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martes, 27 de octubre de 2015

¡NO MÁS ABRAZOS CON VIOLENCIA! : 18 fotografías que revelan posesión y dominación





Muchas veces, un abrazo, una mirada, una actitud, una palabra suelen confundirse con muestras de amor, cuando en realidad son señales de posesión, de dominación, de control, de sometimiento.... Debemos estar muy alertas a cualquier señal, por sutil que sea, pues recordemos que la violencia comienza con signos que pueden pasar desapercibidos o que consideramos normales, pero con el tiempo avanzarán y podrían convertirse en actos realmente peligrosos. Y para muestra comparto parte de mi experiencia.....

Es innegable que aún, en este siglo, persistan los casos de violencia machista. Como sociedad, no hemos podido disminuir y, mucho menos, erradicar ningún tipo de violencia en ninguna de sus manifestaciones. No hemos podido eliminar estereotipos, ideas sexistas ni mitos. Tampoco han desaparecido la discriminación ni la impunidad. Todavía subsiste la idea de la supremacía de lo masculino sobre lo femenino, así como la concepción patriarcal de posesión y control respecto de las mujeres.

Dicen que una imagen vale más que 1000 palabras… y lo confirmo con asombro. 

Hace algunos días decidí poner en orden algunos documentos personales y, junto con ellos, una gran colección de fotografías familiares que se fueron almacenando desde mucho, pero mucho tiempo atrás. 


Son fotografías, básicamente familiares, desde mi adolescencia hasta hace casi 2 o 3 años, pues ahora con los avances tecnológicos, ya no es necesario revelarlas o imprimirlas, simplemente se guardan en memorias USB o de otro tipo, lo cual nos ahorra espacio y tiempo.


Pero como años atrás no existían smartphones ni aplicaciones,  mi archivo personal de fotografías en papel se hizo bastante extenso. 

Debido al número incalculable de fotografías que tenía acumulado y también a la enorme cantidad de recuerdos que cada una de ellas representa en cada etapa, no me atrevía a ordenarlas en cajas destinadas para ello. Simplemente las tenía regadas por todos lados… hasta que me decidí arreglar ese desorden.


Obviamente, muchos de los momentos que se pueden apreciar en muchas de esas imágenes, los tenia presentes, otros no. Al verlas, pude hacer un recorrido mental y emocional de cada etapa, de cada instante, de cada persona... y de mi misma a través del tiempo.


Recordé detalladamente cada etapa:  como hija, de soltera, de casada, de mamá.... todo estaba ahí. Momentos como Navidades, cumpleaños, paseos, eventos escolares de mi hija, vacaciones, fiestas, despedidas, mi boda, etc, etc fueron adueñándose de mi memoria, sin embargo, tal vez debido a la madurez que se adquiere con los golpes, al tiempo que ha transcurrido, o a cualquier otro motivo, las emociones ya no se sienten como antes. Pude ver aquellos recuerdos más objetivamente, desde otra perspectiva, con mayor raciocinio. Ver a ciertas personas que ya no están en mi vida, no me causó ningún dolor, como el caso de mi ex marido. Posiblemente, porque desde que el proceso de mi divorcio terminó (y el que duró cerca de 5 años), decidí cerrar el ciclo emocional con mi pasado, sobre todo el referente a mi matrimonio. 


Desde que me separé de él, opté por no desahacerme de ninguna fotografía, y las guardé todas, incluyendo donde aparece él, principalmente por dos razones: 1) ¿por qué debía tirar algo visual si la realidad indica que él estuvo presente en muchos eventos y momentos? 2) Las conservé por mi hija, tal vez  ella quiera recordarlas en el futuro. 

Durante todos estos años que se mantuvieron guardadas,  mis emociones no se encontraban en óptimas condiciones, debido al  divorcio, a los problemas de subsistencia, a la recuperación del proceso y a todo ese tipo de trances, así que opté por no recurrir a las fotografías. Hasta que de la nada, sentí que ya era el momento indicado de sacarlas, verlas y archivarlas ordenadamente. Mientras realizaba esta tarea,  a veces junto a mi hija, otras yo sola, pude comprobar que ya nada movía mi estabilidad… ¡¡hasta que descubrí con gran asombre algo que, honestamente, nunca antes había percibido!!


Como muchas lectoras y lectores saben, mi ex marido siempre se caracterizó por ser una pareja controladora, manipuladora, narcisista y violenta, lo cual, finalmente me llevó a decidir por terminar con la relación. Siempre dio muestras de su forma de ser, pero nunca me di cuenta que podía revelarlo a través de las imágenes, hasta ese día que lo descubrí. 


