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viernes, 27 de enero de 2017

Machismo disfrazado de igualdad: 11 TRAMPAS DEL POSMACHISMO





¿Alguna vez has escuchado o leído algo como: por qué no se habla también de la violencia contra los hombres? ó ¿Por qué hacer leyes específicas para las mujeres, si la violencia es violencia y eso es lo importante? ¿Por qué las “feminazis” insisten en hacernos creer que la vida de un hombre vale menos que la vida de una mujer? ¿Por qué hay movimientos como #Niunamenos? ¿Por qué no tratamos a la violencia de la misma forma tanto en hombres como en mujeres? 


Aparentemente todo lo anterior puede parecer correcto y hasta “justo”, pero en el fondo es un discurso manipulador de muchos hombres inconscientes, y que generan empatía, incluso, en muchas mujeres.

¿Será verdad que las mujeres nos hemos convertido en “atacantes” de los pobres varones estigmatizados? 


¿En verdad la lucha de las mujeres por la igualdad, discrima a los hombres? 


¿Somos privilegiadas por exigir leyes y mecanismos que nos protejan en la calle, en los trabajos y hasta en nuestros propios hogares? 


¿Estamos locas por sentir miedo a cualquier hora del dia sin importar el lugar en el que nos encontremos? 


¿Exageramos cuando algunos sujetos se sienten con el derecho de acosarnos, atosigarnos y ofendernos a través de eso que llaman “piropos”? 


¿En verdad los hombres, por el solo hecho de serlo, también padecen las mismas situaciones abusivas y violentas que nosotras las mujeres? 


¿Acaso sus derechos se vulneran de las mismas formas y con la misma frecuencia que los derechos de las mujeres?


Estas y otras preguntas deben ser respondidas con honestidad y objetividad para comprender la verdadera situación que las mujeres, tanto en este país como en cualquier otro, padecemos. Veamos…


Según un informe del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), la violencia contra las mujeres y las niñas es la forma más extendida y común de violación de los derechos humanos en el mundo. Ésta puede darse en cualquier ámbito, la escuela, el hogar, el lugar de trabajo... y afecta a mujeres de toda condición social y también, de toda nacionalidad.


La violencia que se ejerce contra las mujeres es la principal causa de muerte o minusvalía entre las mujeres de 16 a 44 años, según el Banco Mundial, que en un informe de evaluación de riesgos concluyó que las violaciones y la violencia doméstica son, en ese segmento de edad, mucho más peligrosos para las mujeres que el cáncer, los accidentes de tráfico, la guerra o la malaria.


En México, entre 2013 y 2015, 6 mil 488 mujeres fueron asesinadas, según datos desprendidos de las estadísticas del Inegi. Lo que supone un 46 por ciento más que en el periodo entre 2007 y 2009.


El Estado de México registró mil 45 homicidios de mujeres en los últimos tres años. Le siguen Guerrero (512), Chihuahua (445), la Ciudad de México (402), Jalisco (335) y Oaxaca (291), en el mismo periodo. Otras entidades que de 2013 a 2015 registraron un elevado número de esos crímenes, por encima de 200, son: Tamaulipas, Puebla, Veracruz, Nuevo León, Michoacán, Guanajuato, Baja California y Coahuila.


¿No resulta grave darnos cuenta que la mitad de la humanidad resiente la desigualdad ancestral que cada día se agudiza y extiende a través de la violencia? 


El tema de la violencia contra las mujeres No debe ser tratado como un asunto de moda, como una estadística más ni como una noticia “pasajera”. La violencia contra las mujeres en cualquier ámbito es debería ser un tema relevante de prevención, de atención, de justicia, de construcción de nuevas ideas, espacios y enseñanzas, así como una responsabilidad para la creación y fortalecimiento de leyes, mecanismos y herramientas que nos dirijan hacia un camino de igualdad, respeto, no discriminación y, sobre todo, de paz. 


Sabemos que el hogar y la familia son el núcleo de la sociedad, pues es ahí donde aprendemos de costumbres, de valores y de roles, los cuales, desempeñaremos en el futuro. Hombres y mujeres estamos involucrados en el desarrollo de la sociedad: padres, hermanXs, abuelXs, maestrXs, gobernantes, amigXs, vecinXs, y todas las personas que habitamos este planeta, sea cual sea el rol que desempeñemos. Si en el hogar se vive un ambiente agresivo, violento o se educa a los hijos basándose en la desigualdad, el machismo y la ausencia del respeto hacia los demás, aprenderán a crear, generar y vivir en entornos similares. 


