que no me quedaba más remedio que “sacrificar” mi sueño para darle lugar a otras cosas que, según el verdugo, “sí tenían importancia”. Cuando quise estudiar otra carrera, tuve que abandonarla porque “era mejor ocupar el dinero y mi tiempo en otras cosas”; cuando quise dedicarme a realizar trabajos manuales como la técnica de vitrales o el decoupage, también tuve que abandonarlos por las mismas razones; y lo mismo sucedió cuando propuse abrir un negocio de adornos con flores secas (técnica que aprendí a través de libros que compré a escondidas del verdugo y en cursos gratuitos online), y a pesar de que  los gastos eran mínimos,  la respuesta siempre fue un rotundo NO. Siempre había otras prioridades, y nunca fueron las mías. Fue así que, poco a poco, abandoné cada una de mis ideas, de mis sueños, de mis anhelos….

Sacrificar no es sinónimo de amar, es resignarse a una forma de vida llena de desinterés y sin motivaciones. Quien de verdad ama, impulsa a su pareja para que cumpla sus sueños, o al menos, la motiva a intentarlos, pero NO mutila ni coarta sus ilusiones ni sus ganas de emprender algún proyecto. En la medida de sus posibilidades, la apoya y la ayuda a conseguirlos. Así que no pienses que el sacrificio forma parte del amor, esa idea es un mito que promueve el amor egoísta

5. Tolerar Sin límites: 
Este comportamiento es, tal vez, el que realizamos las mujeres de forma más recurrente y natural en nombre del “amor”. 

ANÉCDOTA: Indiferencias, silencios impuestos, caras, malos modos, comportamientos volubles, desprecios, burlas, bromas hirientes y hasta tener que cumplir en la intimidad cuando YO no tenía ganas, son cosas que toleré, cosas a las que no puse límites y que, por tanto, fueron tornándose más complicadas y muchas veces más difíciles de soportar con el paso de los años. 

Es claro que existen gran cantidad de conductas que le toleramos a determinada gente, y a otras no. Por ejemplo, ¿Cuántas veces hemos reclamado ciertas actitudes prepotentes de alguna persona que se le ocurre levantarnos la voz en la calle, o porque alguien se nos cerró en el coche? Sin embargo, la cantidad de veces que nuestro “amado” nos levanta la voz es probablemente incontable e, increíblemente,  nos quedamos como si nada. Luego sigue un grito, un insulto, un engaño y muchas cosas más que si TOLERAMOS SIN LÍMITE, entonces todo irá empeorando sin límite también. 

Poner límites dentro de una relación puede parecer difícil, pero no es imposible, al contrario, es imprescindible que lo hagamos y que aprendamos a decir NO cada vez que lo consideremos necesario.

6. Someternos a la voluntad del otro: 
Permitimos que nos controle, que nos manipule, que nos prohíba, que invada nuestro espacio y nuestra intimidad. Él puede alegar que es por preocupación o porque sabe lo que nosotras necesitamos… pero ¿quién más que nosotras sabemos lo que necesitamos o lo que queremos?, y si no es así, pues entonces podremos equivocarnos libremente, pero sin dejar de hacer, de pensar o de elegir libremente lo que nosotras queramos o anhelemos. 

ANÉCDOTA: El verdugo se caracterizaba por ser un perfecto controlador, pero además, era muy avaro. Siempre impuso reglas para todo, incluso para comprarme una o dos piezas de ropa (lo que ocurría cada año), y eran las siguientes:

Él me acompañaría al centro comercial para escoger, por ejemplo, un pantalón. Para poder adquirirlo, en primer lugar, no debía salir de determinado presupuesto que él fijaba y, además, debía probármelo y mostrárselo para que él diera su visto bueno.   Si mi talla era 5, entonces debía comprar los pantalones en talla 9, para que no me quedaran “pegados”, pues yo ya era una señora casada, y no tenía porque andar provocando situaciones indeseables. (?)

Las condiciones anteriores, entre otras más que iban apareciendo, debían llevarse a cabo al pie de la letra, según su voluntad, porque en caso contrario, entonces me olvidaba del pantalón nuevo. Y así lo hice siempre, me sometí a su voluntad hasta para mis cosas personales….debieron haber visto mi ridícula apariencia cuando salía a la calle con los pantalones dos tallas más grande de lo que realmente usaba.

NADIE tiene el derecho de decidir por nosotras y, nosotras, no debemos someternos a las decisiones ni a la voluntad de NADIE….ESO, DEFINITIVAMENTE,  NO ES AMOR.

7. Dejar de lado familia y amigos: 
Tal vez a veces pienses que desde que empezaste a salir con tu pareja, ya no mantienes contacto cercano con tus amigos o con tu familia. Si es así, posiblemente se deba a que tu pareja te ha metido en la cabeza ideas como que ellos no son tan confiables como pensabas y que si hay alguien que quiere tu bienestar es ÉL y ÉL cree realmente que ellos no te hacen bien, que no son una buena influencia para ti…así que lo mejor es que ya no les hables tanto.

ANÉCDOTA: Si algo tienen en común las relaciones que tuve a lo largo de mi vida, es el hecho de haber alejado de mi entorno a ciertas personas que, de una u otra manera, eran importantes para mí, desde viejas amistades hasta personas que fueron apareciendo en el camino. Cada relación que tuve, desde la adolescencia, estuvo marcada por una característica: debía alejarme de la gente más cercana, querida o importante para mí. Accedí a alejarme de personas que sí valían la pena, con tal de complacer a quienes no valían nada. Sí, permití que otras personas eligieran mis amistades y hasta mis momentos de esparcimiento, con el pretexto de que ya no necesitaba a nadie más, que solo debía ocuparme de “mi nueva vida” (eso realmente significaba que YO debía estar disponible solo para el sujeto en cuestión) 

Si esa situación te suena conocida, lamento informarte que ese hombre que dice preocuparse por ti, es un gran maestro de la manipulación: te convence de que la gente que te rodea no quiere lo mejor para ti para que así lo tengas a él como único apoyo y sustento. 