Observé, con gran sorpresa,  que en la mayoría de las fotografías donde aparecemos él y yo juntos, se repetía un patrón. La forma en que él me “abraza” o me toma para posar frente a la cámara, refleja  una manera más de manifestar que yo era de su propiedad. 


¿Qué significa? Veamos algo acerca de la importancia del lenguaje corporal


El lenguaje corporal es tan comunicativo y evidente como las palabras. 


El cuerpo tiene su propio lenguaje, es un idioma mudo, pero tan expresivo que comunica mucho mas que las palabras


Expertos dicen que el lenguaje corporal maneja el 65 por ciento de la comunicación, las palabras son el 35 por ciento restante; en la transmisión de un mensaje influyen más el tono y los matices que las palabras, estas pueden llegar a engañar pero los gestos corporales son delatores. La expresión facial es, junto con la mirada, el medio más rico e importante para expresar emociones y estados de ánimo. 





El lenguaje corporal trasmite un mensaje por medio de poses, movimientos o gestos; delata completamente los sentimientos o percepción acerca de la persona con la que está interactuando.


El cuerpo refleja lo que sentimos frente a determinadas situaciones, contextos y personas independientemente de lo que decimos. 

Específicamente,  tratándose de una persona violenta, no existe ninguna diferencia. Un agresor, ya sea golpeador o no, también manifiesta con el cuerpo su forma de ser, ya sea prepotente, si se siente superior, si está a la defensiva, si va a atacar... o si cree que algo o alguien es de su propiedad.


Y para muestra basta un botón (como es costumbre, omito el nombre del susodicho y su rostro, para respetar su privacidad):




Confieso que, la primera impresión que me causaron estas imágenes, fue pensar en una clase de defensa personal, donde se practican esas famosas "llaves" que tienen como finalidad someter a otra persona... algo así como la imagen de la izquierda. ¿No parece que él estuviera practicándola en cada imagen? ¡Qué indignante!

Eres de mi propiedad y te someto

Lejos de ver esto con algo de "humor negro", la realidad es que la forma en que en cada imagen me toma (que por cierto,  pertenecen a diferentes etapas de nuestra vida en común a lo largo de casi 20 años), indica la forma en la que siempre fui tratada: como un objeto de su propiedad, sin valor, sin decisión, sin opción.... Se nota, bajo el criterio del susodicho, que debo mantenerme sometida a su voluntad. Y así fue, mi falta de autoestima, de información y tal vez debido a la  indefensión adquirida a lo largo de los años, me cegaron y me convirtieron en un ser dependiente, anulado (como puede verse en las imágenes). Por cierto, en la última fotografía (último recuadro), la otra persona a quien tiene tomada de la misma forma que a mi, es mi hija. 


Y si no es suficiente con esa muestra, aquí van otras imágenes más que reflejan la idea de posesión y de superioridad que mi ex siempre mantuvo frente a mí:



Debemos reconocer que en esta sociedad, como en muchas más, persiste una cultura imperante en la que muchos hombres creen que la mujer es de su propiedad,  y por eso la humilla, la anula, la golpea, y hace un ejercicio de poder en todo momento, ejerciéndolo de las formas más sutiles y, a veces, manifestándolo de formas muy salvajes o hasta irremediables. 

Muchas veces se dice que un hombre que maltrata  a las mujeres (ya sea a través de la violencia emocional, económica y/o física), es un enfermo o adicto, pero no es así, hay que recordar que la mayoría de los maltratadores no son violentos frente a su par, solo actúan con violencia frente a quienes creen más débiles (sus parejas, principalmente).  Es más, la mayoría de los sujetos maltratadores (como el que aparece en las imágenes anteriores) van por la vida con otra careta, aparentando ser hombres serios, responsables y hasta respetuosos, pero es en la privacidad de los hogares cuando desatan su verdadera identidad abusiva. 


Contrario a lo que a veces pensamos, la violencia no implica sólo golpes o insultos. Tiene formas muy sutiles, que son justo las más peligrosas, ya que es mucho más difícil detectarlas en nuestra propia relación. En efecto, hay formas de violencia que no son brutales, que son naturalizadas, y que paulatinamente van llevando a formas más extremas de agresión. Nadie empieza golpeando o matando. Las primeras manifestaciones de violencia hacia las mujeres suelen ser el control, la manipulación, las bromas hirientes, las prohibiciones disfrazadas de amor o preocupación, el aislamiento, volver dependiente emocional y económicamente a la mujer, las humillaciones y, como hemos visto, las manifestaciones de “eres de mi propiedad” a través del lenguaje corporal. 