Recordemos que la violencia no solo implica golpes, sino insultos, indiferencia, abandono, irresponsabilidad, burlas y comportamientos donde la dignidad y la autoestima no son valorados. Y una vez que la violencia (con golpes o sin ellos) se instala, siempre se intensificará en frecuencia y en brutalidad. Casi siempre, empieza con el control y las limitaciones (salir con los amigos, forma de vestir, etc), continúa con las amenazas y termina con la violencia sexual y la física. Llegados a este punto, el problema se vuelve aún mayor por lo complicado que resulta escapar de esta repetición de insultos y agresiones. Y más cuando las mujeres llevan interiormente asimilado lo que se conoce como la ley del dominio –«desde pequeñas tenemos arraigado el sentimiento de culpa»– y la ley del agrado –«hay que agradar por encima de todo, ser servicial, educada y dulce»


Una comunicación agresiva de la pareja, conlleva señales sutiles que suelen darse desde la primera etapa de la relación y que, poco a poco, van incrementándose hasta llegar a la violencia física. Dichas señales son los perfectos indicadores de cómo puede desarrollarse en una violencia futura, a veces disimulada y mezclada con señales de cariño, afecto, amor. Esto confunde a la víctima normalizan esta agresividad.


De esta forma, cuando un hombre mata a una mujer de un disparo, clavándole un puñal, asfixiándola o de cualquier otra forma cobarde y cruel, antes fue humillada, violada y torturada… sí, la violencia contra las mujeres tiene muchas caras y fases y cada una de ella tiene la intención de someterla, anularla, discriminarla o matarla.


Y a pesar de todo lo anterior, aún hay gente que minimiza, invisibiliza, critica o simplemente se rehúsa a entender la importancia de crear consciencia sobre la grave problemática que representa la violencia en contra de las mujeres. 


POSMACHISMO O NEOMACHISMO:


El médico forense español Miguel Lorente, ex delegado del gobierno de España para la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad, es conocido internacionalmente por denunciar el posmachismo o neomachismo, corriente que, en pos de una supuesta paridad entre hombres y mujeres, descalifica las iniciativas que buscan favorecerlas a ellas. 


Los posmachistas alegan que no tiene nada en contra de la mujer, que solo quieren lo mejor para todos, hombres y mujeres, pero de este modo hacen una crítica a las medidas que buscan poner a la mujer en una posición más igualitaria. 


Obviamente nadie, en sus cabales, quiere que ninguna persona sufra a manos de otra, sin importar a qué género, raza u orientación sexual pertenecen. Pero como cada asunto requiere ser comprendido y abordado en sí mismo, y como los seres humanos somos limitados y no podemos encargarnos de todos, enfocamos nuestras energías en aquellos que se relacionan más íntimamente con nuestras vidas. Por eso, cada día más mujeres nos manifestamos contra la violencia machista: no porque no importen las otras formas de violencia, sino porque es urgente que enfrentemos este problema, que luchemos por nuestros derechos y aspiremos a una mejor y digna calidad de vida. 


Así, el principal objetivo del posmachista es confundir, crear la sensación de que las críticas de las mujeres son una exageración. La falacia -es decir, la argumentación que carece de lógica- es según Lorente su estrategia más utilizada. Un ejemplo es cómo cuestionan las demandas por violencia de género.


Otro camino muy utilizado es la descalificación del feminismo: lo hacen parecer como un movimiento en contra de los hombres y no a favor de la igualdad entre ambos sexos, lo que aprovechan para posicionarse como una opción conciliadora. Para esto, relacionan las demandas femeninas con palabras que pueden tener una carga negativa, como "ideología" o incluso "adoctrinamiento".


El posmachista alega que los hombres también sufren de violencia. Y es cierto, dice Lorente, pero no de género: según sus estadísticas, el 95 por ciento de los hombres son asesinados por otros hombres.


Una vez instalada la duda sobre la justificación de la queja femenina, la gente tiende a tomar distancia de esta discusión, y esa distancia se traduce en una pasividad que frena el cambio. El posmachismo, precisa Lorente, no propone un punto de consenso entre feminismo y machismo; solo le interesa que las condiciones se mantengan favorables para los hombres. Por eso es una forma de machismo encubierta.