Muchas mujeres hemos creído que estar enamoradas significa que la vida debe girar en torno a otra persona, así nos entregamos en cuerpo y alma hasta invisibilizarnos. Permitimos que nos manipulen y nos alejamos de aquellos que realmente nos quieren, para dedicar todo nuestro tiempo a una persona que, en realidad, no nos ama y quien nunca valorará todos los sacrificios que hayamos hecho. La familia y los amigos son las personas más valiosas que existen en la vida de cualquier persona, son los únicos que siempre nos brindarán su apoyo incondicional en cualquier circunstancia, nos prestarán su hombro para llorar, su casa para refugiarnos cuando sea necesario y nos darán aliento para seguir adelante. En cambio, muchas veces preferimos dedicarnos a vanagloriar a un perfecto desconocido. Si en estos momentos tú prefieres estar con tu pareja, olvidando a tus seres queridos, te sugiero que hagas un alto en el camino y replantees el tipo de relación que mantienes con él. 

El aislamiento es la típica estrategia de los abusadores, su finalidad es quitar la posible red de apoyo a la que la victima pueda recurrir en ciertos momentos, y de esta manera convertirla en dependiente emocional de él. Que se te quede bien grabado en la cabeza que alguien que te ama, buscará incluirse en tu mundo, no sacarte de él.

8. Arrastrarse, perder la dignidad y el orgullo:
No olvidemos que la dignidad es uno de los tesoros más preciados que tiene el ser humano, principalmente, las mujeres, y perderla por alguien que no vale la pena, es la mejor forma de demostrarle al mundo la falta de inteligencia. 

ANÉCDOTA: En otros artículos he  narrado brevemente las imperdonables veces que me humillé en nombre del amor. Lo confieso, muchas veces, tuve que hincarme ante mi verdugo para implorar un perdón, para disculparme por haber cometido alguna "falla" o por no haber cumplido las órdenes o indicaciones que él imponía. 

Tristemente, en estos espacios, he sabido por correos, mensajes y por boca de muchas mujeres, que hay muchísimos casos desafortunados, en donde las mujeres se arrastran hasta tal punto que pierden toda la dignidad con tal de permanecer con alguien, al final terminan devastadas por haber entregado todo a costa de nada.  PERDER LA DIGNIDAD tampoco tiene que ver con el amor.

9. Permitir coqueteos con otras mujeres (y hasta infidelidades): 
Debe quedar muy claro que el hombre que esté contigo, debe respetarte y darte tu lugar, por muuuy encantador que sea para otras mujeres. Su verdadero encanto consiste en el respeto y el amor que te demuestre.

ANÉCDOTA: Honestamente, nunca experimenté de forma abierta una infidelidad por parte de una pareja, o al menos, nunca me di cuenta; no obstante,  ahora que lo pienso, tal vez hubo señales, pero seguramente mi subconsciente prefirió ignorarlas. Pero si alguna vez hubiera tenido que vivir una dolorosa experiencia donde reinaran la traición, el engaño, la burla y el abandono eventual, posiblemente lo hubiera enfrentado para defender la dignidad que me quedaba y, creo,  nunca lo hubiera perdonado. Sin embargo, no puedo asegurarlo, porque las cosas no se presentaron de esa forma. Aclaremos que la decisión de perdonar o no una infidelidad es personal, pero lo que realmente se cuestiona aquí es el hecho de quien provoca la atención de otras mujeres de manera descarada. Porque una cosa es ser simpático y encantador, y otra que nuestra pareja coquetee y flirtee abiertamente con otras mujeres. Y eso sí lo viví (por eso no dudo que alguna vez el verdugo haya aprovechado cualquier oportunidad para cometer una infidelidad). 

A pesar de que el verdugo dista muuuucho de ser un Adonis (hay que reconocer  que nunca fue un tipo guapo, ni siquiera atractivo, tampoco simpático y mucho menos encantador), muchas veces lo sorprendí sonriendo y mirando lascivamente a las mujeres jóvenes que se le cruzaban por el camino. Tomaba actitudes ridículas, como de “modelo de 4ª. generación", y así iba por la calle,  observando directamente a cada mujer que se le atravesara, o bien, también lo hacía a través del retrovisor del auto. Muchas veces lo sorprendí guiñando el ojo derecho, porque el izquierdo se le iba, a través de aquellos gruesos lentes que utilizaba para su miopía. Nunca le importó que yo, o nuestra hija, estuviéramos presentes mientras él coqueteaba abiertamente. Sí, hubo reclamos y pleitos por esa razón, pero su cobarde argumento siempre fue:

“ Lo que pasa es que eres muy celosa, ¿qué quieres que haga, si son ellas las que me ven y me sonríen?, ni modo que yo me quede como si nada”

No, no eran celos, solo pedía un poco de respeto y que, de haber sido un verdadero hombre, no hubiera tenido que pedírselo. 

Y así como el verdugo se justificaba (y me culpaba de sus acciones),  hay infinidad de absurdos pretextos que algunos sujetos utilizan para excusar su comportamiento, como por ejemplo: “¿Pero acaso no confías en mi?”, o “Así soy, es parte de mi personalidad”, o “Te imaginas cosas”, entre otras cosas. En cualquier caso, todos los argumentos tienden a justificar y naturalizar ese molesto comportamiento. Y lo peor es que una empiezas a creer que tiene razón, que él no tiene la culpa de ser tan encantador, que lo más seguro es que  exageramos y que, en efecto,  ser celosas puede hacernos ver como  mujeres desquiciadas e inseguras. Pero no es así. Este tipo de sujetos, entran al campo de la manipulación, porque su coqueteo no es solo un gusto por la atención de otras mujeres, sino también un arma para torturarnos y generar drama. 