¿Te suena familiar?


"Me cela porque me quiere"; "no me deja salir con mis amigas porque tiene miedo de que me pase algo"; "no quiere que trabaje porque quiere darme todo" “Me empujó porque estábamos jugando” o “Me dice gorda de cariño”. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a alguna amiga (o a nosotras mismas) decir que su novio la cela hasta el cansancio, con el argumento de “yo confío en ti, pero no en tus amigos”?. O que el marido le sugiere cómo vestir, quiénes deben ser sus amigas, se inmiscuye en sus asuntos profesionales o, entre broma y broma, le dice cosas que no le gustan, como que es una inútil,  fea o algo tonta. A veces, con el pretexto de estar jugando, él la empuja o la trata con indiferencia cuando no hace algo para complacerlo. Los pequeños actos de dominación son tan cotidianos que parecen normales. Empiezan con una sencilla falta de respeto, con apodos ofensivos, empujones “en broma”, chantaje, manipulación, celos, control, con una burla, con una mentira, con manipulación, o un abrazo que indique “eres de mi propiedad y por tanto te trato como yo quiero”.



Todas las conductas descritas anteriormente van minando la autoestima de las mujeres, quienes, generalmente las mujeres vemos esas conductas como algo muy normal y hasta las justificamos, pero en realidad NO tienen justificación alguna, al contrario, cada uno de esos comportamientos solo denotan una falta absoluta de respeto hacia nosotras.  Lamentablemente muchas veces tocamos la realidad cuando se llega a los golpes, y es cuando puede comprobarse que la violencia NO es un juego,  por el contrario, es una evidencia de que la relación estaba repleta de violencia. Y no debemos llegar a eso.





Como vemos, la violencia tiene más de un rostro y se presenta en diferentes etapas de la relación. Por tanto, no debemos permitir en la práctica, en la realidad cotidiana, los comportamientos y las mentalidades que muchos hombres demuestran, como que las mujeres somos de su propiedad.


¡¡Peligro!!


Como hemos dicho, la mayoría de las veces, las mujeres que viven inmersas en una relación violenta (con golpes o sin ellos) no se reconocen como víctimas, aunque a veces pueden reconocer su miedo, su sufrimiento o su malestar. Pero no se atreven a aceptar que padecen violencia y agresión ejercida por la persona que aman.  Mientras más tempo se pase en una relación violenta, será más difícil aceptarlo, reconocerlo y actuar ante esto.


Lo alarmante de la violencia en la pareja es que tiende a crecer y a intensificarse. Si la mujer no reacciona, estos actos se transforman progresivamente en verdaderas conductas perversas que tienen graves consecuencias para la salud psicológica y física de las víctimas.

DEL ABRAZO A LOS GOLPES


Una de las características de los golpeadores es que no controlan sus impulsos con la pareja y en muchas ocasiones tampoco con los hij@s.  Si has notado algunas señales de violencia dentro de tu relación, pero no ha llegado a los golpes... ¡¡TEN CUIDADO!!  Aléjate de inmediato. 


Algunas actitudes que muestran los agresores previo a la agresión física son (NOTA: No es una regla, son indicadores, lo ideal es que no esperes a que las cosas lleguen a un nivel de riesgo):  


· Contacto visual sostenido y ceño fruncido.
· Rostro colorado.
· Vena del cuello marcada.
· Respiración superficial.
· Hipermovilidad, manoteo, señalarnos con el dedo en gesto de retaliación.
· Contacto físico, distancia cerrada (se acerca más hacia nosotras).
· Gritos, incapacidad de armar oraciones coherentes y presencia de monosílabos.
· Amenazas o promesas de hacer daño


Alguna o la suma de estas señales indican que estamos frente a una persona que está a punto de atacar y por lo tanto es altamente peligrosa.  ALÉJATE CUANTO ANTES. 


Si llegas a estar frente a alguien que manifiesta estas señales recuerda:


· Mantente fuera del alcance del agresor. No sólo porque nos permite anticipar un ataque, sino que será nuestra medida para verificar qué tan dispuesto está a agredir (si avanza repetidamente hacia nosotros cerrando la distancia es mala señal).