Si uno analiza la evolución del machismo en la historia, veremos que lo único que ha hecho es cambiar para seguir igual. Ha tenido cambios adaptativos, nunca transformadores.


Según Lorente, la gran trampa del posmachismo es que las mujeres necesitan políticas a su favor, para estar en igualdad de condiciones con los hombres. Sin corregir la desigualdad, opina, las medidas orientadas a ayudar "a todos" terminan siendo beneficiosas solo para los que ya son favorecidos. "Si las acciones se dirigen por igual a quien ocupa una posición aventajada y a quien está en un lugar inferior, al final avanzarán las dos partes, pero manteniendo la desigualdad entre ellas"


Por eso, decir "yo estoy en contra de toda la violencia" o "los hombres también son violentados", aparte de que se repite un cliché obvio e inútil, se contribuye a invisibilizar un problema, una forma específica de injusticia, haciéndola pasar por parte indistinguible de una masa homogénea llamada "toda la violencia" (sobre la que de todos modos no haces nada). Te cierras, e incitas a otros a hacerlo, en vez de intentar comprender las características particulares de estas formas de injusticia y asumir tu parte de lo que puedes hacer para combatirlas. Finalmente, estás ayudando a quienes pretenden deslegitimar una lucha necesaria y acallar las voces "incómodas" de quienes la encabezan.


En resumen, el posmachismo o neomachismo, es una reacción patriarcal a los avances en derechos de las mujeres conquistados en los últimos años. 


¡Abre bien los oídos!


Éstas son 11 de sus posturas (es decir, las trampas que suelen alegar para perpetuar su posición dominante):



1. Ni machismo ni feminismo…  o lo que es lo mismo: “La igualdad debe ser para ambos sexos”. 

Los posmachistas, organizados sobre todo en las redes sociales, suelen usar el concepto “feminismo” como antónimo de “machismo”. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua dice que mientras el machismo es "la actitud de prepotencia de los varones sobre las mujeres", el feminismo es "un movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres". El movimiento feminista, por lo tanto, no es un movimiento “anti-hombres”, como piensan algunos. Ni tampoco es “lo mismo que el machismo pero al revés”, como dicen otros.

2. Leyes iguales… o bien: “Los hombres también deberían tener una ley que los proteja” 

El neomachismo “reivindica” la igualdad, pero lo hace como si ahora no hubiera desigualdad y como si nunca la hubiera habido. Suelen alegar que se adopten las mismas medidas para mujeres y para hombres, como si estuvieran en la misma posición. Si se actuara de la misma manera sobre quien se encuentra en diferente posición, la desigualdad se mantiene porque ambas partes avanzan con la misma intensidad, es decir, la supremacía de unos y la inferioridad de otras.

3. No hay violencia de género 

El posmachismo minimiza y justifica la violencia específica de los hombres contra las mujeres. Su tesis es que la violencia machista (o de género) no existe, sino que la violencia es neutra. Justifican que cuando un hombre asesina a su pareja o ex pareja se debe a circunstancias personales. Por ejemplo: “si el hombre es un anciano dicen que enloqueció; si es joven, que fue por celos; y si se trata de un hombre adulto comentan que fue porque había bebido. Cualquier excusa vale si pasamos por alto que vivimos en un sistema patriarcal que hace que este tipo de agresiones se normalicen y se invisibilicen. Los neomachistas desvían la atención y reducen el problema a casos aislados. 

4. Los hombres también son víctimas 

Como si de una guerra se tratara, los posmachistas nunca pierden la oportunidad de recordar que también hay muchos hombres maltratados por sus parejas. Tachan de desigual cualquier política pública de apoyo a las mujeres (ayudas legales, psicológicas, de empoderamiento o acciones contra la violencia que padecen) y acto seguido se preguntan ¿y qué hay de los hombres? 

5. Las denuncias falsas 

Uno de los argumentos estrella del neomachismo es que la mayoría de denuncias por violencia contra las mujeres son falsas, exageradas o impulsadas por celos o para conseguir una ganancia. En México, un gran porcentaje de mujeres violentadas prefiere no denunciar, debido al poco amparo judicial que se les da, así como a la revictimización que se hace de ellas. 