Hay que recalcar que aguantar coqueteos o infidelidades nada tiene que ver con el amor. El amor no se comparte, y mucho menos a costa de la dignidad. Las personas con baja autoestima pueden llegar a permitir este tipo de situaciones, pero nadie merece pasar por esto.

Nadie, apréndelo bien, nadie nunca será tu verdadero amor si al estar contigo necesita estar al mismo tiempo con alguien más. Eso no lo mereces.

Pensemos ¿qué tal cuando es al revés? Cuando ellos tienen la menor sospecha de que las mujeres estamos coqueteando (muchas veces solo lo imaginan), de inmediato nos tachan de zorras, fáciles, provocadoras…. ¿No es lo mismo, verdad? 

10. Aceptar migajas de amor: 
Este punto tiene que ver con los anteriores, pues al permitir los controles, las humillaciones, el aislamiento, la indiferencia y todo lo demás que ya hemos tocado, es porque hemos estado dispuestas a recibir migajas de amor o, en otras palabras, nos esforzamos por permanecer en relaciones que no valen la pena porque no nos aportan nada positivo en nuestras vidas, y lo importante es aprender a detectarlo a tiempo, y no cuando hayan pasado años de entrega sin que valiera la pena. 

ANÉCDOTA: ¿Saben cuándo escuché algún Te quiero,  Te necesito o, al menos, un: ¡Qué bien te ves hoy!?... NUNCA. Las veces que yo necesitaba escuchar alguna linda palabra, tenía que preguntar: ¿Me quieres?, ¿Crees que me queda bien este vestido o mejor lo cambio? A mis preguntas, siempre obtuve monosílabos o el clásico: Si ya lo sabes, para qué preguntas. Es obvio que te quiero porque aquí sigo, no lo crees?

No, eso solo fueron migajas con las que tuve que conformarme.  

Sin atenciones, detalles, demostraciones cariñosas ni palabras que nos motiven a seguir en una relación, ¿para qué estar con alguien?. No se vale afirmar “Es frío, pero sé que me quiere” o “Yo sé que va a cambiar y me va a demostrar lo mucho que me ama” Tampoco significa que queramos halagos y empalagos todo el tiempo, pero hay que destacar que ni la frialdad ni la indiferencia son parte de un verdadero amor. Si tu pareja no te demuestra con hechos, acciones, palabras y actitudes el respeto, el amor, la pasión y la confianza que te tiene, entonces mejor aléjate de él, solo pierdes el tiempo.

11. Permitir las escenitas de celos:
Los celos no son muestras de amor, todo lo contrario, son claras demostraciones de inseguridad por parte del celoso, de desconfianza, y sobre todo, son tácticas para controlar y someter a la pareja.

ANÉCDOTA: Al respecto, puedo contar una experiencia que viví con un novio que tuve en la adolescencia y que, por cierto, va de la mano con un tema denominado SEGUNDAS PARTES NO TIENEN NADA NUEVO QUE APORTAR, el cual será tratado en un próximo post, pero por lo pronto me enfocaré al tema de los celos. Hace casi 28 años, cuando era una adolescente, tuve un novio, el primero, quien padecía de varios males (reconozco que en aquel entonces no pude percatarme de ellos), pero hoy sé que se denominan celotipia y agresividad. Imagino que durante algún tiempo dio señales de su comportamiento y de sus  celos enfermizos, pero siendo joven e inexperta, no les di la importancia que en realidad  tienen. Un día, me encontró platicando con un compañero en la explanada de la preparatoria a la que yo asistía, y en la que siempre había decenas de estudiantes caminando o descansando de las clases. El compañero y yo acabábamos de encontrarnos por casualidad y solo habíamos cruzado un par de palabras, cuando de pronto, sin percatarme de la presencia de quien fuera mi novio,  sentí un fuerte empujón que casi me estrella contra una pared cercana. Confundida por el golpe, giré la cabeza hacia el lugar donde había estado parada segundos antes, y pude ver al sujeto agresor (mi novio) pateando con todas sus fuerzas a mi compañero de escuela. Los estudiantes que se encontraban por esa área, se acercaron para ver lo que sucedía…gritaban que se detuviera, pero el agresor continuó golpeando y pateando al pobre muchacho que se encontraba tirado en el suelo. Paró hasta que un par de profesores se lo llevaron para reportarlo con el Director del Plantel, mientras el otro chico era llevado a la Enfermería. 

Debo decir que me sorprendió mucho la reacción de quien fuera mi novio, quien nunca dejó de culparme por provocar lo que él había hecho.  Esta experiencia pasó inadvertida durante mucho tiempo en mi vida, hasta que muchos años después volví a encontrarme con ese sujeto (sí, con el novio agresor), pero como dije antes, ese capítulo de mi vida lo contaré en otra ocasión

Por lo pronto, sépanse que si llegan a caer en las garras del “amor”, tengan mucho cuidado en no caer en las garras de la estupidez, porque una cosa es amar y otra muy diferente es permitir abusos y malos tratos.

12. Dejar todo atrás:
Muchas mujeres olvidan que son seres que han trabajado por lo que tienen, que han luchado cada día de sus vidas por llegar a ser lo que son, como para, de un día para otro, dejar todo por estar con alguien que, muchas veces, no vale la pena. 