· No te mantengas cerca de ventanas o de lugares con mayor riesgo (evita estar cerca de cuchillos, utensilios filosos, armas, etc) 


·  Huye en cuanto puedas.


COLOFÓN:

Hoy me encuentro lejos de ese sujeto. Tardé 20 años en darme cuenta que vivía dentro de un circulo de violencia psicoemocional y económica que casi destruyen por completo mi autoestima y mi dignidad. 

Sí, estuve ciega...  ciega por amor en un principio, por no valorarme a mi misma, por confusión, por ignorante, por miedo, por depender de él para comer un pan y hasta para saber qué talla de pantalones debía usar, por temor a creer que no podía subsistir por mi misma, por el que dirán y por mil pretextos más… pero estas fotografías me han servido para recordar que nunca más debo regalar mi dignidad a nadie, no estoy dispuesta a cometer otra vez los mismo errores. 

Tal vez las experiencias que he compartido, no solo hoy, sino en muchos otros artículos publicados en mis blogs, puedan servir  a muchas otras mujeres, jóvenes o no. Y por eso les recuerdo... 


MUJERES:


NADA NI NADIE DEBE TENER EL PODER SOBRE NOSOTRAS. 

No  entreguemos a nadie nuestra identidad ni nuestra  dignidad. 

Mantengámonos siempre alertas a las señales, aún ante las más sutiles.  

Nunca olvidemos que, sin excepción,  merecemos ser tratadas como lo que somos: mujeres dignas, valerosas y dueñas de nosotras mismas. 
Nunca permitamos ser tratadas como un objeto de la propiedad de nadie. 

La violencia NO  es un problema de la mujer, sino de la sociedad en general.

((()))


FUENTES:



jueves, 4 de septiembre de 2014

¿Vives con un Pasivo-Agresivo y no lo sabes?: 13 signos para descubrirlo... y no dejes que te hunda



Si tu pareja tiene un comportamiento que hace que tú te sientas cada vez más hundida y crees que tus metas personales valen cada vez menos, puede que sea pasivo agresivo. 

Una persona pasiva agresiva puede llegar a arruinar la vida de los que están a su alrededor, ya que frustra los fines y las metas personales de todos los que le rodean. Todas las personas que se encuentran cerca de alguien que tenga este comportamiento están expuestas a sufrir las consecuencias, mucho más si se trata de su pareja o su familia más cercana. Detectar los comportamientos de este tipo es fundamental para poder tratar a las personas que sufren este trastorno y, por ende, conseguir la tranquilidad de su entorno.  Para ello, es necesario conocer los síntomas o las marcas más evidentes de este comportamiento e intentar atajarlo cuanto antes.  

Para empezar, hay que resaltar que ellos necesitan a alguien que pueda resistir sus expectativas y demandas. Un agresivo-pasivo suele ser atraídos por co-dependientes y personas con baja autoestima lo que les facilita poner excusas para otros malos comportamientos.


Si hace 15, 10 o hasta hace poco menos tiempo, digamos unos 5 años, alguien me hubiera dicho o insinuado que mi vida en pareja estaba rodeada de violencia, lo habría negado contundentemente….es más, me hubiera sentido ofendida por tal aseveración (sí, así de ciega estaba).

Posiblemente, algunas personas cercanas con algo de intuición pudieron haber percibido, en ciertos momentos o en determinadas circunstancias, que mi vida “perfecta” era solo una apariencia, una máscara para ocultar una triste realidad que poco a poco me consumía inconscientemente. Sin embargo, no puedo negar que la violencia que viví durante casi dos décadas, era “sutil” y confusa, pero con efectos verdaderamente devastadores, sobre todo a nivel de autoestima y emocionalmente. A pesar de que esa forma de vida me consumía irremediablemente, requerí de muchos años para poder percatarme de mi lamentable situación.

Mi verdugo nunca aplicó la fuerza física mientras estuvimos casados (aunque confieso que, curiosamente,  me atacó en un par de ocasiones -jalones y empujones- cuando ya estábamos separados,  y tuve la mala fortuna de topármelo en la calle). No obstante, durante todo el tiempo que duró mi “martirimonio” (sí, ahora sé que fue un martirio), él ejerció violencia de forma indiscriminada, aunque de forma sutil o “pasiva”, mediante manipulaciones, indiferencias o, simplemente, aplicando la letal ley del hielo. Muchas veces, de esas formas logró sobajarme, someterme y hasta hacerme sentir confundida y culpable de cosas que él mismo provocaba. 