6. El Síndrome de Alienación Parental (SAP) 

No tiene consenso científico y no ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero los posmachistas siguen dando publicidad al llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP), eso es, la supuesta manipulación que las madres ejercen en los hijos para enfrentarlos al padre durante un proceso de separación o divorcio. Esta falsa patología de las mujeres, iniciada por el psiquiatra Richard Gardner en 1985, es la herramienta que utilizan algunos hombres para conseguir un cambio de custodia. Un auténtico peligro cuando se da en casos de violencia dentro de la familia, en los que los hijos pueden acabar viviendo con el agresor. Lo que hace el SAP es evitar que se investiguen cuáles pueden ser las verdaderas razones para que los hijos e hijas muestren un rechazo al padre.

7. No son feministas, son feminazis 

Los neomachistas ya no hablan de mujeres feministas, sino de mujeres feminazis. Un intento más de criminalizar y desprestigiar la lucha por la igualdad. Término ideado por Rush Limbaugh, un comunicador de extrema derecha de Estados Unidos que hizo popular el término en la década de los 90. La palabrita, por supuesto, no aparece en la RAE. El patriarcado, que sigue causando muertes, ha logrado acuñar y popularizar un término que relaciona el nazismo con el feminismo, un movimiento humanista, pacifista y que no puede estar más alejado de la muerte.

8. Son las mujeres las que tienen que luchar 

Son ellas las que están en peligro, así que son ellas las que tienen que ir con cuidado. Los posmachistas piensan que los hombres no tienen la culpa de nada y, por tanto, asumen como normal que las mujeres caminen con miedo por la noche. Lo peligroso es que las autoridades (y muchos sectores de la sociedad) lo perciban del mismo modo y solo dan consejos a las mujeres que van solas por la calle en vez de decir a los hombres que respeten a las mujeres. No se puede imputar la responsabilidad sobre la víctima, al contrario, hay que perseguir a los agresores. Deben crearse campañas contra la violencia hacia las mujeres donde el mensaje de atención sea dirigido a los hombres agresores. 

9. Mujeres prototipo 

Cada hombre es un mundo, pero todas las mujeres son iguales: cariñosas, un poco histéricas, volubles, generosas, con grandes dotes para el cuidado y la crianza... Los posmachistas convierten a todas las mujeres en un prototipo de lo que ellos esperan que sean. Piensan que hombres y mujeres tienen un papel asignado en la sociedad pero ese rol, en su esquema mental, está jerarquizado, es desigual, ellos están por encima. 

10. Cosificación de las mujeres 

La moda, la televisión, el cine, la fotografía, la publicidad... Casi todas las representaciones visuales de niñas, adolescentes y mujeres adultas pretenden seducir, es decir, tienen un importante componente sexual. El machismo convierte a las mujeres en un objeto del deseo ajeno y eso influye muy negativamente en la construcción de la identidad femenina. 

11. Mujeres-escudo 


Cuando los neomachistas esgrimen sus argumentos sobre la inexistencia de la violencia de género, sobre las denuncias falsas o sobre los hombres maltratados por sus parejas y ex parejas suelen dejar claro que no sólo ellos piensan así. Aseguran que también comparten este discurso mujeres como sus madres o sus hermanas, etc. De ese modo, demuestran que su discurso no es únicamente masculino. Y, lamentablemente, muchas veces, suelen convencerlas de sus discursos “igualitarios”. De esta forma, el machismo y la desigualdad perduran.



Como vemos, el posmachismo es una de las últimas trampas que la cultura patriarcal ha puesto en práctica. Es un machismo burdamente disfrazado de una pseudo igualdad donde ellos, los hombres inconscientes, quieren seguir gobernando. 




Para los posmachistas todo lo que sea corregir la desigualdad, que lógicamente se dirige a atender a las mujeres que sufren sus consecuencias, es presentado como un ejemplo manifiesto de desigualdad por no contemplar dentro de esas medidas a los hombres. Incluso llegan a presentarlas como un ataque contra ellos, puesto que muchas de estas iniciativas buscan modificar privilegios que la cultura les ha concedido, es decir, los privilegios que los hombres se han dado a sí mismos.




MUJERES Y HOMBRES:

Una de las más frecuentas y silenciosas formas de violación de los derechos humanos es la violencia contra las mujeres, según señala el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Cabe resaltar que  la violencia de género es una consecuencia de la desigualdad que vivimos en todos los rincones del planeta, por lo que es un grave problema universal, que debe atenderse, prevenirse y eliminarse.  

En efecto, alcanzar la igualdad de sexos aún está lejos, pero 
el camino se hace al andar, entre todas y todos.


((()))


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