ANÉCDOTA: Dejar atrás todo lo que se es y lo que se tiene por una persona es tal vez una de las cosas más descabelladas que se puedan hacer. Y en este punto, retomo el caso que vimos en el tópico 1, cuando abandoné mi trabajo, los viajes o el del punto 7, al permitir aislarme de mis amistades. ¿Acaso vale la pena abandonar todo por lo que se ha luchado, los ideales, las amistades o los proyectos que uno va construyendo a lo largo de la vida, solo por estar con alguien que no nos valora?

Valora lo que tienes y, sobre todo, valora lo que eres, nadie nunca valdrá tanto como para que dejes atrás tu vida por vivir una vida ajena.  Dejar todo atrás por alguien, nunca valdrá la pena. 

13. Que te haga sentir menos:
Humillar y denigrar es la especialidad de cualquier tipo inseguro que se haya creado una imagen de superioridad, que sea narcisista, pero principalmente, son las actitudes típicas de todos aquellos con comportamiento machista. Hay formas de hacer sentir menos a alguien, desde comportamientos muy sutiles hasta formas muy extremas encaminadas a anular la identidad de la víctima, muchas veces, con consecuencias fatales.


ANÉCDOTA: Cosas y actitudes que se vuelven cotidianas como la indiferencia, la omisión de algunas obligaciones, las inexplicables ausencias, las frases usadas para minimizar, los sarcasmos y las palabras o expresiones con la intención de molestar y sobajar. Y lo ejemplificaré con lo siguiente: Muchas veces, mi opinión acerca de las cosas del hogar o de la hija eran anuladas de forma tajante (delante de quien fuera) con frases como: “Tú no sabes, chaparrona” (sí, así solía llamarme debido a mi baja estatura, por lo que la agresión era doble, pues me anulaba y me ofendía en una misma frase). Recuerdo una vez cuando apenas teníamos 6 meses de casados y nos encontrábamos en casa de su madre (siempre se le ocurría lucirse con su familia), y esa vez no fue la excepción. Frente a todos, ordenó: ¡Plánchame esta camisa!. A pesar de que eso era parte de los quehaceres que yo hacía, no me gustó la forma en que lo exigió (al menos, un por favor). Así que no me moví. Su madre, al ver la actitud prepotente de su hijito y al notar que me quedé impávida, le dijo que se pusiera otra y, al ver su insistencia, se propuso para plancharla ella. De inmediato, él la paró en seco y dijo: ¡NO… que la planche ella, ese es su trabajo y ni siquiera lo hace muy bien, así que déjala que aprenda!” No tuve más remedio que levantarme delante de todos los presentes, dirigirme a una mesa y planchar la camisa. Pero no fue suficiente, tenía que lucirse aún más, así que cuando se la entregué,  la botó 1, 2 y hasta 3 veces, pues según él, no quedaba bien. Gritó lo que quiso y, finalmente, se la puso pero de forma inconforme y haciéndome sentir la mujer más inútil del planeta, pero también, la más humillada en ese momento. 

Mujer, seas como seas, cualquiera que sea tu físico, tu forma de ser, de pensar, tu oficio, tu nacionalidad, tu edad, tus ideas, tus gustos y todo lo que te haga ser tú misma, debes recordar que NADIE tiene el derecho de hacerte sentir menos, porque, simplemente, no lo eres. Nunca agaches la cabeza por nadie, ni permitas que te denigren por cosas que hayas hecho o dicho, nadie es perfecto, mucho menos, aquel que dedica su tiempo en humillarte y en sobajarte. Piensa: ¿por qué dedica tanto tiempo en hacerte sentir inferior?  Porque no lo eres, el inferior es él, lleno de inseguridades y miedos de los cuales cree alejarse cada vez que te humilla y porque solo así puede sentir que vale algo…. 

Aléjate de quien no te valora, porque solo estás perdiendo tu tiempo y tu energía en alguien que no vale nada. Aprende a quererte y valorarte a ti misma, para que no necesites el visto bueno de nadie. 

14. Que te dé donde más te duele:
El amor te hace vulnerable, te abre, te hace sentir en confianza y eso a su vez te lleva a compartir aquello que te duele, que te marcó, tus miedos y debilidades. Lo compartes porque sientes que esa persona va a cuidar de esa información. Pero muchas veces no es así.

ANÉCDOTA: Cuando recién conocí a mi verdugo, tuve la idea de que era la persona ideal y en quien podría confiar mis más íntimos secretos, darle toda la confianza y abrirme sin tapujos, pensé en ser transparente y no tener secretos con él, así que lo llené de información sobre mí… no le costó trabajo descubrir mis debilidades ni mis lados vulnerables, pues yo misma me abrí de forma absoluta… ¡ERROR FATAL! Cada vez que había una discusión, o intentaba chantajearme para conseguir algo, siempre sacaba a relucir mis errores, mis secretos y mis debilidades

Hay sujetos en los que no se debe confiar, pues en el momento más inoportuno pueden sacar frases como: “bueno, tal vez si no fueras tan complicada, tu ex no te hubiera dejado” o “Tanto te quejas de tu madre y eres igual a ella”.

Alguien que juega con tus debilidades para manipularte y que las usa a su favor, es una persona que no está en una relación sino en una competencia. Las personas que te quieren nunca te hacen daño deliberadamente, están ahí para cuidar de ti, para protegerte, no para lanzarte a los leones.


MUJER:


El amor no está compuesto por nada de lo anterior y cualquiera que busque convencerte que sí, está apelando a que seas lo suficientemente estúpida como para no darte cuenta. Está en ti, entonces, probarle lo contrario.Cuando el amor es verdadero, no es válido hacer sacrificios, ni tampoco tenemos la obligación de dar muestras de “amor” cuando sean a costa de nuestros principios, valores, gustos, necesidades ni nada que implique un esfuerzo supremo. 