Generalmente, quien convive con un sujeto agresivo-pasivo no se percata de la violencia en la que vive sometida y, quizás, pueda darse cuenta tal y como a mí me sucedió: 

Durante mucho tiempo sentí malestares emocionales,  como por ejemplo: miedo a algo o a todo, mucho sueño, fastidio, decepción, tristeza, culpa, soledad, incomprensión, falta de motivación y de interés por mí misma al grado que yo misma me anulaba de cualquier plan y accedía a todo lo que el verdugo dijera; mi opinión no importaba (mucho menos mis sueños o anhelos), y hasta para decidir sobre mis cosas más personales, debía preguntárselo a él para que él decidiera por mí… sí, me volví invisible porque yo misma lo permití, y esa insatisfacción no tardó en reflejarse en mi estado de salud y físicamente. 

Es cierto, tardé 20 años en saber lo que originaba mis malestares, pues en ese entonces nunca pude explicar a los médicos -ni a mi misma- la razón que los causaba, pues aparentemente mi vida era estable y perfecta. Contaba con un “respetable” marido que se mantenía a mi lado, literalmente, como un feroz vigilante. Siempre justifiqué su comportamiento “controlador” como la forma de demostrarme su preocupación hacia mi humilde e insignificante persona. Pensé que su forma indiferente de ser era la manera de demostrarme que me necesitaba…. Pero estaba equivocada, pues entendí que él es un sujeto absorbente, tóxico, agresivo, egoísta y manipulador pero, sobre todo, lleno de incertidumbre,  pues resguardaba celosamente sus emociones. Él no explota de ira, por lo cual no puede catalogarse abiertamente como un sujeto irascible, que sí lo es, pero ese es el peligro de personas como él que suelen esconder sus intenciones y emociones, pues  nunca sabe lo que tienen guardado ni lo que son capaces de hacer para desahogar su furia o sus traumas.


¿Cómo llegué a anularme? No lo sé, fue algo que sucedió poco a poco, a través de un proceso de desvalorización al que me sometí, primero, de forma inconsciente, y después, indolentemente, continué en él. 

Él solía decir: “Yo no necesito de nadie….yo puedo solo”. Y se refería a todo… entonces,  ¿por qué siempre “necesitó” que yo le resolviera los detalles más absurdos que él mismo podía (y debía) realizar? Daré algunos ejemplos, aunque antes quiero aclarar que no pretendo aburrir con mis experiencias, pero como muchas lectoras saben, siento la obligación moral de contar algunas, con el fin de visibilizar la gravedad de los tipos de violencia que se ejercen en una relación de pareja. Debo decir que en este post mencionaré algunas señales que padecí, pero muy pronto saldrá el libro INCAUTA, donde de forma detallada, completa y cronológica, se relata la historia de esta servidora, y donde también se incluyen guías e información adicional que puede ayudar a muchas otras mujeres para que se mantengan alertas.

Por ahora solo diré que el sujeto en cuestión, manipulaba al grado de hacerme sentir como SU perrito faldero; ciertamente, supo “entrenarme” aprovechando mi nula autoestima. Solo así pudo convertirme (sin necesidad de ejercer violencia verbal ni física) en la mujer sumisa y servil que fui a su lado. 

EJEMPLOS:
1) Siempre a su disposición. Un ejemplo: El verdugo en cuestión era un sujeto muy vanidoso (y la verdad, no sé por qué, ya que NO es un sujeto agraciado), y por tanto, no le gustaba usar anteojos (a pesar de ser un tipo con la enorme necesidad de usarlos, ya que padece de un alto grado de miopía y astigmatismo). Aún así, durante muchos años se rehusó a utilizar sus lentes, por lo que cada vez que salíamos, ya sea a comer , al cine o a donde fuera, esta servidora tenía que hacer el papel de "sus ojos" y, por ejemplo,  leerle el menú, los subtítulos de ciertas películas o cualquier otra cosa que a él se le ocurriera en el momento que fuera, delante de quien fuere….qué idiotez, pero ese hábito se volvió MI obligación y, por tanto, él no se responsabilizaba de sí mismo ni de sus carencias o limitaciones. 

2) Cabe aclarar que la ortografía del verdugo es pésima (y ni qué decir de su redacción y de su carente vocabulario), por lo que en muchas ocasiones, me llamaba desde la oficina para que yo redactara o corrigiera algún documento de su trabajo  que debía presentar a sus jefes. No importaba lo que yo hiciera o donde estuviera, e inmediato tenía que resolver ese asunto de su trabajo...¿no podía consultar un diccionario o aprender las reglas ortográficas básicas? No, yo debía estar siempre disponible para lo que se le ocurriera a él.