El extraordinario escritor y terapeuta,  Walter Riso, afirma que el amor tiene límites. Tu dignidad, tu integridad, tus principios, tu realización y tu felicidad deben estar por encima de cualquier relación. Si alguno de estos puntos se ve afectado, es imprescindible  actuar de acuerdo a la siguiente expresión: "Te amo, pero te dejo porque no le vienes bien a mi vida".  No es fácil dejar a quien amas, pero si sabes amar con independencia y sabes amarte a ti misma, sabrás poner por encima del amor tu vida, tu felicidad, tu autorrealización, y tendrás la valentía para dar ese gran paso.

Tenemos que liberarnos de las creencias absurdas sobre el amor que limitan nuestro crecimiento personal. Cosas como que ‘amar implica renunciar a la propia identidad’. Debemos crear un vínculo de amor saludable y sin ataduras a través del cual cada quien pueda darle impulso al desarrollo de su libre personalidad, a pesar y por encima del amor.



FUENTES:


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miércoles, 13 de febrero de 2013

14 de Febrero: Día del Amor... Sin Violencia



En México, como en el mundo, cada año miles de niñas y mujeres son víctimas de violencia de todo tipo. Se estima que 7 de cada 10 mujeres experimentan violencia física o sexual en algún momento de su vida;  por ejemplo,  en México, al año, tomando cifras conservadoras, hay alrededor de 50 mil mujeres agredidas sexualmente. Y pocas, muy pocas veces, suele castigarse a los agresores.  La impunidad exacerba la violencia que se comete contra las mujeres. 

La violencia contra las mujeres es una violación flagrante de los derechos humanos que rompe familias y comunidades, además obstaculiza el desarrollo. Los abusos, la discriminación, la violencia emocional y física, así como los delitos sexuales y los asesinatos contra mujeres son cosa de todos los días en casi todos los estados, destacando entidades como Chihuahua, Nuevo León, Oaxaca y el estado de México, donde se rebasa la cifra de mil mujeres asesinadas por año. 


En el marco del Día de San Valentín, que se celebra el  14 de febrero, deseamos hacer una reflexión y un recordatorio acerca de la  importancia de promover, fomentar y mantener relaciones respetuosas y libres de violencia. 


Para mucha gente, especialmente para los jóvenes, este día donde Cupido, los corazones y las listas de regalos inundan todos los medios y entornos, es necesario enfatizar que el AMOR debe vivirse SIN VIOLENCIA, para lo cual, las mujeres (principalmente las jóvenes)  deben aprender a identificarla, así como las señales de alerta que muchas veces se confunden con signos de amor, preocupación o simples celos, cuando en realidad son las claras características de una relación violenta.  


Por eso, a pesar de que hemos insistido en muchos artículos anteriores sobre la problemática de la violencia contra las mujeres (incluyendo la que se padece en el noviazgo), consideramos que esta ocasión es ideal para resaltar algunos conceptos, así como los riesgos que se corren al vivir en una relación violenta,  pues se trata de un fenómeno que tiene enormes y graves consecuencias, no solo para las víctimas, sino también para sus hijos, su familia, el Estado, la sociedad y todos en general.


VIOLENCIA EN LAS PAREJAS:

La violencia en la pareja no es natural, se desarrolla en algunas relaciones, muchas, demasiadas, pero no en todas. 

Las conductas violentas en las relaciones de pareja, generalmente, no son percibidas como violentas, ni por las víctimas ni por los agresores, porque se tiende a confundir el  maltrato y las ofensas con el amor y el interés por la pareja. 


En el noviazgo se pasa de la mera simpatía o del simple gustarse, a una nueva relación de mayor conocimiento y que a su vez debe estar inspirada por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza. 


La violencia disfrazada de amor es difícil de detectar (pero posible). Los signos de maltrato durante el noviazgo son desconocidos para gran parte de las mujeres, quienes los confunden con muestras de afecto de sus parejas, ya que sienten que es "el amor de su vida" , y en realidad están ocultando conductas controladoras . 


¿Por qué sucede?, ¿Por qué algunas mujeres se vinculan con hombres que todo resuelven a golpes o que utilizan la palabra para herir?  ¿Por qué en ellos la sexualidad parece ser para lastimar y ejercer el poder y no para expresar cariño? 

Las causas son muchas y hay que saber reconocer las señales, ya que desde los primeros encuentros amistosos con miras a una relación, revelamos parte de nuestra personalidad. Si desde el noviazgo hay violencia, es mejor dejar la relación: los borrachos y los golpeadores se ponen peores con el tiempo. 


Las mujeres, por entrenamiento cultural, mostramos nuestro lado más frágil cuando nos sentimos seguras y hablamos de nuestros miedos, de nuestro deseo de sentirnos protegidas, de nuestros fracasos, nuestros anhelos, entre otras cosas. Por el contrario, los hombres en general son de menos palabras que nosotras, (aunque no siempre), así que escuchan,  conocen nuestro lado flaco y,  la mayoría  de la veces, no se  muestran como en realidad son.  


Por ejemplo, podría suceder que cuando conocemos a alguien, él cuenta cómo siendo un hombre maravilloso, buena onda y comprensivo, ha sido traicionado por una mala mujer, pero él solo espera encontrar a alguien que en verdad lo ame y lo entienda.  


ATENCIÓN: Los hombres que desde novios son quejosos de otras mujeres, esperan lograr que, en un arranque de amor y abnegación, les juremos que nosotras no los vamos a dejar nunca, que los amaremos por encima de nosotras mismas y, sobre todo, que seremos leales… y fieles hasta la muerte. 


Al poco tiempo viene la prueba de fuego. Él preguntará: "¿Me quieres?", seguida de: "¿Cuánto?" Estas preguntas no garantizan que él también nos diga el amor que siente por nosotras, algunos podrán ser sinceros, otros mentirán y algunos más nunca lo reconocerán. Una vez que contestemos las preguntas hechas por el "enamorado" (a las cuales con toda seguridad responderemos de forma afirmativa)  procederá  la famosa solicitud de la llamada “"prueba de amor"”, es decir, tener relaciones sexuales porque él así lo quiere y lo  “necesita. (OJO: Si usa la fuerza física o te chantajea de alguna forma para lograr su objetivo, entonces se trata de una violación y debe denunciarse.)


Para convencerte, intentará usar  diferentes estrategias: dirá que es una señal del gran amor que ambos se tienen, que solo contigo desea tener intimidad, que nadie lo había hecho sentir lo que tú le inspiras.... y usará  todo tipo de ganchos en los que,  muchas,  hemos caido.  De esta forma, debemos elegir entre una reunión agradable, ir al cine o simplemente hablar.... o acceder al "apapacho",  porque el señor está querendón. Por supuesto, todo esto esconde la idea “machista de "es cuando yo quiero"”. 


En ocasiones, si la mujer no accede a la petición de su pareja de tener intimidad, lo que sigue puede ser la violencia, verbal o física, cimentándose así los futuros acuerdos de la pareja, donde se aceptan constantemente las prioridades de él, y pocas veces o nunca,  las de ella. Y así nace una relación DISPAREJA y, sobre todo,  violenta. 


Cabe mencionar que cuando en una relación hay violencia y ellos hablan del tema con otros hombres, los acontecimientos son vistos desde una luz favorable a los puntos de vista de los que dicen: "“perdí la paciencia", ” pero no mencionan los golpes. Un hombre violento reafirma su conducta, pues al no relatar los hechos,  su amigo  no lo sabe  y por lo tanto no puede decirle que está mal lo que hace, por lo que el agresor sigue pensando que la culpa de todo es de la mujer con quien vive o de su mamá, sus hermanas o sus hijas, en fin, de “otras mujeres, pero ”nunca  será culpa de él mismo. 


Muchos hombres suelen expresar:  “"Yo por las buenas soy muy bueno y si no me provocan no pasa nada”" o "Si ella se porta bien, me atiende y me cumple, entonces yo estoy tranquilo". Un sujeto violento nunca admite su incapacidad de control, cree que eso no le corresponde a él, sino que traslada esa responsabilidad a las mujeres, quienes no deben hacerlo enojar. 


El hombre violento, por lo general, muestra al mundo  la cara de un hombre  responsable, reservado y que responde con buen humor a una broma de algún compañero de la oficina, pero al llegar a su casa, descarga su furia, su frustración y su inseguridad en golpes y ofensas a la mujer con la que vive, aquella que por ser su pareja,  debe aguantarle todo, según su criterio. 


Se ha comprobado que los hombres violentos tratan de vincularse con mujeres que son educadas en un sistema tradicional, en aquellas que piensan que deben conservar la relación (sea como sea) por el bien de los hijos, que deben ver por el bienestar de la familia, que los hijos no deben crecer sin un padre, que sin el marido ellas no podrán salir adelante con sus hijos y en todas esas creencias y  mitos que solo ayudan a someterlas aún más, tanto a ellas como a sus hijos,  en un infierno. O bien, se vinculan con mujeres que son débiles,  propensas a la codependencia o que padecen del Síndrome de Wendy (lo veremos en un post  próximamente) .


Cuando el maltrato es muy notorio y la mujer que sufre no aguanta la relación algunas veces se decide por abandonarlo, y es entonces cuando  él puede fingir un arrepentimiento exagerado, con amenazas de suicidio, o de quitarle los hijos, la acusa de adulterio o más; sospecha que alguien la está aconsejando, porque ella por sí misma no tomaría una decisión tan loca como abandonarlo a ÉL; alega que sí,  que a veces tiene esos “malos ratos, pero es ” de tanto que la quiere. 


Esta farsa es representada de manera tan convincente que ambos pueden acabar por creer que es verdad , así que ella lo perdona y "olvida" (CICLO DE VIOLENCIA).



Si ella lo perdona y decide quedarse, el señor no quiere hablar más de separación, ni de lo que orilló a la mujer a querer abandonarlo, y mucho menos, quiere saber de arreglos para el cambio, lo que deja a la mujer sin desahogar su dolor y enojo. 

Después de eso, él  pretende  que todo siga igual.  Así inicia la reconciliación, “la nueva luna de miel”. Él se compromete a que “si ella se porta bien”, él se portará a la altura, pero en esas condiciones ¿qué es portarse bien? Puede ser tener relaciones sexuales cuándo y cómo él diga,  que ella no le pida dinero y que haya comida de la que a él le gusta, aún si no se ha aparecido en 15 días. Como quién dice: “No te fijes cómo vengo, da gracias que ya llegué”. 


Como vemos, es necesario ver las señales de alerta desde el principio. Sin embargo, muchas mujeres no sabemos poner un alto en los inicios de una relación violenta y el resultado es que, años después, la mujer asustada, humillada y doliente no encuentra eco en sus demandas de mayor diálogo y afecto, y teme lo que pueda ocurrir si habla. 


Algunos hombres pueden darse cuenta de lo que significa una relación así, y posiblemente desean cambiar,  pero no saben cómo, y las cosas se van deteriorando.  Pero otros hombres nunca se dan cuenta de qué pasa y buscan la manera de herir en lo más profundo a la mujer y los hijos con los que viven. Pueden insultar mientras golpean, golpear sin hablar, amenazar sin motivo, abusar sexualmente de la compañera o de sus propias hijas o hijos, dejarlos sin dinero o robarle a ella lo que gana. 


¿Por qué alguien aguanta esa situación? ...Es una pregunta difícil de contestar y, sin embargo, sucede. 