3) Y no crean que él pedía amablemente las cosas, siempre tuvo una forma altanera de exigir la atención que, según él, merecía por encima de todo lo demás….pero no exigía la atención gritando o insultando, al contrario, peligrosamente ejercía la manipulación más sutil para lograr sus objetivos: A través de chantajes, de miradas fulminantes, echando en cara ciertos “favores” que, según él, había realizado en algún momento; también amenazaba de forma muy encubierta, dejando entender lo que haría o dejaría de hacer si no se cumplía con lo que él quería; también hacía uso de los sarcasmos, las bromas y las palabras “cariñosas” (por ejemplo, a mí siempre me dijo “chaparrona”, debido a mi baja estatura, o bien, hacía alusión a mi falta de trasero en los momentos más inoportunos), entre otras cosas; también hacía comparaciones innecesarias, “sugería” que se realizaran -o no se realizaran- ciertas cosas, y sino….aplicaba la ley del hielo, o bien, muchas veces me echó en cara ciertas cosas sobre mi persona, de mi familia o de mis amigos…. Y todo esto, además de ejercer otras señales de violencia psicológica y económica.

Como vemos, convivir con una persona agresiva - pasiva, resultar sumamente desgastante y perturbador, además de que pueden generarse consecuencias muy dañinas para la parte receptora de dichos comportamientos.



Quitando la máscara
La gente que tiene un comportamiento pasivo-agresivo intenta irritar y enfurecer a los otros. Se los puede reconocer por su resistencia habitual y pasiva en el trabajo, el hogar y los encuentros sociales. 

¿Tu pareja, intencionadamente, toma años en vestirse para una fiesta de manera que llegan casi cuando está por terminar? ¿Te dice "sí", cuando sabes que eso significa un "no"? ¿Critica sin razón a otros de manera meliflua? ¿Notas que tu pareja se "olvida" de hacer algo deliberadamente o repetidamente se atrasa al trabajo? ¿Exagera siempre su mala suerte y se queja de que nadie le comprende? Si tu pareja demuestra ser ineficiente, pesimista, necia y sombría,  deberías escuchar con atención estas campanadas de advertencia.

Se cree que tal comportamiento muy posiblemente provenga de un sentimiento de rechazo y frustración durante la infancia. La ira y el estrés acumulados expresados de manera "pasiva", van creciendo y se convierten en un desorden de personalidad cuando llegan a ser adultos. En palabras sencillas, la agresividad pasiva es una forma de resistencia frente al comportamiento de la pareja, pero sin expresarlo directamente ni con claridad. Es por esta razón, que una persona que utiliza esta forma de comunicación recurre a métodos como ocultar sus verdaderas emociones de ira, tristeza o miedo, canalizando esa energía, y al mismo tiempo, hiriendo disimuladamente al otro. 

Todo este clima generado al interior de una relación, puede ser tanto o más destructiva que la agresividad “clásica”.

¿Tu pareja es pasivo-agresivo?
Hemos revelado que en este tipo de relaciones, los conflictos no se abordan de forma directa, sino que se utilizan otros recursos para comunicarse que, al no ser claros, profundizan una crisis de pareja.

Por una parte, parece ser que en una pareja donde se aprecia un comportamiento agresivo-pasivo se evitan las confrontaciones o discusiones, pero por otro lado, crece continuamente el resentimiento y el distanciamiento de una pareja. Las diferencias se enfrentan en un campo donde la ambigüedad y las dobles intenciones juegan un papel preponderante.

Cuando una relación de pareja vive esta situación es muy importante poner al descubierto este comportamiento. Si bien es cierto, una persona que usa la agresividad pasiva busca “castigar” al otro de forma implícita, es importante que el otro perciba con claridad cuando es manipulado o influido por estos mensajes indirectos.

¿Cómo reconocerlo?: Signos del comportamiento Pasivo - Agresivo
Los pasivos agresivos son muy difíciles de detectar, ya que, al contrario de personas con celos obsesivos por ejemplo, estos se muestran siempre muy tranquilos y rara vez se alteran, pero lo cierto es que pueden hacer mucho daño y amargar a la persona que comparte su vida con él, anulándola casi por completo. Aunque sus comentarios o acciones parecen inofensivos, la realidad demuestra que no es así: se dicen víctimas, pero dañan a quienes conviven con ellas.