Puede ser que existan mujeres a las que les guste tener un compañero que parece saber siempre lo que hace, pues eso les da seguridad; otras no pueden dejar a un hombre que dice quererlas tanto, que vive pendiente de ellas, que no las deja respirar de tan celoso que es. Pero también hay quien vive aterrada por la furia con que es golpeada, teme por su vida y no encuentra, entre amigos y familiares, a alguien que pueda darle protección y ayuda. 


RELACIONES CON RESPETO

El amor significa cosas diferentes para cada quien, pero un aspecto es constante, la necesidad de lograr una vida segura y libre de violencia. El amor debe constituirse y desarrollarse en un marco de respeto e igualdad; las relaciones respetuosas deben ser equitativas y libres de violencia física, sexual, emocional y económica.


Una relación equitativa y amorosa permite repartir el peso de los problemas entre dos, así como se duplican las alegrías.  La responsabilidad de mantener la relación es de ambos, donde el  amor y el respeto nos otorguen tranquilidad, compañía y ayuda en el camino de la vida y, además, nos permitan acrecentar  los momentos de felicidad. 

No es fácil desarrollar una relación de respeto y equidad, y no porque no deseemos hacerlo, sino porque nuestra sociedad carga en las mujeres una serie de obligaciones emocionalmente desgastantes.  Las obligaciones masculinas valorizadas son otras, que tienen que ver con la agresividad y la falta de expresión de las emociones.  


La educación tradicional, sexista por definición, así como el machismo arraigado,  son factores que  dificultan la construcción de relaciones sanas, respetuosas,  libres y equitativas. 


En este orden de ideas, ser mujer es una especie de castigo divino, en el que tenemos una serie de obligaciones que no nos harán felices, pero que se supone sí harán felices a los que amamos, y con ello nos sentiremos buenas y santas, merecedoras de la adoración de los hijos y el esposo, que nos pondrán en un altar. 


Bajo esta  ideología, entendemos que no debemos buscar el agradecimiento, tan sólo la satisfacción moral de sabernos “buenas y valiosas”; que nuestra recompensa es en el otro mundo o en “la felicidad de tener una familia "modelo". ” Eso es una fantasía; al contrario, las mujeres que se sacrifican y son abnegadas pierden toda posibilidad de pedir para si mismas respeto. Los mismos hijos por los que soportó una vida terrible, un cautiverio, difícilmente le guardarán respeto, la tratarán como una menor de edad y, seguramente, repetirán la violencia que aprendieron de su padre con su compañera. 


Por otro lado, sus hijas correrán con la misma "suerte" que ella, pues será muy probable que en un futuro cercano se unan con hombres que les den la misma vida de encierro,  aislamiento y abusos que  su madre tuvo y de quien aprendieron su "abnegado" ejemplo. 


Por eso hay que cuidar el inicio de la relación. Debemos poner límites, por ejemplo, en el caso de las mujeres que trabajan fuera de casa, deben dejar claro desde el inicio que es algo que les gusta hacer, y que desean seguir haciendo, pues nunca, ninguna mujer,  debemos perder nuestro espacio ni nuestros sueños. 


Ganar dinero es bueno para nuestra salud mental, aunque a veces estemos cansadas y nuestro trabajo no sea una maravilla.  Además, al trabajar, evitaremos ser dependientes económicas de la pareja, aunque eso no  exima de sus obligaciones y responsabilidades a la pareja.  Al trabajar ambos, se debe  hablar sobre qué se va a hacer con el dinero que cada quién gana y cómo se va a repartir, o bien, acordar la forma en que los gastos serán compartidos  (una vez tú pagas la renta, la otra el gas y viceversa). Es una buena opción para  evitar problemas futuros (aunque no es garantía,  pero más vale hablarlo que dejarlo al tiempo). 


Si a él le cuesta trabajo que ella tenga independencia, entonces es una señal que la mujer debe evaluar detenidamente. 


Del mismo modo, dialogar sobre el trabajo de la casa a profundidad, sobre quién es responsable de hacer qué, y de qué quehaceres  compartir,  es indispensable para mantener una igualdad en el hogar. 


Debemos dejar claro que estamos dispuestas a apoyar y a acompañar a la pareja en las situaciones y problemas que se presenten y que se nos apoye y se nos acompañe también, pero eso no significa que la mujer abandone sus actividades y oportunidades de desarrollo.... ¡!NO¡¡. 


En una relación  hay que dejar muy claro, que los espacios de decisiones de nuestra vida son nuestros, y si pedimos la opinión de nuestro compañero, es porque queremos oír a alguien interesado en nuestro bienestar, pero eso no quiere decir que vamos a seguir sus ”indicaciones ”al pie de la letra. 


Si el compañero cree que nuestras expectativas deben centrarse en atender las necesidades que él tenga, debemos rápidamente despejar esa incógnita, decirle que no queremos renunciar a nuestras ambiciones, a nuestro sueldo, a nuestros sueños. 


Cuando se trata de llegar a un acuerdo, y uno es el que ofende y el otro es el que aguanta” o donde él tiende a enojarse y se muestra agresivo, aunque sea verbalmente, o bien,  los enfrentamientos se vuelven bruscos  y frecuentes, ya no se puede hablar porque el otro insulta  y nosotras siempre tenemos la culpa, es hora de decidir que nuestra relación va camino a -o ya está en- la violencia física, social, verbal, psicológica o económica. 

Hay que recordar que nadie tiene derecho a hacernos sentir mal, a golpearnos e insultarnos y menos en nombre del amor. 