Detrás de máscaras de una pretendida amabilidad, las personas con comportamiento pasivo-agresivo recurren a actitudes que denotan una lucha por el poder. Seguro que conoces más de una persona que tiene este comportamiento aunque no seas consciente de ello. Es mucho más común de lo que pensamos y sus consecuencias son más serias de lo que la mayoría de la gente cree. 

Para evitar que te pase esto a ti, aquí tienes algunos signos que te deben hacer estar alerta.

Antes de nada, hay que tener en cuenta que es muy probable que todas las personas que conoces, tú incluida, alguna vez en su vida hayan tenido una actitud muy similar a esta, pero hay personas en la que es su actitud habitual.

1. Son personas que se quejan todo el tiempo sobre lo mal que está o la mala suerte que tienen. Habitualmente la culpa de lo que les pasa la echan totalmente sobre los demás y una de sus personas más odiadas es su jefe o, en el caso de los estudiantes, su profesor, ya que los perciben siempre como personas injustas.

2. Una persona pasiva agresiva da la sensación hacia los demás de que todo le es indiferente y que nada le interesa. Se muestran también muy distraídos, indolentes y apáticos. Dizque no escuchan bien, evitan el contacto visual o físico o hacen que todo parezca una “casualidad”, son otras formas de presionar a la pareja.

3. En cuanto a sus actividades profesionales, generalmente pierden el tiempo en el trabajo y no lo realizan bien. Pero no solo eso, sino que además intentan obstaculizar el trabajo de los demás.

4. Al intentar hacerles entrar en razón o si les recriminas algo que hayan hecho, se enfadan profundamente y creen que estás siendo injusto, porque para ellos hacen las cosas mucho mejor que los demás.

5. Utilizan la “ley del hielo”, que consiste en usar el silencio como un arma de coerción. Es por medio del silencio incómodo que intenta desmoronar la posición de la pareja, quién probablemente no entienda exactamente lo que significa ese silencio, excepto, que le hace sentir mal

6. Tienen una actitud de no-cooperación. Por ejemplo, no atienden las tareas del hogar, las hacen descuidadamente o sencillamente se quejan por cualquier actividad, y así logran entorpecer la convivencia intencionalmente.

7. Demuestran enojo, pero al mismo tiempo lo disimulan:
“-¿Qué te ocurre?
-Nada
-¿Seguro?
-Si-”
Este tipo de diálogos, donde la tensión en el aire se puede cortar con un cuchillo son una muestra de que la ira es evidente, pero de todas formas se trata de disfrazar.

8. Tienen actitudes sarcásticas hacia la pareja.

9. Impuntualidad


10. Rechazo en la intimidad
11. Sabotaje
12. Rebeldía

13. Existen otras características, pero todas apuntan en mayor o menor medida a lo mismo, utilizar la culpa y la frustración como una forma de manipular al otro o para mostrar su enojo.

En ocasiones, estas actitudes de agresividad pasiva son intencionales y tienen un claro objetivo de lastimar. Pero otras veces, la persona  ni siquiera acepta que puede tener un problema, pero tiende a rodearse de amigos o parejas con baja autoestima o personalidad débil, ya que de esa manera se asegura de que soportarán todo cuanto les diga o haga.

¿Qué hacer?
Si no quieres sufrir las consecuencias de un pasivo agresivo, que se pueden llegar a parecer mucho a los malos tratos psicológicos, ponte en marcha y toma medidas si reconoces estos síntomas en tu pareja o en alguien que conozcas.

Una persona agresiva-pasiva no aborda directamente un problema, pero además, busca que no se reconozca implícitamente su ira. Cuando se pone en evidencia este comportamiento, casi siempre ocurre que automáticamente se desarma esa defensa y se abre un espacio para el verdadero diálogo, o al menos para pensar mejor en cómo se están comunicando. Cuando se hace ese reconocimiento se debe apuntar directamente al problema. Pero no desde el reproche, o la rabia. Se puede decir algo como “¿estás enojada por lo que dije hace un momento sobre….?” El exponer abiertamente la causa de un conflicto puede parecer algo sin importancia, pero cuando en una relación de pareja este comportamiento se ha convertido en algo recurrente, el resultado es significativo y despeja el camino a un cambio real.