Si hemos detectado que vivimos en una relación violenta,  debemos dejarlo; nosotras no tenemos que aceptar malos tratos...ni siquiera de palabra, ni de ninguna clase.  Puede que la violencia que vivimos con nuestra pareja nunca llegue a los golpes, cuando alguien que queremos, con quien convivimos, no nos toma en cuenta en nuestros sentimientos, emociones o deseos, nos minimiza, nos controla, nos aisla o nos insulta, nos deja cicatrices muy dolorosas que, difícilmente, podremos curar. 



Mientras el diálogo respetuoso sea posible, la relación puede ser considerada como sana para llegar a acuerdos. Entre los dos, con apoyo mutuo, respeto y comprensión, se puede lograr el desarrollo de la pareja y de la familia.   


Es fundamental que reconozcamos el maltrato desde los primeros síntomas o indicios de control, y actuemos para salir del círculo de violencia que, posiblemente,  comienza a rodearnos. 


TIPOS DE VIOLENCIA


EMOCIONAL: Celos, posesividad, amenazas de muerte, chantajes, expresiones que nos hacen sentir culpables, inferiores o inseguros, que no valemos, que estamos locos; son formas de violencia emocional. Este tipo de violencia es muy peligrosa porque es muy común que sea INVISIBLE ya que cuando se experimenta pensamos que es “normal”; a veces hasta la apreciamos, sobre todo en sus primeras fases. Un ejemplo típico es cuando el varón pide  repetidamente a la novia que no vaya a una reunión con sus amigas con el pretexto de que quiere pasar más tiempo con ella; otro es celar a la pareja o exigirle “pruebas de amor”. 


FÍSICA: Patadas, empujones, pellizcos, jalón de pelos, golpes, cualquier tipo de contacto físico no deseado; este tipo de violencia puede llevar al HOMICIDIO. 


SEXUAL: Presionar para ver fotografías o videos pornográficos, obligar a que use o a que no use un método anticonceptivo, burlarse de la respuesta sexual de la pareja, obligar a alguien a ser tocado, acariciado o a tener relaciones sexuales cuando no quiere. 

ECONÓMICA: Cuando el dinero es la forma que se utiliza para chantajear, esconder el dinero del gasto, no ser sinceros con las cuentas que manejamos, quitar el dinero, obligar a la pareja a pedir dinero o hacer algo incómodo para que lo consiga. 



INSTITUCIONAL: Cuando una institución que fue creada para brindar un beneficio social se niega a prestar sus servicios a una persona debido a su género, su nivel socioeconómico, su origen, su religión, a su preferencia sexual, o algún otro pretexto. También se considera violencia institucional cuando  una autoridad revictimiza a la víctima de alguna agresión al no querer atenderla, presionarla para que no haga la denuncia, convencerla para que regrese con su marido o culparla por lo que le sucedió.

¿QUÉ PUEDO HACER?

Si estás comenzando una relación y él no ha dado muestras de control o agresividad, y por el contrario, se muestra abierto al diálogo y tú has sabido poner límites, entonces puede que esa  relación no sea dañina....pero nunca te confíes, nunca dejes de mantente alerta.

Si estás en una relación donde has detectado varias señales de alerta, por favor...aléjate de inmediato del agresor!!!. 


Si tu pareja llega a atacarte física o sexualmente, intenta proteger tu cuerpo y las partes más vulnerables como la cabeza y el abdomen....Grita, pide ayuda.  

Y lo más importante, por favor, denuncialo y pide ayuda. Acude a un centro de salud, a un hospital, a un médico, a una agencia del MP y, de ser posible,  acompáñate por una persona de tu confianza.  Los expertos recomiendan no lavarse ni quitarse la ropa con la que fuiste atacada, pues posiblemente existan rastros del agresor.

Siempre trata de ponerte a salvo de la violencia, aunque lo ideal sería que NUNCA permitas llegar a esos extremos de violencia.  

¿CÓMO PUEDO PREVENIR QUE ME SUCEDA?
Lamentablemente, todas las mujeres estamos expuestas a sufrir algún tipo de agresión. Las pocas estadísticas que existen destacan el gran número de mujeres que han padecido la violencia por parte de sus parejas o ex parejas.

Sin embargo, puedes tomar algunas medidas de prevención:

Quiérete, valórate y disfrútate plenamente a tí misma. No te conformes con el primero que te hable bonito. Debemos aprender a ser selectivas, a analizar los comportamientos de los varones que nos "enamoren" y a no tenerle miedo a la soledad.

Aprende a detectar las señales de alerta desde el principio. La prevención es una medida imprescindible, para lo cual, debes informarte, pedir orientación profesional si es que tienes dudas;  nunca te aisles de tu familia ni de tus amistades, tampoco renuncies a tus sueños ni anheles ser el estereotipo de la "abnegada y enamorada mujercita".....Eres una mujer, fuerte, valiente e independiente, no cambies nada por nadie.

Pon límites y basa tus relaciones en el respeto y la equidad. Conoce tus derechos y averigua los lugares de ayuda que existen para casos de violencia....nunca sabrás cuándo necesitarlos, ya sea para tí o para alguna otra mujer cercana a tí.


MUJER:

Recuerda que el verdadero AMOR se vive y se disfruta SIN VIOLENCIA

https://www.facebook.com/crisalidaperenne10

Salir de una relación destructiva y dependiente no es fácil pero tampoco es imposible; tal vez implique enfrentarse a fuertes problemas económicos y emocionales, pero cada vez hay más grupos de apoyo; búscalos.  

Nunca olvides que:

Quien de verdad nos ama,  nos hará reír,  jadear de placer, nos comprenderá y nos ayudará en los momentos que lo necesitemos casi sin pedirlo.....es decir, nos mostrará su amor de formas sanas y nos complementará, sin exigencias ni controles,  pero NUNCA, por ningún motivo,  nos hará llorar y,  mucho menos, nos dañará de forma alguna. 



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FUENTES: 


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