Como ya has podido ver, la negación y la resistencia es una parte fundamental de esta dinámica. Si tu pareja presenta este comportamiento, probablemente te verás enfrentado a la negación total sobre las emociones que siente tu pareja. No tiene sentido rebatir esa negación. Simplemente observa ese comportamiento, y deja que tu pareja mantenga su posición. Bastará con decir “ok, pensé que estabas molesto por esa razón, lo siento”. A pesar de que por el momento has dado marcha atrás, al mismo tiempo estas dando espacio a tu pareja para que piense en lo que siente, y sobre todo, dejas establecido claramente que tú sabes que hay ira en tu pareja, a pesar de que intente ocultarla.



RECOMENDACIONES:


1. No cegarte ni negar lo que ocurre. Lo principal es que identifiques esa conducta como lo que es: agresividad, hostilidad, violencia. No le des la vuelta: lo que ves y sientes es lo que es, así que no disculpes pensando en que tiene otro tipo de problema. A partir de que nombres lo que es estarás dando el primer paso para resolver la situación.



2. Pon límites… y respétalos. Generalmente pensamos que en una situación de comportamiento pasivo-agresivo los límites son para el otro, pero eso es un error. Los límites se autoimponen y se cumplen como señal de respeto a uno mismo. Si tu pareja es terriblemente impuntual y te pierdes la mitad de la película cuando van al cine, debes decirle que para una ocasión futura ya no lo esperarás y entrarás sola. Si llega el día que eso ocurra, deberás cumplir lo que dijiste, porque de no hacerlo estarías fomentando la conducta que te disgusta. 



3. Sé específica y clara. Si estás confrontando a una persona pasiva agresiva no des rodeos. Di las cosas en concreto, clara, particularizando cómo te hace sentir cuando te ignora y se comporta como un chico de primaria aplicándote la ley del hielo.



4. Ten una comunicación asertiva. Esto implica trabajar en tu seguridad y autoconfianza. Propón soluciones y evita reaccionar ante lo que te disgusta. Eso te lleva a reconocerte y saber lo que te molesta, pero también a reconocer los sentimientos del otro; el saber por qué actúa como lo hace.


5. Deja de sentirte culpable. 
No puedes cargar de ninguna manera con la culpa si tu pareja exhibe un comportamiento pasivo-agresivo. Al contrario, debes enfocarte en estrategias que logren que se dé cuenta de ello y busque ayuda profesional.

6. ¡No te conviertas en su tapete!
Subordinarse tímidamente a su dominio y a sus insultos solo reforzará su comportamiento. Rechaza el trato agresivo que te da. Confronta a tu pareja y demanda una disculpa. Di lo que piensas y sientes, y déjale saber cuánto te hiere con su actitud. De otro modo, mejor aléjate.

7. No lo justifiques 
No lo justifiques ni trates de excusarlo frente a los demás por su mal comportamiento. Las personas pasivas-agresivas disfrutan de la autocompasión. Si niega el problema, hazle ver su deshonestidad y sus inconsistencias. Intenta que se dé cuenta de que si valora su relación, deberá aceptar que hay problemas. Solo entonces podrás ayudarle a manejar el tema.

8. Busca ayuda profesional
Busca un consejero si en primera instancia deseas intentar salvar la relación, de otra forma, no te estorbará tomar terapia que te ayude a ti a salir de la dependencia de un sujeto pasivo agresivo y, además, para fortalecer tu autoestima y desarrollar habilidades de comunicación efectiva para futuras relaciones. 

MUJER:



El comportamiento pasivo-agresivo causa mucho daño y, aunque bajo determinadas circunstancias todos podemos incurrir en una conducta pasiva-agresiva, lo importante es que no se convierta en algo recurrente ni en un comportamiento que llegó para quedarse en tu vida ni en tu relación.

No hay razón para aceptar sumisamente un trato tan absurdo,  pues eso no trae nada bueno a la relación y, mucho menos, a quien recibe las agresiones pasivas.

Si este tipo de comportamiento afecta tu relación y tu estado emocional y físico, lo ideal es pedir ayuda profesional, pero nunca toleres malos tratos ni justifiques a quien agrede, no eres la "salvadora" de nadie, solo de tí misma, así que si no eres feliz, mejor aléjate y nunca olvides lo valiosa que eres.


FUENTES:
http://www.revistafamilia.com.ec/articulos-ellos-y-ellas/1908-ino-te-conviertas-en-alfombra-
http://www.telemundo51.com/entretenimiento/mujer/Como-lidiar-con-personas-pasivo-agresivas-violencia-autoestima-265950311.html


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